Colateral: La muerte viaja en taxi
El anzuelo del caso, en esta oportunidad, aparece de la mano de Tom Cruise, un babyface de Hollywood que aquí se tiñe canas para interpretar a Vincent, el siniestro matón que debe liquidar a varios testigos comprometedores a lo largo de una noche agitada en LA. La caracterización de Cruise justicia es decirlo resulta adecuada al perfil que se pretende establecer y marca una pequeña (y agradable) sorpresa, superando otros antecedentes menores en la trayectoria del actor, salvo algún chispazo esporádico en Entrevista con el vampiro y Magnolia.
Pero más allá de la sobria interpretación señalada, también se hace necesario subrayar la capacidad de Mann para tensar el relato en los momentos oportunos y lograr una caligrafía cinematográfica que atrapa al espectador desde un primer momento. Pareciera que este realizador (que ya mostrara sus matices transgresores en la pantalla chica con Vicio en Miami), posee un don natural para captar la esencia de una metrópolis y plasmarla en imágenes reveladoras. Esa contextualización lograda en Colateral hace de la ciudad de Los Angeles un personaje más en medio de una vorágine de acontecimientos compaginados con rigurosa habilidad. Con una linealidad narrativa tan contundente como económica, Mann resuelve un planteo signado por casualidades que entrecruza destinos y hace de un simple chofer de taxi (Jamie Foxx) el conductor rehén que debe llevar al sicario a cumplir con su misión macabra. De aquí en adelante, todo es acción pura y vértigo. Descontando al elegante criminal interpretado por Cruise y la peripecia existencial de Foxx como cómplice involuntario de esta serie de asesinatos, casi todo el resto de los personajes que cruzan la pantalla son esbozados por Mann en breves y luminosas pinceladas (en donde hasta el mismísimo Javier Bardem tiene su espacio como un capo del narcotráfico, junto con un no menos promocionado Mark Rúffalo como agente policial), apareciendo y desapareciendo, algunos literalmente, sin que el desarrollo pierda intensidades en su despliegue de los hechos que narra. De esta manera el relato continúa desarrollándose en un permanente estado de pureza, que no distrae ni agrega tiempos muertos, para sumar anécdotas que van integrándose al rompecabezas de una particular agenda nocturna.
A pesar que las intenciones de Mann puedan reducirse nada más ni nada menos que contar una historia y contarla bien, se haría necesario, sin embargo, rescatar ese universo (in)tangible que la película recoge casi sin darse cuenta. Un paseo por mundos y submundos que contrastan y se entrecruzan en frisos multirraciales ilustrados por una banda sonora de llegada plena al auditorio.
Es cierto, Mann no es Lynch ni Tarantino. Pero tiene una refinadísima cuota de calidad que atrapa y Colateral es uno de esos ejemplos. Vale. Colateral. (Estados Unidos, 2004). Dirigida Por Michael Mann. Guión: Stuart Beattie; Fotografía: Paul Cameron y Dion Beebe; Montaje: Jim Miller y Paul Rubell. Con Tom Cruise, Jaimie Foxx, Jada Pinkett, Javier Bardem y Mark Rúffalo. *
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