"LOS DISFRACES", DE RICARDO PRIETO, EN NUEVO ARTEATRO

Juego de máscaras crueles

El tema del amo y el servidor y, genéricamente, el cambio de papeles entre dominador y dominado o aun la intermitencia del corazón es, por su tensión dialéctica, un clásico del teatro y la literatura. Así El sirviente de Losey, así también la extraña evolución en los gustos de Palaméde de Charlus en En busca del tiempo perdido, La lección de Ionesco y su sobrina Oleanna de David Mamet.

El tratamiento del tema por Prieto no trae novedades al esquema clásico. Desde el comienzo el agresivo personaje femenino que interpreta Mariana Cardozo, la condesa de Pizarnik, intenta provocar a su impertérrito mucamo Juan (William Selzer). Se comprende en seguida que los insultos de la joven condesa o bien revelan el despecho de una atracción sexual insatisfecha, o bien son el comienzo de un flirt, o bien son ambas cosas a la vez.

Sobreviene una auténtica atmósfera de tensión; pero nos parece que la acción se afloja y da vueltas en círculos a partir de los diez primeros minutos, justamente cuando Prieto, que tiende a sobrecargar las tintas, nos informa que el conde es homosexual y que la condesa tiene sexo con el mucamo. Es demasiado. Sentimos esto como un subrayado impertinente en una página nítida. Del interés inicial se pasó a aguardar con impaciencia el estallido, el momento de la verdad, que Prieto se demora en alcanzar.

Cuando llega, en una nueva sobrecarga y excedido de brutalidad, es inevitable pensar en que los papeles se invertirán y que luego volverán a invertirse para cumplir un giro de 360 grados. El amo y el servidor conocen el eterno retorno. La escritura es pulida y el planteo claro y eficaz; la puesta en escena, del mismo Prieto, es muy acorde con el clima de la obra. Escenario casi vacío, un sillón; los colores, blanco y negro; las luces, cuya autoría desconocemos, muy bien diseñadas.

De los intérpretes preferimos a Selzer, que dice con intensidad un personaje que debe permanecer impasible, no debe hacer gestos ni levantar la voz; Mariana Cardozo, que cumple su papel con acierto, parece haber tropezado con su personaje más que haberlo encontrado, como si no pudiera (o no quisiera) meterse debajo de su piel.

LOS DISFRACES, de Ricardo Prieto, con Mariana Cardozo y William Selzer. Vestuario de Laura Lockhart, ambientación sonora de Fernando Ulivi, ámbito escénico de Laura Lockhart y Ricardo Prieto, dirección general de Ricardo Prieto. En Nuevo Arteatro, Canelones 1136. *

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