Revelación en Arteatro
No podemos sino lamentar que durante tanto tiempo se haya circunscrito a aquel medio, porque la autora e intérprete muestra presencia, dominio de la escena, rapidez mental para ligar sus monólogos con el público al estilo del café concert, buena dicción. Pero son destrezas que se adquieren con algún entrenamiento; el fuerte de Rochón no está en su verba, ni en su gracia, ni en su agilidad mental, mesteres de juglaría. Nos ha entretenido, nos ha tomado el pelo, se ha sentado en nuestras rodillas; pero es a la dramaturga nuestra preferida. Si los esquicios de la feminista y la prostituta son, aunque muy bien logrados, un tanto previsibles, los que se refieren a la presidiaria y a las poetisa nos sacuden.
Hay en ellos la virtud que contiene a todas: el coraje. Rochón tiene verdadero conocimiento, nada vulgar, del mundo en que vivimos, con sus luces y sombras; deja entrever una realidad social auténtica, que muy rara vez sube a nuestras tablas; muestra una garra dramática y una sinceridad nada frecuentes. Hay inclusive un sutil golpe de efecto en el último episodio («La poetisa»), donde Rochón degüella a la feminista del comienzo, a la que creíamos ingenuamente «presentadora» del espectáculo y su portavoz, y dice con fuerza algunas verdades amargas.
Lorena Rochón es una de las auténticas revelaciones del año 2004 en teatro. *
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