Un xilografista de nivel excepcional
Suárez había nacido en 1929 y comenzó a pintar entre los años 1947 y 1948. En 1952 interrumpió esa actividad para dedicarse de lleno a la poesía. Retomó la actividad plástica dos años más tarde en el Club de Grabado de Montevideo, especializándose en xilografía, dejando una obra numerosa y de excepcional nivel, por la cual recibió una importante distinción en la Cuarta Bienal del Grabado realizada en 1974 en Tokio. Influido por el pop art realizó numerosas obras con objetos de la vida cotidiana, uno de cuyos trabajos se exhibe en permanencia en el Museo Nacional de Artes Visuales (del Parque Rodó). Su última exposición fue en la Galería Puerta de San Juan, hace dos meses.
En su obra recurrió una y otra vez a los mismos temas: mujeres, paraguas, pájaros, ojos enormes, estático y extático, alrededor de los cuales, ordenó una composición planista sintética, de serena energía, en una propuesta reflexivas sobre su propia iconografía, mezclando el formalismo del art déco, el purismo, el maquinismo y las cajas de fósforos Victoria.
Un referente del imaginario colectivo recorre su obra que el receptor puede decodificar con inmediatez. *
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