Delivery
Era mandadero, toda la vida se llamó mandadero, lo juro. Y ahora de repente se nos graba con fuego la palabreja «delivery» y mandadero no existe más. En fin. Y se han poblado las calles con estos jóvenes motorizados. Y, por lo que veo, deben aprobar un examen para poder ser deliveris. Un examen muy peculiar además, en donde deben andar por calles a contramano, a toda velocidad, en motos sin luces, esquivando autos y transeúntes, sin respetar esquinas o preferencias, me recuerda el lema de la flota de guerra romana: «La vida no importa, lo importante es la pizza».
Y a juzgar por el comportamiento que ostentan por las calles debe aprobar el examen el que más faltas de tránsito comete, incluso llegué a pensar que deben romper las luces de sus motos a propósito para darle un poco más de saber a sus viajes desenfrenados por la ciudad. Que el ser delivery es una fuente de trabajo eso es seguro y que es una de las maneras más estúpidas de matarse en algún accidente provocado por ellos mismos, eso también es seguro.
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