Homenaje a un poeta mayor
A cien años de la muerte de Neruda llega a nuestro país «Sucede que voy a vivirme», título que llevará la exposición divulgativa en honor al poeta chileno.
La inaguración será el jueves 30 del corriente mes a las 19:00 horas en el Centro Cultural España en su cede central de la Ciudad Vieja. La muestra tratará las tan variadas y reconocidas obras de Pablo Neruda, entre ellas estará la interpretación y explicación literaria de «El canto general» que es un conjunto de poemas de Pablo Neruda, creados por los años 40 que versan sobre la lucha de los pueblos americanos por su libertad desde que fueran conquistados. Contiene importantes series de poemas del poeta Premio Nobel, como «Alturas de Macchu Picchu», «Los Conquistadores» o «América, no invoco tu nombre en vano», entre otros de un total de quince capítulos.
Como cónsul general de Chile en México, Pablo Neruda llegó a la capital azteca el 16 de agosto de 1940, llevando con él una parte del «Canto General de Chile», que era el título inicial del poemario que más tarde se universalizaría abarcando la América completa, unida por el mismo sentimiento libertario y el del propio poeta.
La exposición contará también con dos conferencias informativas a cargo de los escritores Volodia Teitelboim que fue biógrafo del poeta (Neruda, 1996) y Antonio Skármeta (El cartero de Neruda). Skármeta publicó recientemente un libro que es descrito como homenaje al Premio Nobel chileno repasando la vida y obra de Pablo Neruda, sus comienzos, ambiciones y estímulos que llevaron a que se consagrara como uno de los poetas mayores de todos los tiempos.
La investigación y la confección de la muestra está a cargo de la curadora Sonia D’Alessandro y se eligió esta fecha porque coincide eventualmente con el centenario recordatorio de la muerte del reconocido escritor.
«Antes de la peluca y la casaca
fueron los ríos, ríos arteriales;
fueron las cordilleras, en cuya onda raída
el cóndor o la nieve parecían inmóviles;
fue la humedad y la espesura, el trueno
sin nombre todavía, las pampas planetarias.
El hombre tierra fue, vasija, párpado
del barro trémulo, forma de la arcilla;
fue cántaro caribe, piedra chibcha,
copa imperial o sílice araucana.
Tierno y sangriento fue, pero en la empuñadura
de su arma de cristal humedecida,
las iniciales de la tierra estaban
escritas.
Nadie pudo
recordarlas después: el
viento las olvidó, el idioma
del agua
fue enterrado, las claves se perdieron
o se inundaron de silencio o sangre.
No se perdió la vida, hermanos pastorales.
Pero como una rosa salvaje
cayó una gota roja en la espesura,
y se apagó una lámpara de tierra.
Yo estoy aquí para contar la historia.
Desde la paz del búfalo
hasta las azotadas arenas
de la tierra final, en las espumas
acumuladas de la luz antártica,
y por las madrigueras despeñadas
de la sombría paz venezolana,
te busqué, padre mío,
joven guerrero de tiniebla y cobre, o tú, planta nupcial, cabellera indomable,
madre caimán, metálica paloma.
Yo, incásico del légamo,
toqué la piedra y dije:
¿Quién me espera? Y apreté la mano
sobre un puñado de cristal vacío.
Pero anduve entre flores zapotecas,
y dulce era la luz como un venado,
y era la sombra como un párpado verde.»
(Canto General, «Amor América»)
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