LA COLUMNA DEL PEREJIL

Salas de espera

Este año gasté unas 300 horas de mi existencia a la grata tarea de estar sentado en salas de espera. Me quedó el culo chato pero estoy enchido de gozo, satisfecho por haber cumplido plenamente mi misión que fue la de pasarme sentado todas esas horas por una oportunidad para dar un paso adelante en mis metas. Mi actuación al frente de esa actividad, o inactividad si se me ve de afuera, fue un completo éxito. Modestamente me siento un veterano en estas lides de pasarse horas sentado en las salas de espera y ahora sé todos los pequeños trucos para estar más confortable en esos lugares. Calculo de dónde viene el sol por las ventanas y me siento en lugares sombreados, lejos de ceniceros y cerca de las telefonistas para sacarle a la chica conversación y datos útiles. Conozco, con solo verlos, los asientos más mullidos y hasta tengo la precaución de llevar mis propias revistas para hacer más entretenida mi espera. Solo espero que el año que se presenta sigan contando las salas de espera con mi presencia y que alguna vez los desgraciados a los que voy a ver no estén en una reunión. *

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