HUGO BUREL Y ANA RIBEIRO DISTINGUIDOS CON LOS BARTOLOME HIDALGO 2004

El movimiento perpetuo de la letra impresa

l premio a la trayectoria, más que merecidamente, fue para Aníbal Barrios Pintos. Su labor de ensayista asoma claramente como un elemento referencial dentro del universo literario y su obra, pues, con el empuje del galardón deberá ser revisada quizá más profundamente y colocarla en el lugar de relevancia que se ha ganado por méritos propios. Hay un fluir narrativo atractivo y una mirada histórica de una temperatura reflexiva más que interesante.

Pero, desde luego, que los galardones más esperados fueron en las categorías de ficción y no ficción. De los candidatos en la categoría de ficción el mejor libro del año debía decidirse entre Hugo Burel por Los inmortales, el recientemente desaparecido Mario Levrero por Los carros de fuego, Leonardo Rossiello por La mercadera y Daniel Chavarría por Adiós muchachos. El Premio Bartolomé Hidalgo, finalmente, fue para Hugo Burel y ese encuentro que mantienen José Batlle y Ordóñez y Aparicio Saravia en la ficción que construyó en Los inmortales. Tal vez muchos esperaban que se premiase a Mario Levrero y en consecuencia a toda una trayectoria de escritor inocultablemente mayor, pero en la premiación a Burel pesó seguramente el modus operandi de Burel para articular un relato, en definitiva un coloquio entre pesos pesados (Batlle y Aparicio) de la historia profunda del Uruguay.

En la categoría no ficción (ensayo) el libro del año y consiguiente Premio Bartolomé Hidalgo fue para El caudillo y el dictador, de Ana Ribeiro, una minuciosa y reveladora mirada histórica en torno al exilio de José Artigas. Los otros textos que aspiraban al podio: Hebert Gatto por El cielo por asalto y Carlos María Domínguez por El norte profundo.

En la categoría de literatura infantil, los ternados fueron los siguientes: Gabriela Armand por Martín y la leyenda del barco fantasma, Susana Olaondo por Meleté y Helen Velando por Los cazaventuras y el camino perdido de Los Andes. El jurado optó finalmente por el texto de Gabriela Armand y el reconocimiento a una narradora de sugestivo poder creativo.

Por último, en la categoría Revelación 2004 el asunto debía definirse entre Federico Ivanier por Martina Valiente, Oscar Larroca por La mirada de Eros y Marcelo Estefanell por Don Quijote a la cancha. El Bartolomé Hidalgo fue para Federico Ivanier.

Durante la ceremonia de entrega de los Premios Bartolomé Hidalgo (ver fotografía) hubo, por cierto, muestras de algarabía, pero al mismo tiempo algún cono de sombra por las recientes muertes de dos escritores fundamentales (uno de ellos, candidato) como lo fueron y serán el narrador Mario Levrero y la poeta Marosa Di Giorgio. *

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