CON LA INFATIGABLE Y VENERABLE INTERPRETE CHAVELA VARGAS

Una sacerdotisa del canto profundo

-¿Es verdad que se retira de los escenarios?

-Corazón, nunca he dicho que esta es mi despedida, no sé dónde salió eso.

El magnetismo que irradian sus palabras es el mismo que genera sobre el escenario, cuando logra parar el mundo por varios minutos. Cada frase que pronuncia la autora de temas como «La Macorina», «Volver, volver», «Noche de ronda» y «La llorona» encierra una serie de enseñanzas aprendidas en la universidad de la vida, en sus noches de excesos y balaceras, en el misticismo indígena, en su vida compartida con el México creativamente explosivo y desgarrado de Frida Kahlo, Diego Rivera, Agustín Lara o José Alfredo Jiménez y en una filosofía de vida con sus propias reglas, esas que le permitieron reinventarse como artista una y otra vez.

-¿Cómo vive su carrera artística en este momento de su vida?

-Muy bien. Me siento bien con mi voz, muy bien de sentimiento, de sensaciones de muchas cosas; estoy muy acunada por los recuerdos, por las cosas hermosas que he vivido. No siento rencor por nada ni nadie; ni odios ni malos recuerdos. Estoy en un momento de paz espiritual profunda.

Chavela siente que está comenzando otro ciclo de su vida. Eso, confiesa, se lo debe a sus amigos indígenas de México. «Estoy con el chamanismo. Es algo muy importante para mí ser chamana. Se lo debo a mi raza. No es que ya me sienta una sacerdotisa del canto; me falta mucho para emplear mis manos en curar. Me falta mucho estudio, meditación. No es que porque me llamo Chavela Vargas me van a venir estas cosas. Sabes bien que desde la raza del indio no es así.

-¿Ese camino que está transitando renovó su vida?

-Este es un camino que no tiene fin. Yo lo estoy empezando. No termina; es infinito porque cuando uno está cerca del final, es un vuelta a empezar. Ese es el cosmos; esa es la vida. No es una tumba; no es que allí termine todo. No, señor.

-¿Siente que está renaciendo otra Chavela Vargas, así como en los 90 de la mano de Almodóvar apareció en los escenarios nuevamente?

-Cuando a mí me hicieron una operación grave en el cerebro hace unos años, no la sentí como una operación quirúrgica, sino como una curación del alma. Sentí como una transmutación y una renovación en mí. Pero estas cosas no las cuento porque van a pensar que fumé marihuana o algo raro. No lo entienden.

-A la hora de cantar, ¿qué piensan que le dieron los años?

-Es la misma Chavela para mí. Nada más que ahora siento una paz interior profunda y eso se proyecta en la voz. Ya digo las cosas con más sabiduría, con más pausas y con madurez, pero sin perder el brillo de la voz.

-Usted vivió una juventud de excesos. Después de haberlos pasado, ¿los viviría de nuevo?

-Sí. Volvería otra vez a estar borracha, porque esto me ha servido y me ha dado una gran enseñanza. Todo te enseña en la vida, pero hay que pagarlo a precio de tu sangre.

-Igualmente siempre tuvo sus propias reglas.

-Siempre le hice caso a Chavela. Por eso, en 1935 una mujer no se podía poner un pantalón de ninguna manera y yo me los puse. Ahora van al Vaticano de pantalones, pero a mí me crucificaron, me gritaban en la calle horrores. Me criticaban mucho cuando aparecí con el poncho, que era una ropa que usaban los indios. Pero después, en París, se paraban a aplaudir un zarape mexicano. Esa es la escuela que yo he creado, una escuela muy pura en arte, porque no tengo mistificaciones ni nada.Yo no tengo miedo a nadie. Yo soy yo.

-¿Cuál es su credo, Chavela?

-A las mañanas me levanto y saludo al padre Sol presente y la madre Luna omnipresente. Creo en los dioses que veo. En todos los aspectos de la vida he sido feliz porque creo en tocar una piel, en tocar al otro porque existe. Las cosas que llaman «misterio» en la vida no son tal, sino que existen. La cuestión es que hay que verlas.

-¿Se imagina el momento del retiro?

-Voy a vivir muy en paz. No voy a vivir de los recuerdos, ni voy a pensar en mis noches de gloria. Voy a pensar en cómo estoy ahorita. Como dicen los griegos: la vida es aquí y ahora, aquí y ahora. Cuando sienta que ya no pueda cantar entonces me voy. Porque no quiero nunca causar lástima. Que digan: hay que aplaudirla por lo que fue en su tiempo. Quiero siempre estar vigente y que digan: qué bien canta, a pesar de la edad. Eso es bonito. Pero cuando me falle la voz, ya digo adiós. Por el momento, no», anuncia con la seguridad de quien se siente muy lejos del retiro, a pesar de sus 85 años y que le encanta disfrutar de la soledad, en su casa a orillas del mar en Veracruz. *

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