Una historia de límites inciertos
La anécdota es simple: una escritora de novelas de misterio (Charlotte Rampling) decide aceptar la invitación del editor para pasar unos días en su casona de la campiña francesa con el propósito de descansar y comenzar su próxima obra. En principio, la mujer vive sola pero, al poco tiempo recibe la inesperada visita de la hija del dueño de la editorial que, con su electrizante vida juvenil, rompe la pacífica monotonía del lugar. Hasta aquí la historia podría dar lugar a múltiples posibilidades (opciones que no excluirían la comedia) pero el largometraje se toma su tiempo para trazar los vaivenes que hacen al choque de conductas aunque –gradualmente– el asunto comienza a adquirir un tono más sombrío con insospechadas derivaciones que el pulso firme de Ozon va plasmando magistralmente. De todos modos, catalogar La piscina como un trhiller erótico –más allá que existen varias escenas subidas de tono– sería simplificar una realización que, sin desmerecer los préstamos que toma del género, establece un camino más complejo en su narración cinematográfica. En este sentido, no sólo hay que destacar la excelente performance de Rampling (distinguida como Mejor Actriz Europea del 2003 por este trabajo) sino que también vale la pena reconocer el ponderado equilibrio que logra el cineasta a la hora de ir hilvanando en el relato esas explosiones que la escritora retoma de la acelerada existencia de la joven como materia prima para su escritura. Sin embargo, Ozon no juega todas sus cartas de una vez y el devenir de los acontecimientos hará, en determinado momento, que las ficciones novelescas imaginadas por la narradora puedan traducirse –aparentemente– en reales hechos de sangre muy a la manera del estilo Ripley, el asesino impune de la citada autora Patricia Highsmith en A pleno sol o El amigo americano. Es muy posible que esa ambivalencia sea el valor agregado que otorga al filme una carga sugerente muy especial donde la «realidad» y la ficción se entrecruzan hasta el extremo de terminar en una novela que recibe el nombre del largometraje. Hay algo extraño (incluso perverso) en el tratamiento que el cineasta da a sus personajes en medio de una historia de límites inciertos. Lo inquietante del caso es que resulta bastante difícil percibir las fronteras que maneja el filme y muchas respuestas, en cierto sentido, pueden depender de que cada espectador asuma como legítimo (o deseable). Es que el inconsciente es poderoso, dicen los analistas.
La piscina (Swimming pool; Francia-Inglaterra, 2003). Dirigida por Francois Ozon. Guión: Francois Ozon y Emmanuele Bernheim. Fotografía: Yorick Le Saux. Edición: Mónica Coleman. Música: Philippe Rombi. Con Charlotte Rampling, Ludivine Sagnier, Charles Dance, Marc Fayolle, Jean-Marie Lamour y Mireille Mossé. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad