CHICAGO, EL MUSICAL Y LA JAULA DE LAS LOCAS EN MOVIE CENTER

Dos comedias musicales

La primera apareció cuando su estreno en los EEUU, casi como un manifiesto «gay», que incluía como un extra la reivindicación del derecho al travestido. No era de extrañar, porque Harvey Fierstein actuó como «drag queen» en night clubs, género que requiere no poco desplante y desparpajo; sea como fuere, el argumento, hoy, parecía ligado a una fecha y a las primeras leyes y fallos contra la discriminación de la homosexualidad, pero lo cierto es que no contábamos con Fossati, que ha reverdecido el tema. La aventura de la pareja protagónica Renato (Sergio Pereira) y Albin (Ignacio Cardozo) nos parecía, en consecuencia, un tanto anacrónica, y sobre todo anacrónicamente sentimental; una sentimentalidad dulzona que parecía haber cumplido su ciclo. Que Renato, un homosexual, haya engendrado un hijo, Jean Michel (Horacio Nieves) en un momento de extravío, que la madre (heterosexual mala) abandone al hijo en manos del padre accidental y que Albin (homosexual bueno que viste de mujer) sea en los hechos la «madre» del niño y provea a su educación, es verosímil, aunque lleva hasta el límite la «momentánea suspensión de la incredulidad»; pero cuando Jean Michel, al hablar de su madre, alude a Albin y no a la mujer que lo concibió, «La jaula de las locas» traspasa aquel límite.

Toda la trama se basa, dicho sea de paso, en que ambos homosexuales, notorios en el medio en que viven, resuelven ocultar su condición cuando Jean Michel está por casarse con la hija de un pavo, por las dudas apellidado Dindon, heterosexual homófobo, a cargo de Ricardo Couto. Albin tendrá, forzosamente, que darse a conocer en alguna identidad; su condición mixta se revelará pese a todo; y no habrá mayores inconvenientes. «Chicago» a su vez, tiene también una fecha, la época de los éxitos forenses de Clarence Darrow (como el caso de Leopold y Loeb, que vimos en teatro con «No al pecador» de Logan), pero la lleva más airosamente. Aunque por debajo de la trama principal corra un hilo que pertenece a los primeros ensayos de liberación de la mujer, las intrigas judiciales que sostienen la anécdota, con sus abogados inescrupulosos y la manipulación de la prensa, son actuales, como denuncia de la debilidad de la organización judicial y del poder de los medios. «Chicago» se contrapone también a «La jaula de las locas» en que es un drama y no una comedia; y así como en «La jaula de las locas» los personajes son mayormente bonachones, en «Chicago» son detestables por unanimidad. Ambas obras tienen en común, además, que pueden verse como obras de tesis o teatro de ideas, ideas que mueven la acción; y si bien observamos, las grandes obras dramáticas tienen siempre una idea como protagonista. Una idea con rostro, una idea hecha carne; mucho más que un personaje y una historia a contar.

En materia musical y de danza, las dos obras, a las que hermana una común calidad, son también diferentes. Es diferente la música en vivo de «Chicago», con su ritmo héctico de las melodías de los cabarets gay de la Costa Azul, hacia 1920, con música grabada; y en tanto Pereira y Cardozo cantan razonablemente bien, los cantantes de «Chicago», que prepararon la obra inicialmente como la obra de egreso de los graduados de la «Escuela de Comedia Musical» de Luis Trochón, logran un grado mayor de perfección.

Las obras se diferencian en la puesta en escena. En «La jaula de las locas», la dirección, que estuvo a cargo de Ignacio Cardozo, es fluida y transparente. Las escenas comienzan y terminan en los momentos justos; los episodios que importan a la acción son destacados y los demás sirven adecuadamente como transiciones y contrastes. No sucede lo mismo en «Chicago», posiblemente por la complejidad de su trama, nada fácil de seguir y que exige una gran claridad de exposición. Debemos decir que tanto la versión que vimos en Buenos Aires, con producción de los Estados Unidos, con la coreografía original de Bob Fosse y hasta la supervisión personal de Anne Reinking, también ofrecía dificultades para comprender bien la trama.

La diferencia a favor de «La jaula de las locas» sobre «Chicago» es que cuenta con una estrella de primera magnitud, nacida hace ya tiempo con «Cine Radio Actualidad», Ignacio Cardozo.

En sus varias funciones como actor, coreógrafo, cantante y director de escena Cardozo, a través de un trabajo incesante cuyas costuras disimula como todo buen artista, se aproxima a la perfección y logra un efecto artístico unitario y de conjunto.

El resto del elenco es también muy solvente, con especial lucimiento de Sergio Pereira como Renato y Mario Santana como Jacob, la «mucama». «Chicago» en cambio es un show concebido y armado por un solo hombre, por sí y a través de colaboradores y alumnos: Luis Trochón. Su exuberancia y dinamismo, tan a menudo mal encaminados, electrizan a la obra y a la sala de Movie Center. Esta deslumbrante «Chicago» es por mucho su mejor realización hasta hoy.

 

LA JAULA DE LAS LOCAS, musical de Harvey Fierstein y Jerry Herman, basada en una obra teatral de Jean Poiret, traducción de Agustín Maggi y de China Zorrilla en las canciones, con Sergio Pereira, Nacho Cardozo, Noelia Campos, Horacio Nieves, Ricardo Couto, Filomena Gentile, Adriana da Silva y Mario Santana. Escenografía de Osvaldo Reyno, vestuario de Paula Villalba, iluminación de Nacho Tenuta, coreografía de Gabriela Barboza, cuerpo de baile de D.K. Dance, dirección musical de Carlos García y Leslie Muniz, puesta en escena y dirección general de Ignacio Cardozo. Estreno del 12 de agosto, sala China Zorrilla.

 

CHICAGO, EL MUSICAL, de Fred Ebb y Bob Fosse, música de John Kander, sobre la obra «Chicago» de Maurine Dallas Watkins, por la Escuela de Comedia Musical, con Noel Calcaterra, Mariana Rava, María José Carreño, Gabriel Modernell, Raúl Fagúndez, Sebastián Bandera, Lola Acosta, Lichi Sánchez, Claudia Irazábal, Carlos Luthar, Maximiliano Tejera, Valeria Lorduguin, Ivanna Centanni, Paula Casterán, Adriana Restano, Paola Gazzaneo, Natalia Paladino y Marcelo Camino. Saxos: Inés Agosto, Alejandro Genta, Emiliano Pereira, Leo Méndez y Ricardo Figueira; trompetas: Oscar Pereira, Nicolás Ferreira, Malena Dovat, Ynda Meaves, Nicolás Sánchez y Clario Soto; batería: Andrés Bolognini y Leonardo Varga; piano, Ignacio Labrada y Sebastián Zinola; trombones: Natalio Sanabria y Mario Vega; contrabajo: Nicolás Ascone y Alfonso Santini; percusión, Natalia Pasarías. Coordinación y producción de Mario Miller, dirección artística y clarinete de Santiago Gutiérrez. Vestuario y tocados de Néstor Morán, escenografía de Octavio Podestá, luces de Pablo Santamaría, coreografía de Ma. Inés Dantés, Luis Trochón, María José Carreño, Rafael Valeire, Rodrigo Garmendia, Rossana Grachot, Noel Calcaterra, Mariana Rava, Gabriel Modernell, Florencia de Freitas, Valeria Lorduguin y Raúl Fagúndez, adaptación, puesta en escena y dirección general de Luis Trochón. Estreno del 21 de agosto, Movie Center. *

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