Tiene la palabra

Carta abierta al senador José Mujica

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Después de haber oído decir al senador Mujica que él debatiría hasta con la Mona Chita, decidí escribir lo que sigue.

Estimado senador:

No puedo evitar enviarle esta carta abierta. Porque cuando los afectos son tocados en sus fibras más sensibles, nadie puede acallar su dolor. Además, mi condición femenina de género me vuelve más inclinada a expresar mis sentimientos.

He quedado destrozada por la noticia de que usted no podía debatir con nadie. Porque yo había pensado que usted, cuando pensó en una verde cancha de fútbol, lo había hecho pensando en mí, en mi bienestar psicológico en el momento del debate. Usted conoce mi amor por la naturaleza, mi ecologismo congénito, mi limpia trayectoria. Usted sabe que nunca uso ni me beneficio de elemento contaminante alguno.

Senador Mujica: yo soy una ferviente admiradora de usted. Si se hubiera aprobado el proyecto de ley sobre el voto consular, yo lo votaría desde mi apartada comarca con toda mi alegría.

Yo le pido que usted haga lo imposible para que la Mesa Política reconsidere su negativa al debate, para mí, desgarradora. Yo entiendo que el Dr. Tabaré Vázquez se niegue a debatir con el Dr. Jorge Larrañaga. Yo comprendo al Dr. Vázquez. A pesar de su nombre charrúa, él es un hombre de la ciudad, un hombre de una extremada sensibilidad. Piénsese en que él está siempre atendiendo a personas dolientes y en circunstancias especialmente difíciles.

Con esta personalidad, es comprensible que el Dr. Larrañaga lo intimide con su guapeza. El Dr. Larrañaga es un hombre de a caballo, de tierra adentro, un hombre acostumbrado a lidiar con bravíos equinos.

Yo me imagino al Dr. Larrañaga como patrón de una pulpería, sirviendo las más recias bebidas alcohólicas a los montaraces más indomables.

También me lo imagino comandando aquellas grandes parrilladas de barrio hoy desaparecidas, en las que había un asador todopoderoso, cuchilla en mano, desafiando el fuego, las reses y parroquianos hambrientos con tanto ímpetu como pericia.

Por todo esto, creo que es muy comprensible que el Dr. Vázquez experimente un razonable temor de debatir con el Dr. Jorge Washington Larrañaga.

Y que a usted no le permitan debatir con el senador Luis Alberto Heber también lo comprendo. Usted sabe que el senador Heber es un hombre de Lacalle, aunque ahora sea de Larrañaga. Pero el caso conmigo es muy distinto. Yo no debatiría de verdad con usted. Yo no le traería a colación la guerrilla urbana, el marxismo-leninismo, la ETA, los episodios del Filtro ni el terrorismo internacional. Ni intentaría equiparar la Revolución cubana con el gobierno posible del Frente Amplio.

Más que debatir, yo fingiría discrepar con usted sólo para que usted mostrara toda la riqueza humana que usted ha ido atesorando en el morral de su corazón. Yo no soy tan humana como usted, pero sé apreciar qué es lo verdaderamente humano. Nunca se dijo de mí que soy la mejor amiga del hombre, pero bien ha quedado documentado en el celuloide.

En nuestro debate, yo le tiraría los mejores centros para que usted metiera los goles más impensables para el mismísimo Maradona.

Más que un debate, lo nuestro sería una charla de amigos. Usted y yo alegraríamos a grandes y chicos, a débiles y a poderosos, porque ni usted ni yo querríamos ofender a nadie.

Después de nuestro debate, nos daríamos un gran abrazo, y todo el pobrerío se llevaría algo para sus modestas ollas, como usted bien dijo.

Y, además, creo que le agregaríamos al Frente Amplio algunos puntitos porcentuales hasta en las encuestas más conservadoras. Por tanto, senador Mujica, le ruego que haga conocer a sus compañeros mis sentidos argumentos y mis nobles intenciones.

Con mi cariño de siempre,

LA MONA CHITA – CI: 2.763.169-4

 

¿De qué quieren debatir blancos y colorados?

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Parece ser que los candidatos presidenciales de la coalición rosada (blancos y colorados) tienen una idea fija en sus respectivos cerebros. Debatir, debatir. Pregunto. ¿Para qué? ¿Al santo de qué? Es una aberración total. Innecesaria. De la A a la Z. Un verdadero disparate. Sería hacer el ridículo. Un show/comedia/teatro de pacotilla. ¿Qué se sacaría en limpio? Nada. Absolutamente. Gritan desaforadamente que en otro país se hace. Puede ser. Pero no estamos en otro país. Estamos aquí. En Uruguay. Con otras costumbres. Además voy a refrescar memorias y destrabar neuronas atascadas. El doctor Vázquez ha dicho hasta el cansancio, por todos los medios habido y por haber, invitado a exponer sus planes ante comunidades y colectividades, todo lo que la gente quiere saber. En cuanto al doctor Larrañaga, como al escribano Stirling, que al día de hoy y por pocos días más son gobierno, mi reflexión y pregunta es: ¿qué hicieron en los últimos 3 años? Un lustro. Está a la vista, señores. Somos adultos. Creciditos. Grandecitos. Arruinaron el país. Lo arruinaron. No es «guapeando» y lanzando enternecedores slogans, acompañados con discursos preparados por técnicos, que se enfrenta una elección. Con solo mirar lo que hicieron, asunto terminado. ¿Debatir? ¿Qué van a decir en debate? ¿Acaso creen que los ciudadanos somos tontos? O piensan que el señor Dios les tendrá sus manos. Estén tranquilos. Se las tenderá. Lo hecho, hecho está. Y las palabras se las lleva el viento. Creo, firmemente que está todo dicho. Bien debatido. Utilicen vuestro tiempo en cosas provechosas para la Nación. Eso sí importa. Y mucho. Mis cordiales saludos.

CARMI RAUCH – CI: 866.784-6

 

Diálogo tajante

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* P) Amigo Don Plinio, le vine a visitar para hablar de política. Sé que usted es el más inteligente de los Berrutti y no se lo digo para pedirle nada porque sé que no tiene nada.

R) Muchas gracias.

P) Tenemos dos carreras importantes. La «penacha» chica en el pago y la carrera grande en el país. Qué me dice de la «penca» del departamento.

R) Bueno. Aquí en Rivera, según me dicen, enfrenan tres parejeros. El colorado de Guido en yunta con el alazán de Riesgo; el tordillo de Padern en yunta con el azulejo de Romero y por otro lado el picazo de los pobres, como le dicen. A mí me parece que el colorado de Guido los pela a todos. En la yunta de blancos la cosa será reñida. Dicen que el viejo Padern puso de piloto a un ahijado de «Pererinha»; si tiene la «muñeca» del padrino, el tordillo lo pela al alazán.

P) Usted cree que el picazo puede arrimar…

R) Creo que sí. Es la «bucha» de la carrera, tiene mucha aparcería y dicen que hasta los bayanos lo vienen a jugar.

P) Hábleme de la carrera grande. Usted sabe bastante porque su padre llevó «Mi Tocayo» y los peló a todos en Maroñas.

R) Es verdad. Le hablo como colorado que usted sabe que soy de nacimiento. Para mí ese doctorcito Tabaré, levanta la «penca» grande. La gente no aguanta más. Han robado tanto que si seguimos así, los «gringos» se quedan con todo.

P) Gracias, Don Plinio. Por lo menos, en Rivera ganamos con Guido y no guardamos la bandera Colorada.

PLINIO BERRUTTI

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