"AOS QUE VIRAO DEPOIS DE NOIS - KASSANDRA IN PROCESS", EN EL TERREIRO DA TRIBO, PORTO ALEGRE

Vivimos tiempos difíciles

Trata un tema de la tragedia griega: pero en la realización no estamos lejos del primitivo culto de Dionisos, con las ofrendas de vino, las eclosiones eróticas y el carácter procesional con que el público, necesariamente muy reducido, sigue la obra.

La misma es presentada como una celebración; y algunos leit – motiv, algunos gestos claves ya presentes en otras obras del grupo, nos conducen a ver en «Aos que virao depois de nois – Kassandra in process» un sentido ritual.

Lo más visible de este carácter ceremonial es la solidez con que «A Tribo de Atuadores» liga el pasado con el tiempo presente y con los hombres futuros, «os que virao depois de nois». Esta relación entre pasado y presente está en «Máquina Hamlet», en «La muerte y la doncella», en «A saga de Canudos», en «Kassandra in process»; y esta relación es el signo más claro del artista maduro. En todo vínculo artístico con el pasado está presente, naturalmente, el gran tema de la tradición. Pero no de cualquier tradición, y mucho menos una pacífica adhesión a los éxitos de alguna generación anterior, sino una precisa percepción de la presencia del pasado en el mundo de hoy.

El pasado es una entidad viva, llena de posibilidades, cuyo contenido nunca es ni demasiado claro ni pétreamente definitivo. Hasta cierto punto podemos intentar transformarlo, tanto o más que al presente, mediante una relectura o una nueva interpretación; y en este punto «Oi Nois…» trasmite la convicción de la tesis 11 de Marx, de que el mundo debe ser transformado y aún que esta transformación, que implicará la emancipación del hombre, es posible y necesaria mediante un previo reexamen del pasado. Así, en varias obras de «Oi Nois Aquí Travéiz» están presente las armas de la destrucción, los instrumentos de la tortura que más que a nuestros cuerpos quieren doblegar nuestras almas, el genocidio y los ejércitos, guardianes de la injusticia y no del orden, con los soldados deshumanizados que nunca tienen rostro, al que suele cubrir una máscara antigás. Pero también, e invariablemente, a través de los abismos y del horror, luego de un viaje al fin de la noche, siempre hay en los espectáculos de «Oi Nois Aquí Travéiz» un alba pura de esperanza.

Un segundo punto característico de «A Tribo de Atuadores» y de su firme vinculación con el teatro clásico es la presencia de Eros como instrumento de liberación, aún de la liberación política. «Oi Nois. Aquí Travéiz» concibe a Eros, con toda razón, como un agente capaz de subvertir la civilización de la muerte en que vivimos; y sin duda hacen suya la observación de Freud en «El malestar en la cultura» de que la felicidad no es un valor cultural. La «civilización» teme a Eros y Dionisos sólo porque son más fuertes que nosotros mismos y pueden romper todas las inhibiciones; los teme porque la niegan, porque, como observó Nietzsche, la única razón por la que no nos sentimos dioses está en el bajo vientre. La vivencia de Dionisos es el pánico, literalmente, porque una vez que experimentamos el llamado de Eros y vemos al metal de nuestra voluntad vaporizarse en segundos ante su fuego, todos hemos sentido, aunque posteriormente hayamos tratado de olvidarlo y lo hayamos integrado, mal o bien a nuestras vidas, el espanto ante el omnipotente mundo desconocido que se abría en nosotros mismos. «Oi Nois Aquí Travéiz», fiel a este concepto removedor, no trepida ante ninguna audacia y «Kassandra in process» contiene una escena muy inquietante donde Eros salta las barreras convencionales que separan actores de público y donde los oficiantes se acercan a los espectadores, se insinúan, los acarician y les ofrecen sus bocas al beso.

Otra constante del grupo equilibra y balancea estas escenas que algunos espectadores calificarían de exceso y es la decidida vocación de los Atuadores por el arte y en particular por el trabajo artístico, pese a que «Oi Nois», con la elegancia suprema de los artistas, disimula sus esfuerzos, hace ver como fácil lo difícil, esconde las costuras. Pero vemos que la creación colectiva de «Kassandra…» ha implicado días y noches de lectura, reflexión, ensayos, improvisaciones, frustraciones y severa autocrítica; y toda la línea de Eros y Dionisos que campea en «Kassandra» no quita que una gran parte del arte del teatro es consciente y deliberada. El arte es una larga paciencia, y esto lo vemos, por ejemplo, en los maravillosos trajes, que cuentan siempre entre los más hermosos que nos han dado los escenarios de Brasil. El humilde hilo sisal, cuidadosamente tratado y coloreado, brilla como una joya; y no hemos visto un Príamo más lujosamente vestido que el que hace Paulo Flores en esta pieza. Otra muestra de un arte tan aplicado como refinado es la música, con bellísimas canciones que jamás cortan el curso de la acción sino que la prosiguen en el ámbito de misteriosas melodías que suenan a Brasil y al mundo; lo mismo sucede con las luces, que cumplen virtuosamente y a cada paso combinar el arte plástico con el dramático, con la escenografía, con sus motivos griegos elaborados de forma artesanal por los mismos «atuadores» y mezclados libremente con restos de computadoras pintados de un gris metálico y sin vida y también con una «arena» para los combates que es de mármol molido, donde el sonido de los pasos suena extraño y arcaico. Están también las escenas al aire libre, que siempre buscan los «Atuadores» como acentuando la intrusión mutua de pasado y presente, y aún en su trato frecuente con el fuego que todo lo purifica y lo transforma. Toda esta bien articulada riqueza artística es el resultado de una consagración sin descanso de la vida al arte. Se siente que no hay trabajo que «Oi Nois Aquí Travéiz» no sea capaz de emprender para perfeccionar sus producciones; y los «atuadores» viven la grave frase de T. S. Eliot: «El progreso de un artista es un continuo autosacrificio, una continua extinción de la personalidad».

Es posible que, por esto mismo que acabamos de escribir, los «atuadores», que dejan ver muy poco de la gestación de la obra y que ni siquiera se autodenominan «actores», desdeñen lo individual y que por ello podrían preferir que no hablásemos de la actuación, tan firmemente integrada en el conjunto de la composición; pero la crítica también tiene sus derechos y debe decir que «Oi Nois Aquí Travéiz» difícilmente sería lo que es sin Paulo Flores y Tánia Farías. A Paulo lo encontramos en un momento en que irradia plenitud: nunca lo vimos tan lúcido, tan preciso, con tanta gracia corporal. Y Tánia, cuyo fervor y cuya pasión sólo puede compararse a su asombrosa destreza como actriz, despliega habilidades que van desde extraordinarias proezas acrobáticas a las gracias de la danza, la canción y hasta el grito desgarrador.

Esta inolvidable «Kassandra in process» es uno de los espectáculos más valiosos y conmovedores que hemos visto en los últimos años. *

AOS QUE VIRAO DEPOIS DE NOIS – KASSANDRA IN PROCESS, puesta en escena colectiva con libreto, escenografía, iluminación, vestuario y adornos de la Tribo de Atuadores Oi Nois Aquí Travéiz, con utilización de textos de: Christa Wolff, Albert Camus, Heiner Muller, Samuel Beckett, Eurípides, George Orwell, Peter Handke, Arthur Rimbaud, Pablo Neruda, Allen Ginsberg, el Mahabharata y textos de indios norteamericanos. Con Carla Moura, Clélio Cardoso, Diego Comerlato, Luana Fernandes, Marta Haas, Nara Brum, Paulo Flores, Renan Leandro, Roberta Darkiewicz, Sandro Marques y Tánia Farías. En Terreiro da Tribo, Joao Inácio 981, barrio Navegantes.

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