Los olvidados (19): Pintor Norberto Berdía

Entre los pintores uruguayos interesados en conocer y experimentar la realidad de América Latina, Norberto Berdía (1900   1883) ocupa un primer lugar. No fue su intención ir al encuentro con la situación social de los desheredados de la tierra (no había intención política o ideológica) ni tampoco una teoría sobre el arte precolombino e indígena que le sirviera de apoyo a posteriores investigaciones estéticas. Asumió el compromiso de recorrer los países latinoamericanos como un hombre curioso en conocer lo diferente, al otro.

Nacido con el siglo XX, Berdía estudió en el Círculo de Bellas Artes (1920 24), al lado del maestro Guillermo Laborde, como la mayoría de sus colegas generacionales. Esa enseñanza y la atmósfera propia de los años veinte la ejemplificó en Puente del Paso del Molino, un óleo poco conocido de 1925, exhibido en el Salón de Primavera de ese año: el riguroso planismo y los colores vibrantes, aunque introduce una tendencia a la dinámica y al contraste de la composición, ajena a la de sus compañeros. Es un documento epocal y un feliz entendimiento de una época feliz de la sociedad y la cultura uruguayas, que prolongó en su estadía en Buenos Aires también en ese año, cuando Pedro Figari ya estaba establecido. En la capital porteña se vinculó a los talleres del pintor Gómez Cornet y del escultor Luis Falcini, preocupados por la temática social. A partir de ahí, Berdía recupera la consistencia de la figuración naturalista (sin el sentido lírico de Ricardo Aguerre, con quien tiene algunos puntos de cercanía), con mayor apego a la representación volumétrica, casi escultórica. En efecto, Berdía concentrará la atención en el retrato (Niño del sombrero, 1929, Las moñas rojas, 1932,) hasta que la visita de David Alfaro Siqueiros en 1933, acentuará el costado social latinoamericano, el compromiso con el entorno inmediato (Negrito triste, 1934), despertando su interés por ir hacia otras voces, otros ámbitos. Antes, se marchó a Europa y en Italia se entusiasmó, al igual que los muralistas mexicanos, con los clásicos renacentistas (Ucello, del Castagno, Piero, Carpaccio) y adquirió un domino técnico y una formulación sintética de gran persuación expresiva, reforzada en su estadía como becario en México (1945   47) y el contacto con las culturas de los países andinos. Se suceden una serie de trabajos de sólida expresión figurativa (en oposición al dominio de la escuela torresgarciana): se anticipa con Cufuringa, 1938 y Muchachos, 1939, sigue con Campesina y La bella mulata ambos de 1940, de excelente factura que resultan emblemáticos de su producción, para desembocar en la temática y personajes indígenas de los lugares que visitó (Mercado de Texmelucan y Platicando, de 1945, Cholas ecuatorianas, 1946, Mangos y olotes,1950, Gaucho mateando, 1950, Mercado en Asunción,1955, En el mercado de Bahía, 1955, títulos suficientemente expresivos que caracterizan su fecundidad inventiva e introducen un sesgo distinto en la pintura uruguaya, con una mirada detenida en indios y cholas, en muchachos y negritos desamparados, en gauchos y trabajadores en los mercados populares, toda una iconografía que elude, como pocos artistas nacionales, la retratística de la burguesía y la placidez urbanística o playera.

Luego, a mitad de la década del cincuenta, no resiste el embate de pintura abstracta y se pliega al movimiento de arte no figurativo, desde las muestras colectivas en la Asociación Cristiana de Jóvenes junto a Costigliolo, María Freire, Antonio Llorens, Julio Verdié y Juan J. Zanoni. Sin embargo, esa entusiasta incursión por las tendencias abstractas no surgió con mucha convicción ni fue duradera derivando hacia paisajes, muros y barcas, de ascéticas composiciones, muy estructuradas, que alternan con momentos de rasgos matéricos y expresionistas en la soltura de la pincelada y fuerza del color.

Personalidad cordial, Berdía fue profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes y obtuvo distinciones en los salones nacionales y municipales. Dejó varios murales (Montevideo, Punta del Este, en el exterior) y una obra que generaciones recientes desconocen (esporádicamente aparece alguno de sus cuadros en los museos) no obstante ser un referente obligado de la plástica nacional. La última exposición importante la realizó en 1971 en el ex subte municipal, otras en Galería Moretti y Librería de la Central.

N. D. M. *

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