Más oficio que riesgo
Carlos González y Antonio Frasconi constituyeron, dentro y fuera del país, respectivamente, la columna vertebral del arte de la xilografía, esa modalidad del grabado en madera que conquistó más adeptos. Difundido desde la Escuela de Bellas Artes por Adolfo Pastor, el grabado en metal acaparó su propio espacio, mientras Raúl Pavlovsky dominó la serigrafía hasta un refinamiento inusual. Quizá por la influencia brasileña, al crearse Club de Grabado en 1953, coincidieron personalidades aisladas (Anhelo Hernández, María Carmen Portela) y emergieron otras (Bresciano, Fossati, Leonilda González) para que la estampa adquiriera una aceptación amplia en la sociedad local, aunque una mirada retrospectiva anotaría gran cantidad de participantes, especialmente en el campo de la ilustración, evidenciados en una muestra reciente en el Museo Blanes. La mayoría de los pintores nacionales incursionaron, aunque por un corto período, por el grabado. Abandonadas, en buena parte, las técnicas tradicionales por las digitales de hoy, un buen número de oficiantes mantiene la vigencia de la estampa en madera o en metal y las técnicas combinadas.
Por eso, resulta de interés la exposición Estampa de grabadores instrumentada por Marita Yuguero en la Sala Carlos F. Sáez. Es un mapeo del arte de grabar por diferentes autores de la actualidad en diferentes técnicas. El magisterio de Anhelo Hernández se impone en El corambrero, una punta seca de los años 70 pero la precisión en Forceps (ya documentada en anteriores participaciones colectivas), del joven Alejandro Turell no se queda atrás, mientras Eduardo Fornasari, de una generación intermedia, revela en Espectro el reingreso a la composición barroca de fuerte impacto emotivo.
La xilografía Así no! I, fechada en 2002, de Leonilda González rivaliza en la sutileza de grises con Xilografía 83/3 de Ruisdael Suárez, de 1983. La litografía y las técnicas combinadas aparecen en la poética de Beatriz Battione, Enrique Badaró, Domingo Ferreira, Rodrigo Flo, Marcelo Legrand, Gerardo Farber y, el más audaz, Vladimir Muhvich. La claridad propia de la estampa se revela en la calcografía y linoleografía de Gladys Afamado, la serigrafía de Oscar Ferrando, la xilografía de Edgardo Flores o el preciosismo xilográfico de Pedro Peralta. El riesgo de la invención se advierte minoritario y la tónica dominante radica en el seguro oficio pero aún así, la exhibición de grabados uruguayos deja un saldo gratificante. *
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