"LA HUELGA DE LAS MUJERES", DE ARISTOFANES Y VIÑAS, EN EL TEATRO VICTORIA

El sexo sin máscaras

La idea de la huelga de sexo cuyo fin es, paradójicamente, obtener más sexo a través de la paz, que Lisístrata impone mediante la firma de un tratado a los recios guerreros griegos, puede parecer un tanto ingenua, y está vertida en una trama sin mayores refinamientos; pero la lucha de los sexos, el componente de poder que colorea las relaciones sexuales y aún con toda la organización familiar, está más a la vista y más descarnadamente expuesta que en muchas oras de hoy; todavía podemos ver en «Lisístrata» la última batalla, claramente perdida, del matriarcado primitivo contra la transmisión patrilineal del poder. También es sorprendente la libertad de pensamiento, con la clara expresión verbal, de los deseos sexuales más crudos e inmediatos, y aún la libertad del lenguaje, sin duda mucho más audaz que los que suelen contener nuestros escenarios; y, si no recordamos mal, la versión de Imilce Viñas ha atenuado un tanto la zafaduría de Aristófanes. Su proclividad incoercible por el cotilleo y la murmuración, que es buena parte de su teatro, nos afecta menos porque lanza sus agudezas, como de costumbre, contra Eurípides; pero no caemos en la cuenta de que es tan provocativo e insolente como si Eduardo D’Angelo le tomara el pelo a Víctor Manuel Leites. Nos sobresaltan las pullas de Woody Allen sobre el ego de Norman Mailer en «El dormilón», nos parece excesivo que Mailer no le perdone a Tom Wolfe, no ya una inverosimilitud, sino ni uno solo de sus by pass de las coronarias; para no hablar de las atroces burlas de Marx contra un Lasalle que agonizaba. Hubo en el teatro Victoria con «La huelga de las mujeres» una ráfaga de frescura, y no sólo por la juventud de los intérpretes, que llegaba de la Hélade: un mini huracán que supo barrer la hipocresía y el temor provinciano que, por más que querramos negarlo, nos hiela y nos restringe.

Como en «Un marido ideal», Imilce Viñas ha elegido como intérpretes a los jóvenes; y sin ellos, sin ellas sobre todo, «La huelga de mujeres sería apenas creíble. Lucía Sommer se luce ampliamente en el papel de Lisístrata y se basta para llenar la escena; y tanto Bimbo de Pauli como Pepe Vázquez muestran sus reconocidas dotes de comediantes; pero todo el elenco, integrado en parte por estudiantes de teatro, actúa con elogiable seguridad de gesto y de dicción.

Viñas ha reconocido las dificultades del teatro Victoria y lo ha reducido a un teatro semifrontal, con los restos del escenario del teatro original y la mitad de la platea para el público, en formas de gradas, con algunos asientos laterales; todo ello con una eficaz escenografía de Adán Torres. Se cumple la frase de Verdi: volvamos a lo antiguo y será un progreso. Así limitado, el teatro Victoria funciona; pero entonces sobre el doloroso desmantelamiento del monumento histórico de Adams por los responsables de su actual diseño. Como directora Imilce Viñas reitera sus virtudes: concisión, ritmo, soltura, vivacidad, exactamente lo que Aristófanes necesita. En lo demás, tenemos un aplauso especial para el alegre y vistoso vestuario de Felipe Maqueira. *

LA HUELGA DE LAS MUJERES, recopilación libre de textos de Aristófanes «Lisístrata» y «La asamblea de las mujeres» por Imilce Viñas, con Lucía Sommer, Carolina Quercia, Moriana Pena, Carina Méndez, Horacio «Bimbo» Depauli, Felipe Dibarboure, Diego Caubarrere, Yoni Kur Alejandro Paz, Damián Salvetto, Ana González, Marina Parma, Lucía Rodríguez, Jandira Tavares, Patricia Tiscornia, Paola Vega, Natalia Vianna, Pepe Vázquez, Federico Longo, Pablo Modernell, Marcelo Martínez, Rafael Lavin y Rodrigo Peluffo. Escenografía y luces de Adán Torres, vestuario y utilería de Felipe Maqueira, música y dirección musical de Fernando de Moraes, dirección general de Imilce Viñas. En Teatro Victoria.

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