Un ciclo con títulos muy valiosos
La situación del cine alemán es por lo menos paradógica. Tiene un pasado glorioso, que puede hacerse retroceder hasta los tiempos de la República de Weimar y el expresionismo, o acercarse hasta los culminantes años setenta y ochenta que dieron al mundo lo que sucesivamente se llamó «joven» y «nuevo» cine alemán, con nombres de la importancia de Werneer Herzog, Rainer Werner Fassbinder, Wim Wenders y muchos otros. Más cerca, ese impulso pareció atenuarse, aunque ello puede ser simplemente una imagen distorsionada provocada por cuestiones de mercado y no de producción. Alemania produce actualmente unos ciento cincuenta filmes anuales para las pantallas de cine, además de un número similar para televisión y otro número importante de series televisivas, documentales, cortometrajes y trabajos en video. Año tras año, las escuelas de cine lanzan al ruedo a nuevos directores con su flamante diploma, y la posibilidad de acceder a toda clase de apoyos federales, estatales o municipales que les permiten lanzarse a la aventura del largometraje. Sin embargo ese cine es menos conocido de lo debido, y en ello el mercado juega un papel fundamental. Las pantallas alemanas, como la del resto del mundo, están colonizadas por el mismo material transnacional que se ve en Montevideo y Mozambique, y el material propio, aunque no es invisible, tiene que abrirse paso a codazos (igual que en otros lados) entre El hombre araña (II) y Shrek (II). La televisión, el video, el DVD, son por supuesto vías alternativas o complementarias significativas, y comercialmente redituables, pero de alguna manera carecen del impacto mediático de las exhibiciones en pantalla grande, y ese es otro elemento que impide una mayor expansión (sobre todo externa) de la producción nacional: a veces ocurre que un filme alemán llega al Oscar (En un lugar de Africa) y eso ayuda a su difusión, u otro (Corre, Lola, corre) es deliberadamente comprado por una distribuidora norteamericana para difundirlo lo menos posible y que no se convierta en un competidor molesto. De ahí la importancia de una muestra como esta, que reúne un grupo de títulos valiosos y representativos de la actual producción alemana, y da cuenta de esa pujanza creativa. La selección incluye desde un filme reciente de una veterana creadora como Margarethe von Trotta, que en La calle de las rosas no se apea de su vocación por los conflictos femeninos y el retrato crítico de algunos de los períodos más oscuros de la historia alemana, hasta algunos filmes que examinan en clave de drama (La puerta del paraíso) o de humor melancólico (Berlín Blues) y hasta de documental grotesco y sorprendente (El centro) algunos de los desconciertos de los alemanes y los europeos de hoy. Vale la pena observar, una vez más, la presencia de un título proveniente de la rica veta germano-turca que los inmigrantes de ese origen han venido afirmando en los últimos años, y que constituye una de las vertientes creativas más vitales del reciente cine alemán.
Los filmes uno a uno
Esta muestra organizada a través de la colaboración de la Embajada de la República Federal de Alemania en el Uruguay, el Instituto Goethe de Montevideo y el organismo ExportUnion, contiene las siguientes películas.
La calle de las rosas (Rosenstrasse). Alemania 2003. Directora, Margarethe von Trotta. Con Katja Riemann, María Shrader, Jürgen Vogel. Una hija investiga el pasado de su madre, y así descubre la historia de las mujeres de la Rosenstrasse, las mujeres (en más de un caso «arias») cuyos esposos judíos fueron perseguidos por los nazis. Un drama sobre la necesidad de ajustar cuentas con el pasado (viernes 15).
Berlin blues (Herr Lehman). Alemania 2003. Director, Leander Haussman. Con Christian Ulmen, Katja Danowski, Detlev W. Buck. Una melancólica historia de amor, fantasías sexuales y desajuste con la realidad, en ambiente berlinés y bohemio, en los tiempos inmediatamente anteriores a la caída del Muro. El protagonista imagina un futuro estable y feliz, pero se estrella contra la realidad (sábado 16).
El Centro (Die mitte). Alemania 2004. Director, Stanislaw Mucha. ¿Donde está realmente el centro geográfico de Europa? Una docena de pueblos y ciudades reclaman ese honor, y este divertido documental, grotesco y tragicómico, se pone a investigar quién tiene razón (domingo 17).
La puerta del paraíso (Gate to heaven). Alemania 2003. Director, Vit Helmer. Con Masumi Mkhija, Valera Nikolaev, Miki Manojlovic. El aeropuerto de Francfort es una ciudad en sí misma, y en el área de refugiados se encuentran el ciudadano ruso y la joven india que quiere traer a su pequeño hijo a Alemania. Una serie de equívocos dan lugar a una historia con frecuencia conmovedora (lunes 18).
Sentimientos mortales (Wa nuetz die liebe in gedanken). Alemania 2003. Director, Achim von Borries. Con Daniel Bruehl, August Diehl, Anna Maria Muehe. Un complicado entramado de relaciones amorosas, algunas visibles, otras secretas y sorprendentes, que estallan en medio de una explosión de alcohol, música y celos. El drama de cuatro jóvenes atrapados en un remolino de sentimientos encontrados (martes 19).
El milagro de Berna (Das wunder von Bern). Alemania 2003. Director, Soenke Wortman. Con Peter Lohmeyer, Louise Klamroth, Peter Franke. En 1954, antiguos prisioneros de guerra alemanes están volviendo de la Unión Soviética. El reencuentro con su padre verdadero, arroja una sombra sobre la ida de un niño de 11 años que ha encontrado una familia sustituta en el equipo de fútbol local, y sueña con el mundial de Suiza (miércoles 20).
Contra la pared (Gegen die wand). Alemania 2003. Director, Fatih Hakin. Con Mai Seck. Un intento de suicidio envió al protagonista a una clínica psiquiátrica. El hombre entiende que debe cambiar de vida, y el matrimonio se presenta como una solución. La historia de amor que se desencadena tiene sus sobresaltos, y pretexta otra ojeada del director Hakin a su comunidad germano-turca (jueves 21).
Setiembre (September). Alemania 2003. Director. Max Faerberboeck. Con Joerg Shuettauf, Sölvei Armarsdottit, Nina Proll. Ocho personajes se encuentran y desencuentran tras los atentados del 11 de setiembre en Nueva York y Washington. Vienen de mundos diferentes, los cruces son apenas chispazos, reflejo de una realidad caótica y tumultuosa llamada globalización (viernes 22). *
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