El mundo fue y será una porquería

Ivonne (Mariana Taranto) quiere ser presidenta de un club femenino cuyo objeto social se desconoce. Para lograrlo no vacila en falsificar el resultado de las elecciones, que ya se han realizado y que deben consagrar como presidenta a su enemiga la Pocha (Lucy Arregui). Dos inverosimilitudes afloran de inmediato: la votación, en la que intervinieron sólo cinco personas, omitió el escrutinio; la urna con los votos está en poder de Ivonne y su marido, tampoco se sabe por qué; el voto fue escrito y no secreto, ya que la papeleta incluía, además del nombre de la candidata, la identificación de las votantes, lo que nos hace preguntarnos por qué las papeletas y la urna. Ivonne recurre para la falsificación a su marido, el Cholo Telechea, un punguista haragán con el que se trata mal y cuyas ocupaciones más notorias son dormir y defecar. Luego de este penoso prólogo, el fraude triunfa; y aunque las demás socias han votado a la Pocha, no hay sospechas, tampoco comprendemos por qué. La nueva presidenta anuncia una rifa, pero no es una rifa. Es, a rajatabla, la prostitución del Cholo, su marido; todas las socias del club, que no fueron presentadas como ninfómanas, súbitamente parecieron necesitar los servicios sexuales del tarifado benefactor. Una tras otra pasan para atenderse en el mismo hogar de la pareja, detrás de una cortina de plástico en tiras que sugiere los cafés y los prostíbulos de campaña; ninguna logra del meretricio marido algo mejor que un estruendoso fracaso. La frustración general deja solos a la Ivonne y a su marido. Se acercan. Se reconcilian. Fin de la obra. El clu de la Ivonne, con su imposible argumento y su idea menos que infantil del teatro, se escribió a vuela pluma, como vino la «inspiración». No tiene el menor asomo de autocrítica, ni el menor gesto de repaso o depuración. Con su insistencia en los rasgos egoístas y en la absoluta amoralidad, con sus personajes definidos por la estupidez y con su lenguaje de mal gusto, El clu de la Ivonne demuele a los dos minutos la mejor buena voluntad del espectador. Es doloroso que Armas no haya encontrado en todo el Uruguay un solo personaje que no sea a la vez despreciable y obtuso; es más penoso que crea que la obra merece ser llevada a un escenario. Avergüenza que El clu de la Ivonne figure en la cartelera montevideana.

EL CLU DE LA IVONNE, de Dino Armas, con Mariana Taranto, Mario Erramuspe, Cristina Gayo, Paula Bonilla, María Aiello y Lucy Arregui. Escenografía, vestuario y ambientación de Ana Arrospide, producción de Grupo Aventura, dirección de Dino Armas. En teatro AGADU. *

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