Tiene la palabra
Un trago pendiente, Raúl
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Primero conocí a Raúl por sus múltiples artículos allá en los tiempos en que salíamos de la dictadura y todo parecía indicarnos que entraríamos en una primavera general. Luego, por sus Puntos de apoyo, aquel libro de poemas que publicó creo que en 1987, no lo recuerdo con exactitud. Un libro cargado de referencias y referentes culturales que él amaba con devoción, que desnudaban su inquietud y su avidez, su gozo por los buenos creadores, su propia entrega ante todo lo que fuera fenómeno artístico.
A fines de abril de 1988 fuimos presentados en la redacción de LA REPUBLICA. Por aquel entonces nuestras preferencias estéticas tenían más puntos divergentes que convergentes, pero allí nos sentamos a trabajar juntos y a los pocos días nos habíamos convencido de que ambos necesitábamos del otro. Prácticamente lo obligué a leer Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, pero él hizo algo mejor aun: me prestó Catedral, de Raymond Carver, al que yo conocía sólo de nombre y que con el paso del tiempo se convertiría para mí en un escritor casi bíblico.
Durante un año entero nos compartimos, junto al otro amigo de fierro que cerraba la trilogía de planta de la sección cultural del diario, Gustavo Iribarne. Entonces, además de compartir libros y discos, también compartimos boliches y tragos y cuitas de amor más o menos furtivas, más o menos perecederas, más o menos esenciales. Cuando a mediados de 1989 yo marché para la secretaría de redacción del semanario Zeta, fue uno de mis primeros entrevistados, en la seguridad, además, de que compartíamos también afinidades partidarias, mucho más perecederas, por cierto, que las cuitas de amor. Tiempo después, y gracias a su fervorosa mediación, volví a las páginas que él ya dirigía y me ocupé de la sección literaria. Volvíamos a ser los tres de siempre, Gustavo incluido.
Cuando en 1994 decidió marcharse para Maldonado, yo tenía menos cuitas y más seguridades, pero él había comenzado a escapar de algún raro tipo de sombra y había decidido buscarse en un lugar otro que este Montevideo que no lo terminaba de comprender. Estuvimos diez años sin vernos, hasta que hace un tiempo me enteré de que había vuelto a esta esquiva ciudad, y de inmediato lo llamé al diario. Fue una alegría escuchar su voz y saber que estaba aquí no más, cerquita. Entonces nos prometimos, a la más urgente oportunidad, tomarnos una y contarnos las cuitas que habían vuelto a aparecer. Dos veces lo llamé, dos veces quedamos en combinar una salida -obviamente El Lobizón-. En el recital de la estupenda Liliana Herrero, ya con el espectáculo comenzado y en la penumbra de la sala Zitarroza, nos vimos fila por medio y nos dimos un enorme abrazo que llamó al enojo a algunos espectadores cercanos, pero él estaba trabajando y de pronto desapareció, seguramente rumbo a la redacción para dejar escrita su nota.
Fue Gustavo quien me llamó el domingo a la medianoche para darme la noticia, y no le pude creer. Tuvo que darme detalles, tuve que interpretar su voz quebrada para aceptar la veracidad de lo que me estaba contando.
Y ahora, a poco de regresar del Cementerio del Buceo, y puesto a escribir estas líneas sólo para no ponerme a llorar como un niño, trato de consolarme, de pensar que es cierto aquello de la salvación por las palabras, aquello de lo que hablaba Omar Prego y de lo que Raúl también estaba profundamente convencido.
Es sólo un trago, nada más, lo que nos quedó pendiente. Y como decía Chico Buarque, ya nos emborracharemos juntos, Raúl, hasta que alguien nos olvide.
HUGO FONTANA
Hasta cualquier momento, Raúl
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* El sábado fue la última vez que vi a Raúl. Nos habíamos quedado hasta cerca de la medianoche haciendo el cierre de la sección, y nada hacia presagiar el desenlace fatal de horas más tarde.
Conversamos de todo un poco. Pero a él, lo que lo tenía más preocupado y diría hasta feliz, era que el domingo tenía que festejar el primer añito de su nieta.
Esto lo desbordaba. Se le veía entusiasta, con fuerza de acometer un acontecimiento familiar que, para él, era mucho más que eso. Era como el nacimiento a la vida misma.
Y me lo reiteró más de una vez.
Pero en ningún momento dejó de atender, como siempre lo hacía, en forma cuidadosa, profesional, implacable hasta el último detalle, el material que debía salir al día siguiente.
Por su planteamiento, por su profundidad, por su agudeza y su fina sensibilidad en sus artículos, lo ubicaban como un escriba mayor. En sustancia era un poeta, y así se reflejaba en sus notas.
Era además, un compañero a carta cabal. Siempre dispuesto a brindar sus conocimientos, su talento y su entrañable vocación de comunicador, cosa que hacía sin miramiento alguno.
Esa noche hablamos de diversas cosas.
Nos preguntamos de cómo estaría pasándola Jorge (Yuliani) que estaba internado tras pasar un momento difícil.
Era su entrañable amigo, su compañero de tareas y su confidente.
Hablamos de fútbol, otra gran pasión de Raúl. De su sobrino, Diego, que creo era un orgullo íntimo que lo guardaba bien arropado en su corazón.
Hablamos de emprender propuestas en común. Nos planteó integrarnos a una idea que entendía tenía en el debe y quería cristalizarla a la brevedad.
Y a su vez, le trasmití una iniciativa, que lo entusiasmó sobremanera.
Quedamos de profundizar en ellas. Me dijo: «El lunes nos sentamos y conversamos tranquilos».
A medianoche del domingo, me llegó la terrible e implacable noticia de su muerte.
No creía en ello. Me costaba hacerme a la idea, que, quien unas horas antes habíamos estado trabajando juntos, y hablando, entre otras cosas, de ese suceso familiar que lo tenía eclipsado por su ternura, había dejado de pertenecer al mundo terrenal
Al igual que al resto de quienes fuimos sus compañeros nos cuesta aceptar su ausencia.
Duele porque se nos fue en su mejor momento de esplendor periodístico.
Y qué paradoja, su gran corazón dejo de latir, justo en el Día del Corazón.
Nadie puede discutir que Raúl Forlán fue un innegable hacedor de la cultura, e hizo de ella una verdadera profesión de fe.
Para quienes compartimos el trabajo, y fogosamente leíamos sus exquisitos y enriquecedores artículos, nos queda la sensación que nos sigue acompañando día a día.
Por eso y por muchas cosas más, y como la muerte es tan artera y maldita, es que no te digo adiós Raúl, si no, hasta cualquier momento.
MARIO DELGADO GEREZ
Junto a LA REPUBLICA ante doloroso momento
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Lamentamos profundamente el fallecimiento de Raúl Forlán, entrañable amigo y colaborador. Estamos junto a ustedes en tan doloroso momento.
DIRECCION Y PERSONAL HOTEL SAN RAFAEL
Una lágrima por Forlán
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Cuando leí la tapa del diario, se me cayó una lágrima antes de terminar la noticia. Nunca pensé que en la recorrida de lectura de cada día en el kiosco de la esquina me esperaría un dolo
r como este.
No fue ni uno de sus más dilectos amigos, ni alumno. Sí uno de los que lo admiró y aprendió con él.
No me era posible pasar por Punta del Este sin saludarlo y charlar aunque sea unos minutos.
Como soy muy malo para la música y el cine, en realidad hablábamos de la vida y del fútbol. Y a veces de alguna recomendación que Raúl me hacía para desasnarme.
Lo aprendí a querer cuando estando ambos en Punta del Este logró sacarme de las luces fáciles y vacías del jet set y el mundo de papel crepé en el que estaba envuelto por mi trabajo en Oxígeno, para charlar largo y tendido en los fondos del San Rafael. O antes, cuando compartimos horas de trabajo en LA REPUBLICA.
Sigo sin convencerme de que sea el mismo Raúl Forlán Lamarque el que estaba en la tapa del diario del lunes. Pero hay tres datos que hacen de esta realidad algo irrefutable: las palabras de Fernán Cisnero en El Observador del martes, que son las que yo habría querido escribir, y las de Rafael Bayce en LA REPUBLICA. La Tercera es que Raúl Forlán Larmaque hubo uno solo.
FERNANDO TETES – CI: 1.491.767-5
El Liceo Nº 1 de Paysandú debe llevar el nombre de la Q. F. Elida Heinzen
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* El día 3 de mayo de 1996 la edila del Partido Colorado, Prof. Diva Masdeu de Firpo planteó en la Junta Departamental de aquel entonces, fundamentando su moción con muy sólidos argumentos, que se diera el nombre de la química farmacéutica Elida Heinzen al Liceo Nº 1 de Paysandú, moción que se aprobó por unanimidad (30 en 30).
Dicha moción pasó a la Comisión de Cultura que el 15 de mayo se manifestó en total acuerdo con la moción anterior, puesto que era un reconocimiento a una docente ejemplar que ejerció el cargo con singular solvencia, dedicación y cariño durante 17 años, único caso de tan prolongada trayectoria. Y se sugiere plantear a los señores diputados por el departamento para que el Parlamento nacional lo apruebe.
Pasado el tiempo, en el año 2001, el doctor Hugo Merello, ya fallecido, expresó ante varios colegas «debemos hacer un homenaje a Elida antes que nuestra generación, la que trabajó a su lado, desaparezca». Por esa razón se iniciaron reuniones de docentes y administrativos jubilados y se formó una Comisión que iba a trabajar para lograr la denominación esperada.
El señor Raúl Amábile recopiló notas de El Telégrafo, redactó una larga carta donde expresaba toda la actuación de la química farmacéutica Elida Heinzen: en primer lugar él destaca los logros en relación a las mejoras del local liceal y luego distingue las realizaciones como directora en relación con el estricto control del Instituto, con las actividades extra curriculares (formación del Coro Estable, Festival de Coros del Litoral; Taller de teatro; exposiciones, conciertos y un largo etc., que sería largo enumerar).
Pasó el tiempo… Se reunieron firmas de los jubilados y de los actuales docentes para lo cual se debía concurrir a la casa del profesor Bertachi (1)
En setiembre de 2003 el presidente de la República, doctor Jorge Batlle, decretó que se designara al Liceo Nº 1 de Paysandú con el nombre de la química farmacéutica. Faltaba aún la aprobación en diputados, cosa que se logró por gestión de los diputados sanduceros, señores Obispo y Mello.
Se pidió a un experto en diseño que dibujara las letras que se iban a colocar en el frente del edificio liceal y se solicitó a la Intendencia la realización de las mismas.
El señor Bertil Bentos se comprometió a ello.
Hoy sólo falta la aprobación del Senado para que esta película tenga un final feliz.
¿Será posible?
Atentamente,
NG – CI: 520.639-8
ZB – CI:1.297.317-6
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