UN NOTABLE SUCESO EDITORIAL: "SEREGNI-ROSENCOF, MANO A MANO", DE FERNANDO BUTAZZONI

Un diálogo conmovedor que indaga en la memoria y promueve la reflexión

Indudablemente las personalidades de estos dos referentes del quehacer nacional que han sido entrevistados exhaustivamente y en forma conjunta por Butazzoni, han seducido a miles de lectores que procuran conocer en profundidad distintos aspectos de sus pensamientos.

Dice Butazoni: «Estos extensos intercambios sostenidos entre Líber Seregni y Mauricio Rosencof durante algunos meses de 2002, a los cuales asistí como interlocutor privilegiado, no pretendieron nunca convertirse en un texto de historia nacional contemporánea. Tampoco en un ensayo de filosofía política elaborado entre ambos. Lejos estuvo del espíritu de los tres semejante propósito. Son, más que nada, el testimonio verbal y el espíritu de dos personalidades complejas, riquísimas, a veces contradictorias, en ocasiones opuestas, que se entraron a hablar desde la grandeza cotidiana, esa grandeza que muchas veces nos falta y que reclamamos a los que están arriba. Grandeza que con frecuencia se halla en quienes, desde el llano, sueñan el futuro de todos».

Editado por Aguilar, este libro de 443 páginas indaga entonces en las profundidades del pensamiento de ambas figuras y el tono coloquial de su formato permite un lectura ágil y dinámica, así como reflexionar acerca de las grandes cuestiones que los uruguayos se han formulado -y se formulan- durante las últimas décadas. El diálogo de ambos entrevistados, y los apuntes certeros del periodista, transforman al libro en un conmovedor relato que abarca desde las peripecias personales, e incluso íntimas, de cada uno, hasta una serie de resonantes hechos que han conmovido a la sociedad uruguaya.

A continuación, y a modo de ejemplo, reproducimos aquí el último capítulo de esta obra.

Mañana

Dice el periodista: «Hoy los dos hombres de esta historia van a hablar sobre el futuro. Será el capítulo final del libro. Es un día luminoso de julio. Luminoso y helado: apenas un grado a las 9 de la mañana, cuando salgo de mi casa para la que será nuestra última reunión de trabajo. Una vez más me encuentro en la esquina de 18 y Tacuarembó con Mauricio Rosencof. Faltan apenas cinco minutos para las 9:30. El asunto del descorchador ya ha sido resuelto, así que el Ruso la emprende ahora con un set de tornillos y tacos fisher de varios tamaños. Después yo enciendo un cigarrillo y él me rezonga. Lo apago, miro la hora, le pregunto si subimos. Imagino que el general, como siempre, ya debe de estar listo. «Dale», dice Mauricio. Y allá vamos: nueve pisos, 32 segundos, los abrazos».

Seregni: «Estamos viviendo los mediados de este año 2002 y el Uruguay está atravesando la crisis más severa de su historia. ¿Y ahora qué? Porque lo que uno constata es no solo que se está atravesando la crisis, sino que la crisis -más allá de los efectos materiales- ha afectado tremendamente la psicología de la gente: estamos atravesando un momento de bajón, un tiempo que los jóvenes llaman de ‘pálida’. Es real: hay descreimiento por un lado y por otro lado hay descorazonamiento y desesperanza. Inseguridad personal, inseguridad afectiva y desesperanza. Con respecto al futuro, yo digo: ¡claro que va a salir adelante Uruguay! ¿Cómo no vamos a salir? Superamos otras enfermedades; los años treinta, los años que condujeron al golpe de Estado, la dictadura…Escucha, Mauricio: ¡los orientales superamos la «redota»! Entonces, ¿cómo no vamos a superar esta? Pero hay que tener un aclara visión de que, cuando los retos son tremendos para el conjunto de la nación, es la nación entera la que tiene que salir. Y tiene que salir a través de la búsqueda de elementos comunes, de un gran camino común que se debe pensar y construir y llevar adelante entre todos. Se necesita un acuerdo nacional, no que uniformice las cabezas y los pensamientos, sino que saque de cada pensamiento lo más rico, lo más valedero, lo más trascendente para el bien común. La lucha del momento actual, la lucha en el mejor sentido del término, que es la tarea que hemos tomado en el Centro de Estudios Estratégicos, que ha sido el reflejo de la tarea del año pasado, y estos coloquios y seminarios que estamos haciendo, es para trazar el camino de la búsqueda de acuerdos que puedan conducir al a formulación de políticas de Estado, que son la gran línea que tiene que tomar el país. En el momento actual hay que cultivar la esperanza. Yo creo que siempre debemos ir con una utopía por delante y persiguiendo esa utopía. Y eso se reconoce como vivir, ser vital. Yo me siento vivir, pero para vivir tengo que tener una razón de vida, tengo que tener una razón de futuro y una razón de esperanza. Este es un momento en el que más que nunca hay que tener esperanza, pero esa esperanza solo puede concretarse si somos capaces de superar las chacras chicas, de tirar abajo los alambrados para hacer la patria grande. Es un momento muy difícil en el cual no se han superado las apetencias individuales ni las apetencias sectoriales… ¡Ni qué decir de las apetencias partidarias! No hemos llegado todavía al fondo del pozo. Para decirlo clarito: no han nada mejor que un gran susto pa’refrescar a un mamado. Esa claridad del peligro terrible -que en algún momento en términos individuales nosotros las pasamos y sabemos qué se siente-, esa claridad tiene que venir para el conjunto de la sociedad uruguaya y para la gente. Porque la gente está y las capacidades están. Cuando tú ves el esfuerzo de la sociedad para darle de comer a los niños, los comedores populares, la solidaridad y la ayuda. Tú ves cuando sale en la televisión una señora a la que se le incendió el rancho y ahí aparece la respuesta que hubo en el año 59 con las inundaciones, la que hay cada vez que pasa algo similar en el país. Pero se exige una revolución moral. No es ser redundante ni machacón…pero sí es ser machacón: tenemos que reconquistar valores, los societarios que estamos perdiendo como resultado perverso de toda una cultura de consumismo y de mercado…Esos valores tenemos que reconquistarlos en el Uruguay entero.

Rosencof: Yo pienso que hemos confundido el desarrollo técnico de la humanidad o de esta parte de la humanidad, con el desarrollo moral y el desarrollo ético. Quiero referirme a un par de historias que me dan la pauta de pensamiento y la pauta de lo que debe ser el pensamiento, el sentimiento, la moral y la ética del mañana. Allá por el año cuarenta y poco, descubrieron en Brasil una tribu hasta ese instante ignorada: era la tribu de los xavantes. Los antropólogos, los asistentes sociales, las instituciones, decidieron entonces experimentar el impacto que le produciría a una delegación de xavantes visitar Rio de Janeiro. Allá fueron los indios y quedaron deslumbrados con los edificios, con los ascensores, con los tranvías, con el tránsito. En determinado momento uno de los xavantes le preguntó al antropólogo que los llevó: ¿Cómo hace para comer esta gente?. Porque había mucha gente, había mucho edificio y mucho tranvía, pero ¿comían? El antropólogo, sonriente, los llevó a un mercado, y el mercado era impresionante: cajones de frutas, cachos de bananas, pescado, pollo y en medio de todo eso, había unos niños de la favela que, entre un montón de basura, estaban escarbando a ver qué encontraban. El jefe de los indios preguntó qué hacían esos niños y el antropólogo le explicó: «Son niños de la favela, no tienen qué comer y vienen a buscar acá».

El cacique pegó un alarido, que era un llamado par los indios que estaban dispersos por ahí, y formaron entre todos una ronda alrededor de los niños. Y dicen que a partir de ese momento lo único que querían los xavantes era retornar al Amazonas, a su tierra. El antropólogo y la sociedad no entendían por quÃ

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