En San Pablo, la bienal de la mafia
El alemán Alfons Hug se apoderó de la bienal en dos ediciones sucesivas amparado por un grupo de empresarios (los réditos económicos son sustanciosos) que conducen los destinos culturales de la ciudad. La ley de mecenazgo favorece a instituciones particulares (los bancos ocupan un lugar preferencial) y el arte es orientado según conviene a sus intereses en detrimento de la actividad de los museos oficiales que, con menos presupuesto, padecen de una parálisis organizativa, como sucede con el extraordinario Museo de Arte. Al igual que muchos directores de los institutos Goethe de diversos países, los funcionarios han reemplazado a los especialistas, a las personas cultas, aunque aspiran a ocupar cargos fuera de su competencia.
A la conferencia de prensa para críticos y periodistas extranjeros, en una pequeña sala (en otras épocas se hacía en el auditorio), asistieron solamente el presidente de la Fundación y el curador Hug. Pocas veces la pobreza de la concurrencia se hizo tan evidente. Lo peor fue que en las convencionales preguntas que se hicieron, quien esto escribe abrió el fuego interrogando al curador sobre el apoyo dado al regreso de la pintura y la razón de la misma. La contestación fue digna de un ignorante: es que en Estados Unidos volvió la pintura aunque en Brasil y América Latina dominan las instalaciones. Al querer insistir sobre el tema y la pertinencia de un lenguaje que, sin duda, se practicará siempre, aunque con escasa vigencia social, el director Hug negó esa posibilidad, circunstancia que se hizo notar al final, directamente al presidente de la Fundación y para que escucharan los asistentes, como antidemocrática y poco cristalina.
Es que Alfons Hug vive de espaldas a la realidad brasileña (no tiene ningún prestigio entre artistas y críticos ni se integró a la actividad artística local), ejerce un autoritarismo (demostrado en su visita a Buenos Aires) y una soberbia que contraría la convivencia dialogante con la sociedad. La 26ª Bienal es un fiasco total en su concepción y en el montaje. La paradoja radica en que lo mejor no está en el terreno de la pintura (de regular para abajo) sino en las instalaciones y videos, precisamente los lenguajes que niega el mediocre Hug.
Ya se señaló, en dos anteriores artículos, los nombres que importan entre 135 participantes.Vale la pena divulgar los testimonios fotográficos de algunos y recordar el video del español Fernando Sánchez Castillo (Madrid, 1970), titulado Rich cat dies of heart attack in Chicago (Gato rico muere de ataque al corazón en Chicago). Fue el título que el diario Correio da Manha abría su página en 1968 (como las recetas de cocina en otros países) cuando el presidente golpista Costa e Silva ordenó arrestos masivos e impuso una estricta censura a los medios de comunicación. Así, el video de 15 minutos, rodado en Madrid y Cádiz, articula diversas escenas de un hombre a caballo que arrastra una cabeza decapitada de una estatua de bronce. Su compatriota Santiago Serra, polémico representante de España en la última bienal de Venecia, también instala varias hileras de parlantes de donde surgen disparos de ametralladora. La política, que tanto parece detestar el señor Hug, contamina las obras con innovadora presencia y se opone a la autonomía del arte. (Tercera de una serie de notas sobre una visita a San Pablo). *
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