La mercadera
En el ámbito de la narrativa, el género de aventuras es tan antiguo como la propia historia, porque -más allá de lo meramente ficticio- casi siempre abreva de la realidad. Ya el hombre prehistórico ensayaba un registro pictórico de sus hazañas en la denodada lucha por la supervivencia, utilizando las paredes de las propias cavernas para inmortalizar su cotidiana peripecia.
Poemas como la Ilíada, o la Odisea, épicas obras cumbre del legendario rapsoda Homero, nos reflejan la innegable propensión del ser humano por exaltar sus logros y rescatar del olvido hechos o leyendas que -desde siempre- han coadyuvado a construir la identidad de los pueblos y el sustrato espiritual de las civilizaciones.
En «La mercadera», el autor uruguayo Leonardo Rossiello – que actualmente reside en Suecia- nos brinda una peculiar obra de ficción, que ciertamente ofrece múltiples puntos de contacto con acontecimientos históricos y míticos, mixturando hábilmente la realidad con la más pura fantasía.
En esta novela, el narrador traslada su pluma a Medio Oriente, ambientando su historia en una época imprecisa antes de la era cristiana. Rossiello inventa una compleja sociedad de estructura matriarcal, en la cual todos los grandes pensadores, filósofos y sabios son mujeres, cuyos nombres -irónicamente- parecen sospechosamente similares a los de los verdaderos personajes aludidos.
Evidenciando un profundo conocimiento de historia y también de los textos bíblicos, el escritor nos confronta a una sociedad gobernada por mujeres, tan o más despóticas que los hombres.
De esta forma, el autor ensaya una sutil pero contundente reflexión sobre la naturaleza humana, que ciertamente trasciende a los contextos históricos, geográficos y culturales.
El relato gira en torno a tres astrólogas -las más sabias y respetadas de su comunidad- que son seleccionadas para realizar una arriesgada travesía por el desierto, con el propósito de presenciar y atestiguar la llegada de la «Enviada», un ser humano de origen divino, que advendrá para guiarlas y edificar la paz en una sociedad diezmada por milenarias luchas fratricidas.
A pesar del evidente paralelismo entre la «Enviada» y la figura del profeta Jesucristo, Rossiello no se limita a tomar hechos históricos o míticos para conformar su obra.
Imprimiendo a su novela un trazo paródico que se mofa de la sociedad de otros tiempos, el narrador describe la lucha de las tres mujeres contra las inclemencias del desierto, pero también logra densos apuntes de corte psicológico al revelarnos las dudas y los temores de los personajes.
En el decurso de la historia, estas tres mujeres se debaten entre el ominoso dogma que les impone su religión y los indicios científicos que les ofrece la observación y el uso del conocimiento.
Más allá de los evidentes y disfrutables apuntes humorísticos con los cuales matiza hábilmente la narración, el autor logra construir tres personajes multifacéticos, que se nos van revelando lentamente, como si el escritor descorriera sutiles velos a medida de que el relato avanza.
Ellas son madres, amantes, esposas para nada sometidas a la autoridad masculina sino – muy por el contrario- forjadoras y responsables de las estructuras de poder de su comunidad.
Estas mujeres se cuestionan a sí mismas y por ende al mundo en el que viven, logrando agudas observaciones de corte filosófico y metafísico, pero sin caer en engorrosos regodeos intelectuales.
Leonardo Rossiello articula un amplio abanico de emociones humanas en la figura de las tres protagonistas y en su denodada búsqueda de un proyecto existencial que -en definitiva- quizás sea una mera quimera.
La amistad, la envidia, el amor, el compañerismo e incluso la traición, son mostradas como emociones absolutamente atemporales, pero la pintura de este complejo entramado emocional no descuida -en ningún momento- el desenfadado humor y el épico sentido de aventura que colma toda la historia.
Simultáneamente, el autor propone una aguda reflexión acerca de la eterna búsqueda interior del ser humano, tanto a nivel intelectual como espiritual.
(Ediciones Torre del Vigía)
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