Tiene la palabra

A favor de Larrañaga

Señor Director de

LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* No se puede hacer política con energúmenos. Es ley de juego que se quiera ganar. Pero hay muchas maneras de hacerlo. Y es obvio, que el lograrlo o intentarlo con diatribas, calumnias o inventos delirantes conlleva la descalificación ética del que la hace, inventa o aconseja a hacerlo. Son perfectos energúmenos. Y es una lástima, lo he dicho y publicado en diferentes artículos que una relación de gobierno, gane quien gane, que se perfilaba en muchos aspectos en el programa ideológico y práctico, que se puede presumir sin exceso de optimismo, identificatoria con diversos movimientos nacionalistas latino indo americanos, que es en última instancia fundamental para el futuro libertario político económico del continente contra el imperio, se «pifie» o arruine por la «histeria nerviosa» de enfermos de odio y de poder. Soy blanco y como tal he sostenido, consustanciado con Larrañaga, que de ganar tendríamos que aunar un gobierno de entendimiento nacional. O en caso de perder ayudar y cooperar con un gobierno frentista que son los que se perfilan como rivales.

Una cosa es ser rival y otra muy distinta, enemigo. Conozco como es obvio el gaucho y a Tabaré también. Mantengo buenas relaciones y los considero objetivamente honestos a ambos. Supongo se pudieron sentar hasta hace una semana, en algún «boliche o pulpería» de campaña, a cambiar «figuritas» y estudiar soluciones para sacar al país de la crisis. Desconozco, es evidente, quien es el «débil mental» que programó esta campaña ridícula difamatoria sobre el gaucho. Comenzó con el «miente» Larrañaga y Batlle como titular periodístico, que obligó a Cancela a pedir disculpas, siguió con el absurdo y agresivo cargo por el subsidio usado incluso por el propio Nin Novoa y «reservado» por si acaso por Michelini y se agregó como frutilla en el postre un ataque personal repugnante contra Larrañaga y su familia con la «golpiza» a su esposa. Cualquiera de las otras como ser infamias, se pueden obviar sin olvidar, por un «ratito», pero esta última es definitoria. ¡Es muy jodida! En toda la exención y dimensión del término. ¡No solo miente y en el mismo artículo del pasquín se trata de «cubrir» con la referencia «se dice», evitando ulteriodidades penales, sin que es cobarde! Los que somos o han sido blancos de cuna, los «bien nacidos», jamás nos prestamos o hicimos esto! Pero, si algo es más grave desde el punto de vista práctico, el daño ético por lo absurdo y rastrero se da por traste, es la presunta muerte nonata (antes de nacer) de todo acuerdo «cordial» entre gente de buena fe. Que es en lo que en definitiva carecen de los «padres de la criatura». Si la patria necesita diálogos, se parte de Larrañaga y sus blancos la tendrá. Se ha dicho y se mantiene la palabra. Pero se estará acorde con las circunstancias. Larrañaga hizo responsable a Tabaré de los dichos de sus allegados. Vices, senadores, diputado y publicaciones. Y que conste que no hubo jamás agravio que partiese de nuestra colectividad. Me consta que agraviar no es el estilo de Tabaré, lo conozco. Pero lo permitió y es conocido el adagio que «quien calla otorga». Debió «pararlo» y no lo hizo. Con mucha buena voluntad se puede admitir argumentos tales como «lo sorprendieron», lo «ignoraba», no se lo «imaginó», etcétera. Pero ya empieza a tener tiempo suficiente como para expulsar o adoptar medidas ejemplarizantes contra energúmenos o falsarios. Por el buen nombre propio o incluso de su Frente. La ciudadana observa asombrada y repugnada la reacción futura. Mientras los blancos pasamos el «aviso» frontal, ensillamos los «tordillos» a guerra.

LEOPOLDO AMONDARAIN – C.I. 950.556-0

 

¡En contra de Larrañaga!

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* ¡Si hasta parece mentira! En el momento álgido de la tremenda lucha electoral, casi entrando en la recta final, comete (suponemos que en forma inconsulta con sus inteligentes asesores) el imperdonable error de solicitar los miles de dólares del subsidio por renunciar a su banca en el Senado…

La noticia, como reguero de pólvora, se ha difundido a lo largo y ancho de todo el país dejando al leader del Partido Nacional, como se dice vulgarmente, «regalado» a sus detractores y cabizbajos, dubitativos y muy preocupados a sus simpatizantes, a quienes tanto les habla de la austeridad que él no practica con el ejemplo…

Con la sagacidad e inteligencia que lo caracteriza, esta actitud a todas luces negativa de Larrañaga (y en qué momento) ya fue claramente analizada por Horacio Buscaglia en su afamada y ultraleída columna de LA REPUBLICA. ¡»Esto no se tapa con nada!» en el argot popular.

En el Frente no podemos desperdiciar en lo más mínimo este fatal descuido: la dejó «picando» doctor, con adecuada difusión en todos los niveles un «toquecito» y un gol importante que se suma a los que ya le hemos hecho. El Frente, seguro ganador, ¡lo puede hacer por una «goleada» espectacular!

UN OBSERVADOR SERENO – CI: 671.851-2

 

Lily Handler

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* El paisaje de Montevideo, y su guía telefónica, están salpicados de apellidos impronunciables llenos de consonantes absurdas.

Ese vestigio es lo que va quedando de un Montevideo en que durante muchas décadas se acumuló una colonia húngara cuyo grado de presencia no sospechan los uruguayos de hoy. Yo fui una incorporación tardía, pero todavía en mi infancia las cosas necesarias para la vida, como la cebada, la amapola o el cerdo ahumado, se compraban en el Mercado Central, demolido hace décadas, en cuya planta alta el húngaro era idioma oficial. Una cana al aire era almorzar al aire libre y pasar el resto del domingo en lo de Takács. Cortarse el pelo era ir al peluquero húngaro instalado en uno de los huecos exteriores de la Catedral.

Si había que arreglar el reloj, se iba a lo de Klein Zoli y al lado estaba, en lo que hoy es salón de quinielas, la librería de préstamo en que los Schulhof alquilaban, a vintén por semana, los libros en húngaro que mi madre devoraba.

En aquel Montevideo inmigrante, uno de los polos magnéticos del mundo húngaro era, sin discusión, el de los Handler. No estoy hablando de los tres hermanos Handler, de los que un viejo axioma decía, y no sé cuánto ha perdido de su verdad, que era muy difícil ser montevideano sin conocerlos. No: hablo de sus padres. Medio siglo atrás, la casa de los Handler, a no muchos metros de donde Lily acaba de extinguírsenos, vivía en domingos de puertas abiertas y casa repleta. Lily era reina sin boato ni aspavientos. Todo, alrededor de ella, era fuera de serie. Jorge Handler era un ingeniero húngaro que vino al Uruguay y aquí fue de todo antes de volver a ser ingeniero. Fue un ser inédito e inverosímil, y tal vez el ser humano más agudo que he conocido.

Aquí se encontró con la muchacha, bastante menor que él, que había venido adolescente con su familia, y de ella se enamoró como un chiquilín y siguió enamorado hasta la médula mientras vivió.

Ya acosado por la enfermedad que lo abatió, le pidió a Lily que lo ayudara a levantarse todavía una vez más, el minuto que necesitó para estar de pie mientras le declaraba solemnemente, besándole la mano, que le agradecía la felicidad que le había dado en la vida. Lily no era como él, sino su perfecto complemento.

El buen sentido común, simple y directo, le hacía apreciar todo sin vueltas ni recovecos. Navegó entre las cosas nunca im
aginadas que la vida le hizo ver y vivir con el timón de su inteligencia natural y llana, derecha en sus juicios y en sus afectos. Nunca aprendió a mentir.

Muchos años y muchas cosas le tocó vivir todavía, después de perder a su Jorge con el que, según dijo desde entonces, sólo esperaba reencontrarse cuando le tocara. Le ha tocado cuatro horas antes de cumplir noventa y cinco años. Hace muy pocos días, cuando no la rodeaban circunstancias que lo hicieran fácil, reflexionaba todavía sobre las muchas cosas hermosas que la vida le había brindado y lo afortunada que, en definitiva, había sido.

Somos muchos los que vivimos con dolor su partida. No somos tantos los que sabemos cuánto se va con ella.

SZERVUSZ, LILY.  CSOKOLLAK. NICOLAS GRAB

 

El que quiera creer que crea

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Expresó el Dr. Ramírez, en defensa del candidato del Partido Nacional, que el Dr. Tabaré Vázquez era responsable de que el semanario Brecha hiciera público que su defendido había pedido, al día siguiente de su renuncia como senador, el subsidio que le corresponde de acuerdo a las disposiciones vigentes, el cual fue otorgado sólo con la anuencia de Hierro y generosamente por 3 años, cuando pareciera dejando la ética de lado, que podría ser a lo más de un año.

La documentación de este hecho, conocido exclusivamente por el aludido y algún/os secretario/s de su confianza, llega al semanario mencionado por arte de prestidigitación del otro candidato aludido y con el mandato de su publicación.

No contento con ello, además utiliza una publicación de Paysandú esparciendo pajarotas (noticias falsas -para pajarones) denigratorias justamente contra su bien ganado apodo.

Y esta campaña de desprestigio va a continuar ya que quiere rescatar para su fuerza política todos los votitos rosaditos que abandonaron al partido coaligado

El que quiera creer, que crea. La libertad es libre y el quiera convertirse en coprófago, que lo sea.

LUIS MOLINA – CI:753.679-3

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