"La aldea": el silencio de los inocentes
También aquí, como en sus realizaciones anteriores, Shyamalán reafirma su predilección por narraciones de corte sobrenatural que juegan todas sus fichas en la elaboración de climas inquietantes, una cámara sugerente y por supuesto alguna que otra vuelta de tuerca incluida. Es probable, sin embargo, que esta idea de una villa alejada del mundanal ruido a fines del Siglo XIX, donde sus habitantes no traspasan las fronteras del bosque por miedo a las criaturas que allí habitan, presente varios cabos sueltos a la hora de su resolución. De todas maneras, este filme corresponde a ese tipo de realizaciones donde lo que más interesa es la manera en que se cuentan los acontecimientos y no el acontecimiento en sí mismo.
En este sentido es justo reconocer la habilidad del cineasta hindú para ir armando las piezas de un libreto que pueda otorgar cierta cuota de credibilidad a una historia que, en su conjunto, no admite el menor rigor de análisis. Aquí está, precisamente, esa pericia para envolver al espectador; esa forma especial de relatar lo improbable sin dejar que la atención decaiga aunque no convenza, en definitiva, cuando el largometraje cierre su ciclo.
El propio director ha señalado sus gustos por cuentos fantásticos (como los que aparecían en la clásica serial Dimensión desconocida nombrada al principio de esta nota) y las historietas de donde muy posiblemente haya tomado ideas para sus propias producciones. De todas maneras, La aldea (The village) no deja de ofrecer ciertos trazos atendibles relacionados con los tabúes de la comunidad (ese silencio de los inocentes que prefieren no hablar de «aquello»), una lectura que puede dispararse a diversas interpretaciones sobre creencias, manipulación de masas y pautas de conductas basadas en credos no racionales pero que rigen la conducta humana. No obstante, puede ser que muchos espectadores salgan algo defraudados de esta experiencia cinematográfica; es que Shyamalán no apela al golpe de efecto insustancial ni los efectos especiales de la tecnología o el derrame gratuito de hemoglobina. Su estilo apuesta a generar espacios inquietantes dentro de lo cotidiano, manejando tiempos rigurosamente calibrados para la pantalla grande y generando una zona limítrofe (mínima, casi intangible) entre lo real y lo esotérico. De ahí que algunos elementos anecdóticos (una ciega que, como Caperucita Roja, cruza el bosque o el aislamiento «real» de un pueblo a espaldas del mundo) puedan tolerarse como detalles menores y hasta olvidables. Una suerte de justificación que solo se dará en los incondicionales del creador de El sexto sentido. Los profanos deberán abstener o desilusionarse. *
La aldea (Estados Unidos; 2004) Escrita, producida y dirigida por N. Night Shyamalán. Con William Hurt, Sigourney Weaver, Joaquim Phoenix y Adrien Brody.
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