El discurso vacío
Escritor de culto por antonomasia, Mario Levrero fallecido prematuramente el pasado 30 de agosto a los 64 años de edad– fue una de las voces más ricas y potentes de la literatura uruguaya contemporánea.
Jorge Mario Varlotta Levrero, que fue librero, guionista de comics y humorista, se decidió a publicar recién a fines de la década del sesenta. Para disociar claramente al hombre del artista, se rebautizó con el seudónimo Mario Levrero.
La verdadera biografía de este autor sin dudas emblemático, está contenida en su propia obra, que es una recurrente y a menudo exasperada indagación individual, en esa inmersión que su escritura ensaya en los secretos laberintos de la vida cotidiana, en la ironía, los sueños, el humor y el espíritu lúdico con el que observó la realidad.
En el decurso de su carrera, fue guía y referente de los colegas más jóvenes, especialmente para quienes participaron del taller literario que dirigió, con la misma libertad con que encaró su literatura.
Su producción –que naturalmente sobrevivirá a su autor– está construida en torno a un amplio abanico de temas y géneros, que transita desde el relato fantástico al policial, pasando por la aventura, el ensayo introspectivo y hasta la parábola alucinada y reflexiva.
La oportuna reedición de «Discurso vacío» (1996) –uno de sus títulos sin dudas más señalados y sugerentes– comporta la plausible intención de acercar al lector a las intransferibles voces literarias del de este autor.
De trazo contundente y cuasi surrealista, esta novela es una suerte de ensayo acerca de la identidad humana, inexorablemente sometida a los avatares del azar y la cotidianidad.
Como el propio autor, el personaje es un escritor ahora devenido en esposo y padre de familia, que padece la castración creativa y espiritual de una rutina que le asfixia.
La angustia se apropia totalmente del protagonista del relato, cuando sus nuevas responsabilidades y las insoslayables tareas domésticas le consumen el tiempo y la energía que antes consagraba a la creación literaria.
Procurando emerger de ese abismo de sequedad, el escritor se propone asumir una suerte de terapia grafológica, mediante la cual podría eventualmente recuperar y poner en orden su mundo interior.
Aunque ese ejercicio le resulta complejo en medio de tantas presiones y exigencias, el protagonista finalmente comprende que su nueva realidad constituye una rica materia prima creativa.
«El discurso vacío» es una obra de género indescifrable, porque mixtura diversas estructuras y vertientes literarias, para plasmar con elocuencia la épica del escritor, que –a menudo– se transforma en una suerte de odisea.
Entre la novela, el diario de vida o la mera lucubración exenta de todo academicismo, Mario Levrero construye un elocuente ensayo sobre el autor y su mundo, que –más allá de la fantasía y las pulsiones creativas– es también nuestro propio mundo.
Esta obra nos permite retomar contacto con un auténtico retratista de la condición humana, cuya desaparición física aún nos conmueve.
(Ediciones de Trilce)
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