La maldición de Malinche

La Malinche, compañera y traductora del conquistador español Hernán Cortés, es la protagonista de dos libros casi antagónicos, un testimonio de las pasiones que sigue despertando la mujer que dio luz al mestizaje en México.

Doña Marina, como se la conoce en las crónicas españolas de la época, fue una de las veinte esclavas que un cacique indígena regaló a Cortés tras su primera invasión victoriosa en tierras del Nuevo Mundo, en 1519.

La Malinche acompañó a Cortés en su legendario viaje al corazón del imperio azteca, hasta la mítica Tenochtitlán. Aprendió el idioma español, tradujo las palabras de su señor para Moctezuma, huyó con Cortés en la «Noche Triste» en la que los españoles estuvieron a punto de perderlo todo, y antes de morir le dio un hijo: Martín Cortés Malinche.

«Debió ser muy inteligente y al mismo tiempo muy flexible. Fue una de las pocas personas que comprendió que las cosas iban a cambiar» tras la llegada de los españoles, señaló Carole Achache, escritora francesa, autora de La india de Cortés (FCE), presentada en Guadalajara por Juan Goytisolo.

La india de Cortés narra en primera persona la epopeya de la Malinche.

«Tuve ganas de presentarla como una mujer muy enamorada, que le da las llaves de su mundo» indígena a Cortés, explicó Achache.

Al mismo tiempo, «no tuvo un papel lo suficientemente importante para pensar que tenía un poder de decisión», consideró la escritora francesa, para quien la conquista de México sigue siendo un ejemplo «de todo lo horrible que pueden llegar a hacer los hombres».

Frente a la novela de tono íntimo de Achache, el historiador mexicano Juan Molinar presenta la visión clásica, histórica, mediante su biografía La Malinche (Tusquets) Molinar estimó que la Malinche fue la primera soldadera en la historia de su país, «digna de figurar en la galería de mujeres ilustres, no solamente de México, sino del mundo entero».

«El 8 de noviembre de 1519, cuando Cortés hizo su entrada en el baluarte de Moctezuma, la única mujer presente fue ella», subrayó el historiador.

La Malinche era «una mandona, mujer de fuerte personalidad, a quien los años de esclavitud no lograron nulificar», teorizó Molinar.

«No me sobrepongo a mi pasado. Sigo teniendo miedo», es uno de los pasajes que Achache pone en boca de la Malinche en vísperas de una de las sangrientas batallas de la Conquista.

Para Achache, la indígena es víctima de dudas, de tormentos, atenazada entre la fascinación por Cortés y el orgullo de su mundo de origen, a punto de ser engullido por el torbellino de la Historia.

Molinar destacó que «Doña Marina» vivió con Cortés y tuvo sus propias criadas, e incluso aventuró que la indígena pudo llegar a luchar contra los aztecas en la noche en que los españoles huyeron de Tenochtitlán.

«Creo que nunca pensó, ni siquiera un segundo, que ella iba a ser la mujer de un monarca», consideró la escritora francesa.

«Tuvo una relación muy efímera», reconoció Molinar, «pero dio a luz a Martín, que entró en la orden de Santiago (en España) como comendador», un honor que muy pocos lograban en esa época, y mucho menos un mestizo nacido en el Nuevo Mundo.

Es en este hecho donde coinciden ambos autores: la Malinche simboliza el nacimiento del México mestizo. «Un ejemplo del mundo a venir», en palabras de Achache, mientras que Molinar se limita a hablar del pasado y la califica «de abuela de México, le pese a quien le pese». *

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