
Reinaron asà en la categorÃa de largometrajes de ficción, una de las más codiciadas. Este es el tercer lauro que acumula, tras su triunfo en la reciente muestra-certamen de Huelva, España, precedida por el galardón recibido en mayo último en Cannes, en la sección “Una cierta mirada”, que premia los trabajos más innovadores u originales. Rebella y Stoll partieron de una anécdota imaginada por ellos para una trama enhebrada, según dijeron, por una idea sencilla: dos hermanos judÃos y una mujer, tres personajes cuyos lazos están basados en pequeñas mentiras, en lo que no se dicen, en lo que esconden. Uno de ellos (Jacobo) es un perdedor atrapado en la propia mediocridad de su vida y el otro (Herman) un próspero negociante asentado en Rio de Janeiro, ambos judÃos y reunidos por una ceremonia usual en esa etnia: poner la lápida a la tumba de la madre. Jacobo es propietario de una fábrica de medias asentada en Montevideo, sin otras ambiciones que la de un mediano pasar y la rutina de todos los dÃas. Un hombre de 60 años parco, solitario. Amante de los convencionalismos, quiere recibir a su hermano con la apariencia de una familia estable y le pide a su empleada de confianza, Marta, que se mude a su apartamento y finja ser esposa suya mientras Herman permanezca en Uruguay. Es una pelÃcula melancólica, minimalista, si se quiere, trabajada con grandes planos fijos y un cuidado extremo en las texturas y tonalidadas. Una historia con todos los requerimientos que exigen las pelÃculas construidas de una forma clásica. Protagonizada por Andrés Pazos, Mirella Pascual y Jorge Boloni, los realizadores sacan el máximo partido de los silencios, las frases entrecortadas, las respuestas con monosÃlabos. Puede afirmarse que la soledad es el cuarto personaje de este filme amargo en que el humor despunta más bien como un alfilerazo leve en una atmósfera opaca, cargante, casi sombrÃa. A Rebella y Stoll les interesaba explorar las rutinas, las frases hechas en que se mueven Marta y Jacobo, en quienes se trasuntan esa grisura y esas atmósferas de vacuidad, de rutina, tan bien expresada por Mario Benedetti en sus “Montevideanos”. Más allá de sus méritos artÃsticos, el logro mayor de ambos es haber materializado un largometraje de esa categorÃa -sólo le sobra algo de metraje- en un paÃs de cinematografÃa incipiente. Muchos crÃticos le atribuyen un linaje similar al del humor sombrÃo, con tintes de absurdo, del finlandés Aki Kaurismaki. Ellos no niegan su filiación a Kaurismaki y a Jarmusch, pero tampoco a Hitchcock, a Truffaut, a Scorsese, a Billy Wilder.
Tras darse a conocer el veredicto de un jurado hermético hasta el último instante, Whisky, de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, acaparó el primer Coral en largometrajes de ficción, mientras que el segundo lugar fue para Machuca, de Andrés Wood, y el tercero para La niña santa, de Lucrecia Martel, según muchos una reiteración de algunos elementos de La ciénaga. Martel se alzó también con el lauro a la mejor dirección, un galardón que consigue por segunda ocasión en La Habana. El anterior fue en 2001 con La niña santa. El Premio Especial del jurado fue para la venezolana para Punto y raya, también distinguida con el de mejor actor para Roque Valero. El de mejor actriz, lo mereció, sin discusión, esa leyenda viva que es la argentina Susú Pecoraro.
A continuación, la lista Ãntegra de los Corales del festival de La Habana: Ficción: Primer Premio Coral: Whisky de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll (Uruguay). Premio Especial del Jurado: Punto y raya, de Elia Schneider (Venezuela). Segundo Premio Coral: Machuca, de Andrés Wood (Chile) Tercer Premio Coral: La niña santa, de Lucrecia Martel (Argentina) Mejor dirección: Lucrecia Martel, por La niña santa (Argentina) Mejor actriz: Susú Pecorero, por Roma (Argentina) Mejor actor: Roque Valero, por Punto y raya (Venezuela) Mejor ópera prima: Romeo Zulú, de Enrique Piñeyro (Argentina) Premio Especial del jurado: DÃas de Santiago, de Josué Méndez (Perú) Mejor guión: Adolfo AristaraÃn, Mario Camus y Kathy Saavedra por Roma (Argentina). Mejor fotografÃa: Miguel Joan LittÃn, por Machuca (Chile) Mejor montaje: Mair Tabares, por Casi dos hermanos (Brasil) Mejor dirección de arte: Mercedes AlfonsÃn, por Luna de Avellaneda (Argentina). Mejor música: Naná Vasconcelos, por Casi dos hermanos (Brasil). Mejor banda sonora: Abbate DÃaz, por Luna de Avellaneda (Argentina). Mejor cortometraje de ficción: El otro sueño americano, de Enrique Arroyo (México). Mención especial: UtopÃa de Arturo Infante (Cuba). Mejor guión inédito: Agnus Dei, de LucÃa Cedrón y Santiago Giralt (Argentina) Menciones: Contracorriente, de Javier Fuentes León (Perú) y Evita lo vigila todo, de Damián Wolinsky (Argentina)
Género documental: Primer Premio Coral: Memorias del saqueo, de Fernando Solanas (Argentina). Premio Especial del jurado: Digna… hasta el último aliento, de Felipe Cazals (México). Segundo Premio Coral: Nelson Freire, de João Moreira Salles (Brasil). Tercer Premio Coral: Moler, de Alejandro RamÃrez (Cuba). Mención: Niños en la frontera, de Luis Acevedo Fals (Cuba). Género Animación: Primer Premio Coral: Patoruzito, de José Luis Massa (Argentina). Segundo Premio Coral: De raÃz, de Carlos Carrera (México). Tercer Premio Coral: Filminuto 57, de Tulio Raggi (Cuba). Menciones: Mangue e tal y Puertecitas de colectivo de directores (Brasil).
Cartel: Mejor Cartel Cinematográfico: La sombra del caminante, de Alexander MarroquÃn (Colombia). *
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