ANTIGONA, DE SOFOCLES, EN EL TEATRO SAN PEDRO DE PORTO ALEGRE

En busca de Antígona, en Brasil

La amistad primero; pero también la admiración por su luminosa, clarividente concepción del teatro, por la consagración de muchas potencias espirituales a una verdadera religión del arte de las tablas, devoción concretada ya en las brillantes puestas en escena de «Almuerzo en casa de Ludwing W.» Y «La fuerza de la costumbre» de Thomas Bernhard.

Finalmente, nos mueve y nos conmueve su amor, casi un amor pasión, por nuestro país y nuestro teatro, que demostró tantas veces en el pasado, cuando dirigía los ocho primeros festivales de teatro Porto Alegre em Cena.

Con «Antígona» Luciano se acerca a la «Orestíada», que creemos, es su vórtice. Para él, como para Hiner Müller, el teatro es la tragedia; y tanto Voss como Caribaldi, los protagonistas de las obras de Bernhard, con su integridad cercana al delirio y su apenas soterrada voluntad de autodestrucción, son héroes trágicos. Falta un trecho aún, que recorrerá Luciano a su modo, paso a paso pero con firmeza irrevocable. En Antígona ha encontrado a la perfecta heroína trágica, al hombre, que conmovedoramente es una mujer, que se enfrenta cara a cara y desafía al destino y, si cuadra, a los dioses. Ya en los primeros diálogos su hermana Ismena le dice que, aunque lo consiga, está intentando lo imposible; a lo que Antígona replica serenamente que si no lo consigue es porque habrá muerto. Habrá de morir, pero cambiará a Tebas y triunfará sobre su sangre y su muerte. Naturalmente, hay en «Antígona» otros significados laterales. No es el menor la pasión, claramente incestuosa, de Antígona por su hermano muerto, Polinices; el personaje de Creonte, hermano de Yocasta, es un héroe trágico también, que representa sin claudicaciones el mundo del orden y de la convivencia humana, que el Eros de Antígona amenaza con subvertir. También aparece el conflicto entre los valores femeninos, el sentimiento y la fuerza de los vínculos familiares, que representa Antígona contra el mundo masculino de Creonte.

La dramaturgia es de Kathrin Rosenfeld, que escribió dos libros sobre Antígona, «Antígona, de Sófocles a Hölderlin» y «Sófocles y Antígona», obras que discuten la opinión convencional de la tragedia y su heroína y muestran «…el aspecto desconcertante y terrorífico de la bella y noble Antígona» y «su grandiosidad ambivalente». Rosenfeld contó con la traducción al portugués, en hermosos versos alejandrinos, de Lawrence Flores Pereira, donde es clara la decisión de restablecer el equilibrio entre los diálogos y los himnos cantados del coro. Su proyecto fue aceptado por las autoridades del Ministerio de Cultura de Brasil, pero la respuesta en el medio artístico fue que sólo dos locos podían poner en escena a la tragedia.

Un artista se revela en los detalles y Luciano logró armar y ensamblar en un estilo vivo, a la vez clásico y moderno, ornamental y pletórico de signos, una superproducción con treinta y cinco actores, una música incidental donde puede reconocerse a la Samba y a Strawinsky, a cargo de Arthur de Faría, los coros que cantan a la manera clásica, la coreografía de Carlota Alburquerque y el vestuario de Malú Rocha. En la actuación, fue para nosotros la revelación Evelyn Ligocki en un papel protagónico, y disfrutamos especialmente el tan exuberante como medido Tiresias de Mauro Soares. *

ANTIGONA, de Sófocles, en traducción de Lawrence Flores Pereira y dramaturgia de Kathrin Rosenfield. Con Evelyn Ligocki, José Baldiserra, Luciana Eboli, Mauro Soares, Arlete Cunha, Juliano Rossi, Livia Fernandes, Paulo Fernandes y Casemiro Azevedo. Bailarines: Angela Spiazzi, César García, Enio Mainardi, Gabriela Peixoto, Ni Bau y Rodson Duarte; Músicos Marcelo Corsetti (guitarra), Rafael Lima (saxo soprano, saxo barítono y percusión) y Ricardo Aranhaldt (percusión). Cantantes: Aurea Baptista, Cláudia Braga, Deisi Coccaro, Leandro Maia, Leonor Melo, Lívia Fernandes, Mateus Mapa, Paulo Fernandes, Rodrigo Siervo, Rodrigo Scalari, Vanessa Londoni y Vivian Schaffer. Escenografía de Davi Ribeiro y Luciano Albarse, coreografía de Carlota Alburquerque, banda sonora de Arthur de Faría, dirección musical de Marcelo Delacroix, iluminación de Cláudia de Bem, vestuario de Malu Rocha, asistente de dirección Joao Ricardao, dirección de Luciano Alabarse. En teatro San Pedro de Porto Alegre, estreno del 6 de agosto.

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