Contra Bush
La responsable de esa situación de temor e incertidumbre es la primera potencia económica y militar del mundo, que persiste en su contumaz aventura de ocupación y saqueo de Irak, contra la opinión de la gran mayoría de la opinión pública internacional.
En «Contra Bush», el escritor mexicano Carlos Fuentes construye un elocuente alegato antibelicista, analizando también otras causas emergentes y coadyuvantes al crecimiento del odio.
En el prólogo de este agudo ensayo integrado por numerosos trabajos publicados durante los últimos cinco años, el emblemático escritor mexicano reflexiona sobre el origen de la violencia y las tensiones internacionales contemporáneas, la violación de las convenciones y la rupturas de los consensos multilaterales.
El autor apunta agudas críticas a la flagrante violación de la legalidad perpetrada por el imperialismo unipolar, el uso de la fuerza al margen de los organismos internacionales y la prepotencia como rediviva herramienta de dominación planetaria.
Sin embargo, el escritor no observa estos eventos como fenómenos aislados sino como parte de un contexto bastante más amplio y complejo, que refiere a la instalación de un nuevo orden mundial nacido de la descongelación de la Guerra Fría y otros males emergentes.
Entre ellos, menciona naturalmente – el fraccionamiento geográfico y cultural derivado de las políticas de realineamiento, los nuevos bloques mundiales y los cada vez más injustos mecanismos de intercambio entre las potencias económicas y los países emergentes.
Fuentes considera que la violencia tiene un origen económico pero no soslaya naturalmente sus devastadoras consecuencias sociales, como el hambre, la miseria y la marginación imperante en las naciones subdesarrolladas.
Obviamente, a consecuencia de esos males, los derechos de millones de habitantes del mundo que suman más de un tercio del total, están seriamente condicionados. Entre ello cabe destacar, por ejemplo, el habitualmente limitado acceso al trabajo, la vivienda, la educación y la salud, todos incluidos en las leyes y constituciones de países que se autodenominan como democracias.
Otro detalle no menor que ocupa parte de los trabajos incluidos en este libro refiere naturalmente a la exhumación de los fundamentalismos religiosos tanto en Oriente como en Occidente- que se han transformando, sin dudas, en el sustento de muchas de las situaciones de violencia de proyección regional o global que padecemos contemporáneamente.
En el primer capítulo de este libro, intitulado sugestivamente «Política con P de petróleo», el crítico ensayista construye un retrato del vicepresidente norteamericano Richard Cheney mano derecha del George W. Bush un despiadado neoconservador que, en lo doméstico, votó fuertes recortes a los programas sociales y, en lo externo, se negó a sancionar al régimen segregacionista de Sudáfrica y apoyó la genocida ofensiva militar denominada «Tormenta del desierto».
Sin embargo, pese a esos desaguisados, siempre cuidó los equilibrios con los grandes productores de petróleo de Medio Oriente, para preservar sus espurios intereses con esa industria.
En otra nota de análisis publicada el 6 de noviembre de 2000, Carlos Fuentes se refiere concretamente a las paradojas de la política norteamericana, previas a las controvertidas elecciones que permitieron el acceso de Bush a la Casa Blanca. Analiza, en ese contexto, los éxitos de Bill Clinton, la chatura del aspirante demócrata Alta Gore y el conservadurismo norteamericano, que instaló en la presidencia a un personaje de escasa estatura política e intelectual.
«La gran enchilada» (una expresión bien mexicana) es una visión terriblemente crítica del proceso electoral en el estado de Florida y las posteriores pulseadas legales, que, hace cuatro años, le permitieron al actual mandatario norteamericano transformarse en el hombre más poderoso del planeta.
Carlos Fuentes exhibe toda su fina percepción y despiadado sentido crítico para explorar los entretelones del proceso de ascenso de la nueva clase conservadora al poder en los Estados Unidos, describiendo inteligentemente los movimientos de ajedrez de poder que permitieron situar a las piezas clave del fundamentalismo norteamericano en el nuevo tablero político.
El 9 de febrero de 2001, Fuentes alertaba acerca del nombramiento de John Ashcroft figura referente del entorno de Bush – como procurador de justicia, un personaje reconocidamente racista, enemigo de la diversidad sexual, del aborto y partidario de recortar los derechos de las minorías.
El 18 de abril de ese mismo año, el ensayista mexicano elevó los decibeles de su discurso contra el inquilino de la Casa Blanca, al asegurar que se trata del «peor presidente» de la historia de su país, calificándolo, además, como «el más tonto y el más perverso».
Apenas 9 días después de los sangrientos atentados contra las Torres Gemelas, el autor reflexiona ácidamente sobre todas las connotaciones que rodearon a la masacre.
Sin minimizar sus críticas a los autores de la hecatombe, Fuentes analiza el creciente sentimiento de hostilidad internacional existente hacia los Estados Unidos, el orden mundial injusto liderado por la primera potencia económica y militar y la pobreza de más de un tercio de la población del planeta.
En tal sentido, cita fragmentos de opiniones de otros especialistas en política internacional, que coinciden en la necesidad de replantear los equilibrios de poder y las pautas de la unipolaridad.
Sin abandonar su sesgo siempre crítico, el 9 de noviembre de 2001 el autor se explayó en torno a la represalia militar contra Afganistán, presunto centro de operaciones de la organización terrorista que habría perpetrado el trágico ataque al corazón financiero del imperio.
Bush está en tela de juicio por su tardía reactivación de la doctrina de la Guerra Fría contra un enemigo sin ubicación geográfica ni rostro, pero también contra su ruptura de consensos internacionales fundamentales, como el sabotaje al Protocolo de Kyoto contra el calentamiento global, con todas las graves consecuencias ambientales que de ello se deriva.
En otros sucesivos trabajos contenidos en este libro, el hombre fuerte de los Estados Unidos es severamente cuestionado por los recortes a la libertad de presa y expresión aplicados en el ámbito doméstico luego de los atentados, la inestabilización de la democracia y la exacerbación de los ánimos en países musulmanes, en el marco de su cruzada contra el denominado «Eje del mal».
El 2 de diciembre de 2001, Carlos Fuentes abandona momentáneamente el estado de guerra planetario, para lanzar una minuciosa pero desencantada mirada a nuestra América latina, observando in situ en Buenos Aires, los devastadores efectos del cataclismo financiero, la violencia fratricida en Colombia y la parodia de algunas democracias amenazadas por los flagelos de la injusticia social.
En una reflexión de sesgo orwelliano, el escritor mexicano observa el paquete de medidas represivas y restrictivas que violan las libertades civiles en los Estados Unidos. Bajo el pretexto de preservar la seguridad y la democracia, se violaban los derechos de los propios ciudadanos norteamericanos y ni que hablar de los inmigrantes.
El 2 de enero de 2002, en las primeras horas del nuevo año, Carlos Fuentes advertía los peligros que se cernían sobre la población mundial, convocando a analizar a la globalización desde una perspectiva más humana y al terrorismo desde otras facetas, desestimando la visión miope y maniquea del imperialismo.
También critica la manipulación diplomática y militar que practica la potencia en Medio Oriente, recordando las viejas ali
anzas con Saddam Husseim y Osama Bin Laden, socios estratégicos y hoy devenidos en acérrimos enemigos.
En ese contexto, Carlos Fuentes reexamina el concepto del terrorismo desformado que suelen proclaman los voceros del poder, que sólo es aplicable a quienes representan riesgos a los intereses norteamericanos y no a los aliados que violan consuetudinariamente los derechos humanos.
Carlos Fuentes imprime a su obra una fuerte dosis de compromiso ético, para analizar muchos de los acontecimientos cruciales de los últimos cinco años. Exhibiendo su reconocida agudeza, el autor mexicano construye un ensayo político sobre el presente y quizás sobre el futuro inmediato de la humanidad, partiendo de la tesis que es indispensable restaurar el diálogo y el pleno ejercicio del derecho internacional, como condición sine qua a non para alcanzar la paz.
(Editorial Aguilar)
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