DESDE HOY PODRAN VERSE VARIOS FILMES NUNCA EXHIBIDOS EN NUESTRO PAIS

El cine coreano en Cinemateca 18

S e trata de un proyecto de ida y vuelta: al mismo tiempo que se presentan estos filmes coreanos en Montevideo, hay una muestra de cine uruguayo en Seúl. En ese mecanismo de intercambio cultural han intervenido la Embajada de Corea en Montevideo y la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería uruguaya.

El cine coreano dejó de ser desconocido para el espectador uruguayo gracias a algunas semanas previas presentadas a través de la Cinemateca, más algún estreno del ciclo Viva la Diferencia. Esta nueva selección de títulos de ese origen posee sin embargo algunas características especiales: se trata de presentar lo más nuevo y representativo de una cinematografía cuyo aprecio crítico internacional ha crecido en los últimos años, y figuran en ella algunos de sus autores más significativos.

En el correr de la última década, el cine de Corea del Sur conoció un desarrollo significativo. A sus espaldas había, empero, cien años de historia, aunque su primera mitad por lo menos es mal conocida: de hecho, solamente tres películas realizadas antes de 1946 han sobrevivido, y en realidad se trata de tres producciones japonesas de los tiempos de la ocupación.

Japón se había anexionado oficialmente a Corea en 1910, aunque su política de opresión colonial se alivió un tanto en los años siguientes. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial se produjo en Corea un movimiento de nacionalismo cultural (la Nueva Cultura) que comenzó en la literatura y el teatro y llegó al kinodrama, una manifestación escénica de raíces japonesas en la que una representación teatral se superponía a la proyección de una película.

La evolución del Kinodrama dio paso al cine propiamente dicho, y en los años veinte se señalan ya algunos filmes realizados por Kim do Saan, Yun Back Nm, Na Un Gyu y oytod; en los filmes de este último, sobre todo, se ha detectado una intención metafórica pero muy perceptible de protesta contra el opresor japonés. Durante la Segunda Guerra Mundial, Japón colocó a la infraestructura de producción coreana al servicio de sus propios objetivos propagandísticos.

La posterior división del país en una Corea del Norte comunista y una Corea del Sur capitalista, que como se sabe incluyó otra guerra oficialmente aún no concluida, generó en el Sur un renacimiento de la producción comercial que dio lugar en los años cincuenta a numerosos filmes policiales. Una legislación aprobada a comienzos de los años sesenta por el gobierno de Seúl fortaleció las estructuras de producción y proliferación de un cine «de géneros» (comedias, espionaje, otros). En esa época comenzaron a perfilarse los nombres de algunos creadores significativos: Yu Hyuh Mok, Shing Sang-Ok, Kim Syu Yoong, especialmente Kim Ki Young, llamado El Monstruo por sus transgresores filmes de serie B poblados de médicos brujos, mujeres violadoras, necrófilos y mariposas asesinas. Su cine ha sido revalorizado por la crítica de los años noventa, como transgresor y visionario.

Algo de esto y mucho más podrá verse entonces esta semana. *

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