CINEMATECA URUGUAYA PROPONE UN NUEVO FESTIVAL DE LA DIVERSIDAD

Primavera cinematográfica

Desde hace cinco años, el ya tradicional Festival de Invierno se ha sumado al Internacional de Montevideo, que hace veintitrés marcó el comienzo de una exitosa y multitudinaria experiencia empeñada en hacer conocer (y apreciar) calidades cinematográficas. El vigésimo segundo Festival Internacional reunió este año ciento treinta largometrajes y otros tantos cortos.

El quinto Festival de Invierno se redujo a una treintena de filmes, y el mismo tamaño tiene a hora este primer Festival de Primavera. Las diferencias y particularidades no son empero de tamaño. El Festival Internacional es un ancho y a veces casi inabarcable hecho cultural, un acontecimiento incrustado en la vida de la ciudad, que durante dos semanas de marzo-abril privilegia al cine como forma artística y la contrapone a un cine industrial o poco imaginativo, con la presencia habitual de cineastas y creadores, críticos internacionales, premios y jurados, y con la aspiración frecuentemente cumplida de incluir en su programación toda película importante y valiosa conocida en el mundo durante el último año, obras procedentes de decenas de países.

El Festival de Invierno (durante las vacaciones de julio) ha tenido un perfil propio, afirmado en particular por expresiones cinematográficas de ruptura, por filmes testimoniales y autores a veces postergados. En ese sentido la última edición se ocupó desde el Khmer Rouge y sus atrocidades, hasta las conversaciones muy francas y punzantes de Ignacio Ramonet con Fidel Castro u Oliver Stone también con Fidel, más varias secciones y algún descubrimiento internacional como el camboyano Rithy Panh, y otras cuantas revelaciones.

Este Primer Festival de Primavera (durante las vacaciones estudiantiles de este mes) tendrá otra cara, seguramente tan atractiva y también provocativa, como los otros dos acontecimientos anuales que en Montevideo organiza Cinemateca Uruguaya. Esta es la primera carta de presentación. Y en la programación se diferencian varias secciones: la base de la programación con obras mayores totalmente inaccesibles hasta ahora para el aficionado uruguayo, de Makhmalbaf, Raoul Ruiz, François Ozon y otros.

Un acontecimiento: la obra del joven taiwanés Tsai Ming-Liang, de ancho reconocimiento internacional.

Otro acontecimiento: la obra del canadiense Ron Mann, imágenes de la contracultura (cuyo último filme, Go Further, se vio este año en el Festival Internacional).

Una sección, Rescates, donde se exhiben otros filmes valiosos, segregados de la exhibición normal y rescatados por el Festival; Uruguay: los muy jóvenes, es una sección con largometrajes de estos jóvenes que aportan una visión generacional. Y la sección Two-much con dos películas por lo menos perturbadoras, entre la pornografía, una poesía radical y la provocación.

Como en el Festival de Invierno, la división en secciones ubica los propósitos de cada segmento. Del conjunto se destaca la monográfica Ron Mann con ocho películas subtituladas en español (Imagine the sound, Poetry in motion, Comic book confidential, Twist, Echoes without saying, Dream tower, Grass, go further) donde alternan el free jazz, la poesía beat, la historieta, el twist, el ecologismo, la marihuana. Otro destaque muy especial para los filmes de Tsai Ming-Liang, un nuevo cineasta con poca pero contundente obra, hasta ahora (Rebeldes del dios Neon, Viva el amor, El río y sobre todo la desconcertante y radical El agujero), donde el realizador oscila entre el desagrado de la vida una casi ternura indefensa.

Que nunca se hayan estrenado en Montevideo películas como Nubes de mayo del turco Nuri Bilge Ceylán (votado mejor cineasta en el mundo en el 2003 por la Federación Internacional de la Crítica), o Gabbeh de Mohsen Makhmalbaf, o Genealogía de un crimen de Raoul Ruiz, o Sábado, la opera prima del argentino Juan Villegas, o varias películas de Guediguian o François Ozon, que estarán en el Primer Festival de Primavera, son datos de una realidad cultural insatisfactoria que se procura mejorar. Cierto, puede ser más razonable que no se estrene aquí La vida humilde de Aleksander Sikurov.

O el caso de la china Plataform de Jia Zhang-ke, de una espléndida inteligencia que suele escasear en el cine comercial. Pero salvo motivos rancios o anticuados nada justifica que eso pase con Mentiras, del coreano Jang Sun-Woo e incluso con una pequeña obra maestra de cortometraje, el polaco El hombre cosa del joven Slawomir Fabricki. De estos y otros filmes semejantes consiste este festival. Se trata, en fin, de tapar unos cuantos baches de la cultura cinematográfica uruguaya. Antes que pase más tiempo y sea tarde.

En el cierre formal, el largometraje uruguayo de José Pedro Charlo, A las 5 en punto, rescata documentos fílmicos y fotográficos de la época para una tarea de recuperación de la memoria, de los días que siguieron al golpe de estado del 27 de junio de 1973, la huelga general de dos semanas, la convocatoria «A las 5 de la tarde», filmaciones de esa represión durante el cual es detenido el general Seregni. Con testimonios y memorias de varios de los protagonistas de esa resistencia, por lo general olvidada por generaciones recientes. Las cuales ven el país y su historia desde más cerca en el tiempo como prueban los largometrajes El rey del viento de Héctor Javier Di Lavello y Babilonia se quema de Flavio Senatore, o el corto animado El mono Cokito de Gonzalo Mendizábal.

La programación se desarrollará entre el 20 y el 29 de setiembre en Cinemateca 18, la monográfica de Ron Mann irá en La Linterna Mágica del 20 al 25 y cuatro de los filmes de este realizador se repetirán también en Cinemateca 18. Todas las exhibiciones se realizarán con subtítulos en español, en ambas salas. *

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