El más noble trovador de "Sansueña"
La iniciativa es en sí por demás significativa, pero cobra especial destaque por el traslado locativo de la sesión de la Junta Departamental, constituyéndose por ello y de hecho, también en un reconocimiento a la toda la cultura uruguaya.
Un artista como pocos (para bien y para mal), un adelantado para muchos, un referente especial de una de las tantas formas de ser uruguayo, la voz y las canciones de Eduardo Darnauchans han acompañado en la tristeza o la alegría a miles durante más de treinta años. Un exquisito, un esteta, un hombre común, un individuo complicado, complejo, un desconsolado que consuela, un artista que pudo vestir smoking blanco sin dejar de ser un cantor de boliche, un poeta. Alguien que ha luchado con sus fantasmas, que se ha convertido en ellos muchas veces, pero que está venciéndolos, que ha cargado con sus errores y sus virtudes, con esa insólita persistencia, esa forma de ser que se ha vuelto objeto de culto para varias generaciones. Y responsable de una obra mayor que lo distingue como uno de los más singulares creadores del país.
El público asistente, además de la sesión en sí, podrá disfrutar de una muestra de composición gráfica digital de Guillermo Baltar (en el hall del Solís) a propósito del homenajeado. Pero además se contará con la actuación del Taller de Danza Mouret dando corporalidad y movimiento a una de sus obras y finalmente la especial participación del propio Eduardo Darnauchans con una muestra de sus más significativas canciones. La entrada será gratuita.
Han pasado más de 35 años desde que «el Darno» comenzó a recorrer el camino de la canción popular. Tras triunfar en el festival de la canción de su pago adoptivo viajó a Montevideo para grabar en el sello Sondor. Es así que sus inicios pueden situarse en el ciclo Los conciertos de La Rosa, en el Teatro Stella D’Italia, debutando en Montevideo junto a Leo Antúnez y Opus Alfa. Darnauchans, quien se define como baladista, nació el 15 de noviembre de 1953 en Montevideo. Hasta los 17 años de edad vivió entre Minas de Corrales (Rivera) y Tacuarembó. En 1971 realizó su primer recital en la capital y al año siguiente grabó su primer fonograma (Canción de muchacho). Luego vendrían Las quemas (1975), Sansueña (1978), Zurcidor (1981), Nieblas y neblinas (1985), El trigo de la luna (1989), Noches blancas (1991), Dylan –en cassette– (1991), la antología Sin perder el tiempo y otros tantos que ya son historia reciente hasta llegar a su última producción: Canciones sefaradíes. También compuso música para obras de teatro y filmes y se presentó en los principales escenarios de la capital y del interior del país.
Durante los oscuros años de la dictadura, Darnauchans, como tantos otros, sufrió censuras y persecuciones. En su caso se registró un episodio muy particular: le prohibieron cantar en diversos escenarios y sin embargo sus discos no fueron censurados.
Se trata de uno de los compositores decisivos de la música popular uruguaya, un artista que, consciente de la función del arte, ha apostado siempre a la sensibilización de sus auditores.
Darnauchans es un individuo que ha elaborado sus canciones desde un lugar estrictamente poético. Sus historias, en las que suele el cantautor convalidar su yo particular, son de una hechura por momentos desgarrante y siempre con el sello del refinamiento. Ese es el Darno, un individuo empapado de historias, propias y ajenas, que transitan con una hondura reveladora.
Talento, compromiso y sensibilidad son los elementos que han llevado adelante el proyecto cancionístico de Darnauchans. *
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