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Juancito Sangredulce

A eso del mediodía, la radio convocaba a los escuchas. En la familiar sobremesa o en los esquineros boliches, aparecían las voces amigas. Figuras emblemáticas de la vieja radiotelefonía. Palabras «en el éter» que llegaban a los barrios populares y sus vecinos de oreja parada. Por fines de los 60, la audiencia era de fierro en la emisora de los altos de Soriano y Yaguarón.

La CX 14, El Espectador, se jugaba todos los boletos a un personaje popular que entretenía y derrochaba un sutil buen humor.

Se llamó Juancito Sangredulce y supo tener una descomunal audiencia. De lunes a sábados, después de los futboleros comentarios del gran Luis Víctor Semino, un poquito después de las 12 arrancaba Juancito.

Era una creación muy original que se encarnaba en la ductilidad del actor Dante Ortiz. Este comediante ya tenía una vasta trayectoria con éxitos radiotelefónicos. Unos años antes, también en ondas de la 14, había popularizado nada menos que a Don Verídico. El inolvidable Juceca lo había elegido para que representara a su más entrañable personaje.

La viveza campera y las mentiras de verdad de Don Verídico transformaron al actor Dante Ortiz en una voz muy popular. Por eso no extrañó que Juancito Sangredulce, «el último optimista» como lo presentaba un serio locutor, se convirtiera enseguida en un impacto de audiencia.

La característica de este personaje era su indoblegable actitud optimista que nunca lo abandonaba. Realizaba sus diarios comentarios de la realidad uruguaya e internacional y con mucha picardía siempre apuntaba a temas de actualidad.

Su buen ánimo era a prueba de balas y con habilidad daba vuelta las situaciones más insólitas para encontrarles el lado bueno. Su posición fue la de satirizar personajes y situaciones que aparecían en las tapas de los diarios.

Manejó el humor del absurdo para comentar temas muy candentes.

Si los banqueros habían vaciado el Mercantil o el Transatlántico, lo hacían según su desopilante punto de vista, para proteger el dinero de los ahorristas y para que no lo derrocharan.

Sostenía que los políticos eran gente buena y que de puro buenos nos mentían para que el pueblo no se preocupara con los sinsabores de la política.

Si el doctor fulano o perengano tenía varios colachatas era para llegar más rápido al Palacio Legislativo y así ayudarnos a vivir mejor. Cuando vino la veda de la carne vacuna, Juancito agradecía a los estancieros porque en el fondo la vida vegetariana era más saludable ¿no es cierto?

Si aquel diputado era asiduo concurrente a «la curva del ensueño» de Chez Carlos donde lo veían dándole a la champagna con las damas de la noche, se merecía un recreo después de sudar la gota gorda por todos nosotros. El satírico humor de Juancito Sangredulce encerraba en su aparente inocencia críticas muy corrosivas a los vivos de siempre y sus hipocresías. Fue «el último optimista».

Un lúcido testigo de un país que casi sin darnos cuenta había dejado de ser la Suiza de América y con «medidas prontas de seguridad» y represión se estaba convirtiendo en el feudo de unos pocos. La voz de Dante Ortiz, todos los mediodías nos traía el mensaje de Juancito como años atrás lo había hecho con Don Verídico en aquel programa llamado Tranquera Oriental.

La montevideana memoria siempre lo recordará como una de las voces más queridas de los barrios del ayer. Con más recuerdos y música, los esperamos todos los sábados a las 19.00 horas en la 1410 AM LIBRE.

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