Los deseos y las desilusiones cotidianas
La película se exhibió en el reciente Festival de Primavera y, un poco antes, en la semana de cine de Turquía que se presentó hace algunos meses en la Cinemateca.
La más reciente película del director Ceylan, Uzak, conocida igualmente en el último Festival Internacional del Uruguay, premiada por la Fipresci como el mejor filme del año 2003, había constituido el descubrimiento de un autor. Este descubrimiento se amplía con Nubes de mayo, un filme anterior que su autor ha dedicado a la memoria de Anton Chéjov.
La referencia no es caprichosa: hay algo de muy chejoviano en esta película turca en la que hay poca acción exterior y en la que la delicada trama se organiza en torno a personajes que parecen perdidos en sus contradictorios, complejos, a menudo fracasados sentimientos. Para contarlo de alguna manera, el filme tiene que ver con un joven cineasta decidido a realizar un documental sobre sus padres, mientras el padre está más preocupado por el destino de los árboles de su finca, amenazados de se talados por una resolución gubernamental. Esa trama básica sirve de disparador para una visión de personajes cansados, sensibles, solitarios y melancólicos que cargan con los deseos y las desilusiones cotidianas, que luchan contra un entorno que los somete y los condiciona a diario. Cada uno de ellos lucha en su singularidad por lograr una meta que no siempre alcanza (hay, por ejemplo, un niño que mantiene la esperanza de conservar durante cuarenta días un huevo en el bolsillo de su guardapolvos sin romperlo para obtener un regalo). La vida los coloca permanentemente en una tensión entre el denodado esfuerzo y el desamparo o el fracaso.
La película está hecha de planos largos que contemplan el paso del tiempo, subrayan la idea de espera y detallan sin pausa el deterioro de los personajes. No se busca tanto el efecto dramático como cierta belleza poética y melancólica, apoyada en un tratamiento plástico y sonoro de considerable nivel. Vale la pena destacar, particularmente, el uso expresivo de sonidos ambientales del campo, que a menudo predominan sobre el dato visual. El sonido del viento entre los árboles (un recurso al que también es afecto el maestro iraní Abbas Kiarostami) puede resultar tan importante, como efecto poético, como la cuidadosa composición de la imagen.
Habría que saber algo más del cine turco (algo se vio hace algunos meses, a través de la muestra mencionada más arriba), porque todo indica que entre la gente que lo hace los nombres de interés no se agotan en el promocionado Yilmaz Güney. Concretamente, del director y libretista Nuri Bilge Ceylan se sabe que nació en Estambul en 1959, y que en 1995 dirigió un corto titulado Kosa. En 1998 debutó en el largo con una cinta llamada Kasaba, una pintura pastoril y de pueblo chico que ha recibido elogios. Allí comienza a detectarse la existencia de un talento que Nubes de mayo y Uzak confirmarían. La crítica internacional y los jurados de los festivales han avalado ese talento: Nubes de mayo ha obtenido premios en los festivales de Angers, Ankara, Bérgamo, Buenos Aires, Estambul y Singapur, así como un premio de la Fipresci en la entrega de los European Film Awards. *
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