El vuelo de las cenizas
Este sentimiento es una suerte de agente patógeno que ha infectado a la humanidad durante siglos, barriendo con civilizaciones y ricas culturas de otros tiempos.
El fenómeno está asociado particularmente al autoritarismo, que suele hacer añicos los sueños de emancipación de los pueblos y sus proyectos de progreso político, social y económico.
Para abordar el análisis de esta patología humana, se requiere un afinado ejercicio reflexivo que logre descodificar las diversas connotaciones de las relaciones humanas y, muy particularmente, de sus conflictos de intereses.
En pleno tercer milenio, el odio que se alimenta permanentemente sigue inspirando muchos desastres, particularmente las guerras y sus siempre dramáticas consecuencias.
Hoy, el mundo afronta renovadas tensiones, representadas por las agresiones imperialistas perpetradas por el poder unipolar contra terceros países, como el pastoril Afganistán y el invadido y arrasado Irak.
Cotidianamente, al situarnos frente al receptor de televisión, observamos con estupor como un pueblo se desangre inexorablemente, ante la cómplice insensibilidad de muchos.
Las mega-cadenas informativas fuertemente controladas por el gran capital transnacional manipulan inmoralmente la verdad como si se tratara de arcilla.
Mientras nos abruman con descarnadas imágenes de los actos de violencia cometidos por algunos grupos integristas iraquíes, ocultan deliberadamente los criminales genocidios de las poderosas fuerzas de ocupación contra la población civil.
Cuando hace tres años sendos aviones impactaron contra las Torres Gemelas en Nueva York, la parafernalia mediática nos impactó con la crudeza de los testimonios visuales de la tragedia.
Sin embargo, poco o nada sabemos de las víctimas de Afganistán e Irak, países impunemente invadidos por las tropas de la primera potencia militar y económica del planeta.
Durante el primer debate preelectoral que enfrentó al presidente George W. Bush con el aspirante demócrata John Kerry, el mandatario norteamericano justificó todos los desaguisados cometidos durante su controvertido gobierno.
Cuesta realmente asumir que alguien pueda reivindicar los ataques con misiles u otras armas de alto poder destructivo, contra poblaciones integradas en muchos casos por mujeres, niños y ancianos.
Sólo el odio, que fue inoculado como un virus de laboratorio durante tres años en el tejido de la propia sociedad norteamericana, puede explicar conductas y actitudes tan deleznables.
Los pronósticos no pueden ser peores, en la medida que la comunidad internacional no asuma sus responsabilidades y haga prevalecer el derecho internacional, para detener de una buena vez la tan despiadada masacre que está consumiendo a Oriente Medio.
Aunque actualmente otras son las víctimas y otros los victimarios, es imposible soslayar la evocación de una de las más grandes tragedias de la historia contemporánea: el genocidio perpetrado por los nazis en la primera mitad del siglo pasado.
Ese episodio, que aún enluta a la humanidad, fue una de las peores expresiones de odio irracional de todos los tiempos, que determinó el exterminio de un pueblo.
En «El vuelo de las cenizas», la escritora uruguaya Susana Cabrera construye un relato tan removedor como conmovedor, que exhuma algunos de los más terribles episodios de esa masacre organizada.
Autora de recordadas novelas como «Los secretos del coronel», «Las esclavas del Rincón» y «La casa de los patios», esta autora compatriota ha logrado afirmar una fuerte identidad literaria, tanto en el género del relato histórico como en la ficción.
Esta nueva obra confirma sus virtudes narrativas, que conjugan una prosa directa y elocuente con un trabajo de investigación y acopio de información, que insumió más de tres décadas de elaboración.
Como en libros anteriores, Susana Cabrera sigue padeciendo algunas dificultades en el uso de la puntuación. Sin embargo, ello no obsta la potencia y la intensidad dramática que sabe imprimir a su escritura.
Aunque la autora no es judía y su mirada del holocausto tampoco lo es, el relato registra igualmente todo el drama de hombres y mujeres aniquilados por la barbarie del autoritarismo racista.
Al igual que otros títulos precedentes de la autora, esta novela discurre entre la realidad y la ficción, el testimonio y la anécdota. Muchos de sus personajes son obviamente reales y otros son el fruto de la creación literaria. Sin embargo, en todos los casos, la escritora logra una sugerente aureola de veracidad.
El protagonista central de la historia, que transcurre entre comienzos de la década del 20 y la posguerra, es un fotógrafo alemán, que relata el paulatino proceso de descomposición y destrucción de su propia familia judía.
A través de la relectura de las imágenes registradas con su cámara durante la pesadilla, este personaje reconstruye la trágica historia de padres, abuelos, hermanos, tíos y amigos, que en la mayoría de los casos fueron partícipes involuntarios de uno de los tiempos más oscuros de la historia de la humanidad.
El relato transita episodios históricos cruciales de la primera mitad del siglo XX en Alemania, como el fracasado Putsch de Munich, la prisión de Adolfo Hitler, la toma del poder por parte de los nazis, el comienzo de la pesadilla y la Noche de los Cristales Rotos, entre muchos otros.
Mientras reconstruye a través de los testimonios el crecimiento del embrión de la serpiente, Susana Cabrera describe el proceso de descomposición de la familia, infiltrada por el odio que ya gobernaba a la sociedad germana de la época.
Por boca de sus personajes, la novelista gratifica con elocuencia el desgarramiento del tejido afectivo, los conflictos y el terror que comienza a apropiarse de las voluntades.
Hay fuertes testimonios de las técnicas de exterminio empleadas por la demencia nazi, en los campos de concentración, la cámara de gas, los hornos crematorios y los hospitales psiquiátricos, donde se aniquilaba a los «enfermos», «débiles» o «inútiles» que debían ser purgados en aras de la «gloria» del Tercer Reich.
La narradora aporta una contundente descripción de las atrocidades perpetradas y de las humillaciones padecidas por las víctimas, durante una pesadilla que agravió la moral y la razón.
Para otorgar mayor veracidad a su relato, ensaya un minucioso análisis de las conductas de los verdugos, explorando la psicología de criminales como Goering, Goebbels, Himmler, Eichmann y Hesse, que integraron, entre muchos otros, el «selecto» séquito del alienado Hitler.
Susana Cabrera no soslaya alusiones a Eva Braun, la amante del fundador del nazismo. Este personaje femenino más bien oscuro y recurrentemente minimizado por la historia oficial, habilita también algunas interesantes lecturas.
Reproduciendo numerosos documentos de los juicio de Nuremberg, la novelista exhuma removedoras confesiones de los propios victimarios, que resultan por demás esclarecedores.
Otro tanto sucede con algunas víctimas sobrevivientes de la masacre, que aportan su propia versión acerca de lo sucedido en los tenebrosos campos de exterminio, los asesinatos masivos y los miles de cadáveres horriblemente acribillados y mutilados que yacían en las fosas comunes.
Las imágenes registradas por el fotógrafo, que se mimetiza entre los nazis para sobrevivir y recabar pruebas del crimen que aporta luego a los aliados, son también testimonios de múltiples historias personales y afectos amputados por el destino.
Susana Cabrera divide su prolongado relato en pequeños episodios, que no siempre están narrados respondiendo a un riguroso criterio cronológico.
«El vu
elo de las cenizas» no es una novela histórica, sino el crudo testimonio de un tiempo de oscurantismo para la humanidad, que la autora recrea con un rigor despojado de eufemismos.
Fiel a su estilo, Susana Cabrera otorga toda la prioridad y la atención a los personajes tanto los reales como los ficticios que bajo la intensidad de su pluma cobran vida propia.
Un bastón obsequiado por el excepcional compositor italiano Antonio Vivaldi, se transforma en un símbolo que pasa de mano en mano, como una suerte de legado destinado a preservar lazos afectivos que ni la barbarie logra destruir.
En medio del drama de una familia virtualmente mutilada por la demencia y el odio, que es el rostro visible de la gran tragedia de todo un pueblo engañado, sojuzgado y humillado por el autoritarismo, afloran igualmente el amor, la piedad y la solidaridad, como valores intrínsecos a la condición humana.
(Editorial Fin de Siglo)
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