Hombre en llamas

La nueva novela escrita por el taquillero A. J. Quinnell, seudónimo tras el cual se oculta en el anonimato un prolífico y exitoso escritor, narra el auge y caída de un ex combatiente, que está sumido en una aguda depresión, el alcoholismo y la decadencia física y moral, de la cual nada ni nadie parecen poderlo rescatar.

El libro relata la historia Creasy, un soldado reiteradamente condecorado y dueño de asombrosas habilidades de combate, que se aleja de la acción bélica, con lo cual su vida se ve dolorosamente trastocada.

El protagonista es un hombre duro, que ha logrado suprimir eficazmente sus emociones como mecanismo de supervivencia. Ha visto y ha cometido muchos horrores y siente que ya no existe nada que pueda penetrar la rigurosa coraza que se ha construido con los años, para no vulnerarse emocionalmente.

Pero al hallarse desocupado, lejos de la adrenalina y la violencia, el jubilado combatiente siente que su mundo se desmorona inexorablemente. Se siente inútil, sin nada de qué ocuparse, por lo que lentamente se va dejando caer en un insondable abismo.

La inactividad lo hunde en una profunda depresión, lo que le conduce inevitablemente a la pesadilla del alcoholismo e incluso al autoflagelamiento, en una suerte de práctica masoquista que le permite recuperar parte de las sensaciones perdidas.

En esas condiciones, visita a un viejo amigo, excompañero de armas, un hombre que a su vez tiene un oscuro y tenebroso pasado del cual se ha alejado para formar una familia.

El hombre, combatiente retirado al igual que él y mercenario ocasional, le propone un trabajo muy delicado: cuidar a la pequeña hija de familia acaudalada, cuya madre teme que ésta sea secuestrada.

La tarea no es nada digna. Creasy es contratado como «guardaespaldas de segunda», una formalidad exigida por las compañías de seguros contra secuestro. Esta clase de guardaespaldas es despreciada en el ambiente, ya que únicamente pertenecen a ella hombres acabados o demasiado viejos para prestar otros servicios. Nadie confía demasiado en las habilidades de alguien en decadencia y en pleno proceso de autodestrucción, ni siquiera el propio Creasy.

Sin embargo, la relación que entabla con la niña va operando en él una fuerte transformación, recordándole que – tras todo el dolor que ha protagonizado – existen aún en él vestigios de humanidad, quizá lo único que pueda salvarlo del abismo existencial.

El protagonista se ha ido insensibilizando a través de décadas de horror y confía en su frialdad para seguir con vida. Gracias al cariño que siente por su protegida, logra percatarse que, por primera vez en mucho tiempo, parece estar recuperando su perdida autoestima.

La niña a su vez, consentida en el sentido material pero con grandes carencias afectivas, ve en el guardaespaldas una suerte de padre sustituto, alguien que la protege y está dispuesto a dar incluso la vida por ella.

Creasy debe luchar contra sus propios fantasmas interiores y el doloroso estigma de toda una vida de violencia y muerte, para intentar sobreponerse a su dolor, reconstruirse como persona y no traicionar la confianza que en él ha depositado la pequeña.

Sin embargo, la apertura emocional que experimenta afecta el habitual profesionalismo del protagonista, lo que pone en serio riesgo el éxito de la misión que le ha sido asignada.

El relato, que naturalmente contiene los ingredientes habituales de la literatura de acción, reflexiona – paralelamente – acerca de la pesadilla de la guerra, los heroísmos apócrifos y reales, los afectos recuperados y la violencia subyacente en la sociedad contemporánea.

El autor imprime a su historia un sostenido pulso narrativo, que logra mantener el interés de los lectores amantes del género policial, la adrenalina y las emociones fuertes.

«Hombre en llamas» ha sido adaptada al cine, en una producción protagonizada por el talentoso y taquillero Denzel Washington y dirigida por Tony Scott, que se estrenará muy pronto en nuestro circuito cinematográfico. *

(Ediciones de Emecé)

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