Tiene la palabra

Homenaje a Saravia fue una estrategia para sumar votos

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Luego de felicitar a usted por el éxito, siempre en aumento, de nuestro diario plural, le ruego publicar en «Cartas de los lectores» las consideraciones siguientes:

El 10 de setiembre fue decretado un feriado nacional conmemorando los 100 años de la muerte de Aparicio Saravia. Para confirmar mi opinión acerca del guerrillero blanco –que nunca fue general– consulté a una muy erudita historiadora, cuyo nombre no solicité autorización para revelar.

Según ella, se trata de una reacción para atraer votos a los partidos tradicionales, ante el previsible triunfo del Frente Amplio en las elecciones de octubre.

Creo que también interesará conocer la opinión de Florencio Sánchez, quien «se fue con Aparicio» y acerca de él expresó:

«¿Te acuerdas de Aparicio Saravia? ¿Lograste durante la campaña descubrirle otras condiciones que mucho coraje, bastante astucia indígena y algunos hábiles recursos estratégicos… y como hombre una escasísima cultura moral y un espíritu con recovecos llenos de esa suspicacia aviesa, chacarera y guaranga que se cristaliza en el gaucho americano»?

(3ª carta, «Cartas de un flojo», El Sol. 1900). (Transcripto de «Barranca Abajo», Ediciones «Colihue», con prólogo, notas y propuestas de trabajo, de María Nélida Riccetto).

De antemano agradecida, saludo a usted muy atentamente

MARIA NELIDA RICCETTO – CI: 1.711.644-6

 

Don Federico Mertens: un gigante precoz

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* No me queda otra. Debo ser reiterativo. En el transcurso de muy pocos días escribo por segunda vez sobre un personaje totalmente singular. Don Federico Mertens (Abuelo del doctor Federico Fasano Mertens). Ante todo, un recuerdo/homenaje muy especial en una fecha especial. El día 16 del corriente, mes del reverdecer de la naturaleza por la llegada de la primavera, totalizan 44 los años que Federico Mertens, en el año 1960 y con 74 setiembres a cuestas, emprende viaje hacia la inmortalidad absoluta. Físicamente, comienza en esa precisa fecha, un merecido descanso, dejando para todos una obra imperecedera, que perdurará en el tiempo. Este hombre singular llevó una vida tan colosal como plural. Vivió la vida de una manera envidiable. Con toda la gama de claroscuros. Conocía siempre las dos caras de la moneda. Curiosamente y no obstante su balanza se inclinó siempre, un poco más para el lado claro. Era un hombre preclaro. La luz fue su norte. Parte y contraparte, fueron suelo y alfombra en su fecunda trayectoria. Acostumbrado a triunfos y fracasos, penas y alegrías, dulces y amargas, pálidas y maduras. Lágrimas y sonrisas. Amores y desilusiones. Frías y calientes. Admirado siempre. Amó y fue amado. Excelente hijo, esposo, padre, abuelo. Amigo entre amigos. Conocido y conocedor de las más diferentes personalidades de su muy reciente época, ya en las letras, artes, política, locales e internacionales. Escritor precoz. Pocas veces visto. (En lo personal, jamás antes había escuchado). Con 9 años de edad, es merecedor de un premio, por un poema escrito a una prima, a quien él adoraba y abandona este mundo en plena preadolescencia. 14 son las cuartetas dedicadas. A la edad de 14 años Federico Mertens publica en «La Nación» de Buenos Aires un cuento; «A las doce en punto». Con 19 años obsequia al mundo su primer obra dramática. Vida azarosa. Multicolor. Polifacética. Multifacética. Súper activa. Supo de la riqueza como de la pobreza. A toda causa y situación le ponía el pecho. En la salud como en la enfermedad, pero primando siempre lo que a él le gustaba. Y jugándose entero, por sus ideales, amigos, amores.

A su familia, su trabajo, su patria. Como los grandes, tenía dos. La patria europea, Alemania, y por supuesto, la Argentina. Su propia patria. Amó a ambas. También en el mes de setiembre, más precisamente el día 5 del año 1941, estrena su obra: «La zarza en llamas». Esta obra nace de un cuento del autor, que publicara primeramente, con el seudónimo de «Frtiz Kleiner». (Conocedor del alemán, es mi lengua materna), lo traduzco como «Federico Pequeño». Mi interpretación y lectura personal, me hacen entrever una enorme dosis de humildad. Sabiéndose «grande», prefirió el nombre de «pequeño». «sólo una cosa no hay: es el olvido». L. L. Borges. «No el poder, no la gloria; la libertad, sólo la libertad». F. Pessoa. «Al alba sólo puede llegarse por el sendero de la noche». Khalil Gibran. Y para terminar, debo una vez más, marcar el total y absoluto paralelismo entre ese gigante, Federico Mertens, abuelo, con el doctor Federico Fasano Mertens, nieto.

No voy a enumerar todo, porque sería copiar lo escrito líneas arriba. Pero… más que parecido… parece un calco. Precocidad, derrotas, triunfos, fracasos, éxitos. Pero, ante todo: lucha y superación. Sin claudicar jamás. Mis cordiales saludos,

CARMI RAUCH – CI: 866.784-6

 

Amondarain responde

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* La señora Gladis Soutullo en lugar de tirarle al cura ni siquiera le pega al sacristán.

En primer lugar dice que Oribe traicionó a Artigas, siendo distinguido por Rosas a resultado de estos hechos.

Oribe discrepó con Artigas antes de los 20 y jamás luchó contra él. Fue por la designación de Rivera y no se equivocó.

Recordará, que posteriormente don Frutos pondría la «cabeza a precio del héroe» y antiguo jefe. El federal Rosas, tan federal como Artigas, advino varios años después políticamente. No lo premió por Artigas. Fue su general luchando contra los imperios de la época francesa e inglés que apoyaban al «glorioso» gobierno de la «defensa» colorada sin perjuicio de los «patacones» que generosamente le daban al «honesto» don Frutos.

La razón de esa lucha, usted mi respetada señora, lo debe saber, era la libertad de los ríos que Rosas y Oribe cerraban en defensa de las producciones nacionales rapiñada por los imperios a cambio de perfumes, telas, bijutería y espejitos en general. ¿Estamos de acuerdo?

En segundo lugar, la moral administrativa de la que se siente «tan quejosa» antes que Saravia la inventó o descubrió Oribe contra los latrocinios del gobierno de Rivera con sus ministros, los cinco hermanos, llamados así por las cinco hermanas cónyuges que tenían. Si «revolvemos» en la historia capaz que podemos encontrar el «inventario» de los bienes estatales faltantes que don Frutos y los suyos se «timbearon» en apuesta de «taba», cuadreras con alguna «chiquilina» de vida ligera o aireada que nunca faltaron.

Es cierto que el Comité de Guerra blanco funcionaba por razones obvias en la Argentina.

¡No lo iban a dejar en la Plaza Matriz!

Y también que el presidente Roca simpatizaba por varias razones, entre otras al ser nacionalista, con los blancos. También es cierto que el prestigio que tenía Aparicio en el Brasil le daba una simpatía natural particularmente de los farrapos. Pero Aparicio, ni Oribe, ni tampoco «Leandro Gómez», ni ningún blanco jamás, pidió a los argentinos, brasileños o al imperio yanki, como sí lo hizo Batlle por intermedio del gran traidor Acevedo Díaz, que tropas extranjeras invadieran la patria para lograr o mantener espuriamente el poder.

Los alzamientos blancos, le guste o le disguste, no fueron por el poder, sino por lograr el voto secreto, que se logró, contra el régimen de balotas donde se hacían votar los muertos e
ntre otras menudencias, la representación proporcional, que también se logró, y la moral administrativa que se ha logrado de a «ratos».

Claro que se reclamaban mandos políticos como las jefaturas en algunos departamentos.

¿No le parece injusto que más del 50% del país que era nacionalista, no tuviese una sola jefatura del interior y quedasen inermes en manos absolutas de tan «honestos» gobiernos?

No entiendo qué soberanía nacional defendía el Presidente de la época.

Y segundo eran orientales contra orientales. Honestos contra deshonestos. Nacionales contra proimperiales. Está claro. Estoy de acuerdo que todas las revoluciones implican pérdidas, y hasta saqueos. Ganado para carnear y caballada para luchar. Pero tenga por seguro mi estimada señora, que eran cantidades y empréstitos muy menores en comparación de lo que gobierno «salvajes» saquearon, ellos sí, durante décadas.

Por otra parte, el gasto que implique luchar por las libertades y honestidades públicas no tiene precio. Doña Gladis se escandaliza por los de degüellos y asesinatos. Y está muy bien su prestino afecto y respeto por la vida. Macanudo. Lo que no me cierra es su «admiración» por el valiente y humano teniente general Pablo Galarza.

Que yo sepa no se educó precisamente en el Convento de los Cartujos, lleno de piedad. Si por algo se destacó este «indio» general, fue por su despiadada crueldad.

¡Vaya si degolló y fusiló a destajo blancos en las famosas «mangas de piedra» donde especializó su oficio.

En una cosa sí, estoy de acuerdo con doña Gladis.

Cuando me referí a los «doctores» opuestos al Aguila del Cordobés, es obvio que lo hago contra los malos doctores del Honorable de la época que terminaban «acomodándose» con sus «pares» colorados.

Ejemplo cabal, el de Acevedo Díaz, al cual don «Pepe» abonó generosamente su traición a Saravia en la «embajadita» en Buenos Aires. Y al que por decisión propia, tal vez por remordimiento, «ni el polvo de sus huesos el Uruguay tiene».

LEOPOLDO AMONDARAIN – CI: 950.556-0

 

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