Esplendores apagados
En «Las tres hermanas» hay un fragmento de «Ruslan y Ludmila» de Pushkin que Masha (Gabriela Iribarren) dice cuatro veces, dos en el primer acto y dos en el último, que debe ser dicho siempre en forma distinta («En Loukomorie un roble verde/corona de oro el roble tiene…») También la información de que «Balzac se casó en Berdichev» es dicha tres veces por Chebutikin: Nunca es la misma dicción, el mismo contexto, el mismo sentido.
De un modo semejante, el texto de «Las tres hermanas» puede ser dicho en escena sin que la obra llegue a aparecer. Por supuesto, Chéjov estaba totalmente ausente de la caprichosa versión de «Las tres hermanas» de Omar Grasso en el Teatro Circular; pese a la aplicada labor de Nelly Goitiño, dudamos de que Chéjov esté totalmente presente en esta puesta en escena. Terminamos de ver esta «Las tres hermanas» y comprobamos que oímos prácticamente todo el texto, de comienzo a fin, pero lo que vimos no se relacionó en nuestra mente sino en forma muy vaga y lejana con el apasionante drama de Chéjov. Se había tratado, de forma actual y muy comprometedora, los temas perennes de si la felicidad es sólo una ilusión, de los efectos del paso del tiempo, del futuro de la humanidad y de la redención por el trabajo; pero nada de esto pareció poder independizarse de la peripecia privada de tres mujeres, a fines del siglo XIX, en un rincón perdido de Rusia.
«Las tres hermanas» puede verse como una continuación de «Eugénie Grandet» de Balzac, donde se tratan también los temas de la felicidad y de la superación del dolor por la acción. Así como la llegada circunstancial de los militares a la ciudad donde viven las tres hermanas sacude sus vidas, sucede lo mismo con la llegada desde París del primo de Eugénie a la provinciana Saumur, en Touraine, y creemos ver un homenaje a Balzac en «Las tres hermanas», cuando se menciona su matrimonio con la condesa Hanska en Berdichev.
El desenlace de «Las tres hermanas» es, en esta versión, una nota apagada, quizás «chejoviana» en el sentido popular del término, cuando Chéjov escribió una clarinada de realización y triunfo por el trío de las hermanas, subrayada por la música de una marcha militar. El desenlace es el comienzo de la verdadera vida de las tres hermanas cuando, caídas de sus ojos las vendas que les impedía ver, se resuelven por el único camino posible hacia la felicidad; este himno contrasta, muy hermosamente con las últimas palabras de Chebutikin, que son definitivamente las de un ex hombre. Pero este desenlace es también el anuncio del futuro, un futuro que Olga, en el cuarto acto, adivina al apropiarse de unas palabras de Vershinin en el primer acto, del mismo modo que se apropia de la personalidad de su padre en el primero. Su estremecedora invocación a los tiempos venideros tendrá un eco, años más tarde, en el poema de Bertolt Brecht «A los hombres del futuro», que podría ser una paráfrasis de las palabras de Olga. «Aquellos que vivirán después de nosotras», somos nosotros, los espectadores del Montevideo de hoy; esa última frase debió dejarnos en el alma la emoción de un problema inamovible, que no sabemos si hemos resuelto, problema que nos traspasan las tres hermanas a través del tiempo y del espacio.
La marcación de los actores por Nelly Goitiño parece haber reprimido la expresividad de los intérpretes. La actuación es restringida, casi apagada: cuesta creer que en la obra sucedieron unos amores fugaces y otros mortíferos, dos matrimonios desgraciados, con un hombre y una mujer como víctimas, un matrimonio proyectado sin amor, un disparo de revólver en un duelo (siempre hay un disparo en las obras de Chéjov) y un muerto. Hay poca comunicación entre el escenario y la platea, cuando debió ser todo lo contrario.
Dentro del estilo de la puesta en escena y de una corrección general, Gabriela Iribarren, Alvaro Pozzolo, Susana Acosta, Daniel Cabrera y Pedro Piedrahita fueron los actores de mayor lucimiento. El Chebutikin de Roberto Fontana, acertado en la composición física, careció de matices: el médico en la obra de Chéjov evoluciona desde cierto embotamiento inicial hasta un final casi comatoso; Chebutikin puede evitar una muerte injusta y no lo intenta, por apatía e indiferencia. «Tarabum… ¿Qué más da? ¿que más da? «Las tres hermanas» es una joya, pero es preciso hacerla brillar.
TRES HERMANAS, de Anton P. Chéjov, con Gustavo Antúnez, Adriana dos Reis, Mariela Maggioli, Gabriela Iribarren, Susana Acosta, Fernando Gallego, Pedro Piedrahita, Alvaro Pozzolo, Daniel Cabrera, Roberto Fontana, Alejandro Gayvoronsky, Juan Luis Granato, Nelson Flores, España Andrade, Cecilia Peri, Elena Pedemonte y Verónica Rodríguez. Escenografía de Adán Torres y Francisco Pereira, música de Silvia Meyer, iluminación de Claudia Sánchez, vestuario de Nelson Mancebo, dirección general de Nelly Goitiño. En teatro El Galpón, sala Atahualpa. *
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