¡Mamá, otra vez sopa!
Su autor, Joaquín Salvador Lavado, Quino, no sospechaba entonces que las reflexiones puestas en boca de este personaje serían traducidas a 26 idiomas (desde el japonés, italiano y portugués, hasta el griego, francés y holandés), y que sus libros venderían, sólo en Argentina, 20 millones de ejemplares.
Pasaron cuarenta años desde aquella historieta inicial y veinte desde que Quino la dibujó por última vez. Sin embargo, sigue tan vigente como entonces. Los diez únicos libros de la serie continúan reimprimiéndose una y otra vez en todo el mundo.
La primera aparición pública de Mafalda tuvo lugar hace más de 35 años, el 29 de setiembre de 1964, en la revista «Primera Plana».
En su caso, la partera no dijo: «Señora, ¡es un varón!», ya que el flamante personaje que con los años se transformaría en un estandarte de lucha por la igualdad social es una niña, bastante crítica en su opinión y que aparte, no le gusta nada la sopa.
«¿Por qué mujer? No lo sé. Al principio uno no se detiene a pensar en esas cosas?», confiesa Joaquín Lavado, Quino, el creador de Mafalda.
El dibujante tampoco se había puesto a pensar, cuatro décadas atrás, que las ideas de esta niña tan ingeniosa como irreverente, tan reflexiva como contestataria, iban a recorrer el mundo. No sospechó que un día el escritor Julio Cortázar llegaría a decir: «No tiene importancia lo que yo pienso de Mafalda. Lo importante es lo que Mafalda piensa de mí». Mucho menos que aunque la URSS haya desaparecido, lo mismo que Los Beatles y la guerra de Vietnam, el mensaje de Mafalda seguiría manteniendo la misma dosis de genialidad y, sobre todo, de actualidad.
Quino jamás imaginó que ese ser diminuto y genial, con una inteligencia y sagacidad inmune a los razonamientos adultos y apenas rodeada de un apropiado universo infantil, elevaría la historieta a la categoría de «cuentos morales».
Para Quino -dueño de una genuina modestia-, todo empezó por casualidad y sin que él se propusiera ninguna grandeza: «En realidad Mafalda iba a ser una historieta para promocionar una nueva línea de electrodomésticos llamada Mansfield. La agencia Agnes Publicidad le encargó el trabajo a Miguel Brascó, pero como él tenía otros compromisos, me lo pasó a mí. Esto fue en 1963.
Pero la campaña nunca se hizo y las ocho tiras que dibujé quedaron guardadas en un cajón. Hasta que al año siguiente Julián Delgado, secretario de redacción de «Primera Plana», me pidió una historieta. Entonces rescaté esas tiras y bueno, ahí empezó todo».
En cuanto al exótico nombre de Mafalda surgió de la versión cinematográfica de la novela «Dar la cara», de David Viñas. En una escena de esa película aparece un bebé dentro de un moisés que se llama así, y Quino adoptó el nombre.
El humorista, próximo a festejar los 40 años de su obra maestra, confesó que no puede dibujar sobre temas muy trágicos como los actos terroristas o la guerra de Irak pese a que se siente obligado a hacerlo.
«Me resulta difícil trabajar con temas como el de los atentados terroristas. ¿Qué hacés frente a una cosa así? ¿Cómo la tratás?», afirmó el artista.
A su vez, ratificó su apego a la actualidad como una de sus mayores fuentes de inspiración, de la que dice abrevar tanto en los medios de comunicación como escuchando a la gente en la calle o leyendo cartas de sus lectores.
«Muchas de las cosas que le molestan a la gente son las que me molestan a mí, entonces mi forma de protestar es a través de mis dibujos. Mis temas preferidos tienen que ver con la relación entre el poder y la gente, la indiferencia frente a los dramas sociales, la burocracia, la corrupción… cosas que me indignan» declaró finalmente el humorista. *
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