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Esclavos: informe urgente sobre la inmigración

Mientras crece la discrecionalidad e impunidad, los pueblos soportan la humillación de ser cada vez menos dueños de sus vidas y recurrentemente sometidos al arbitrio de las minorías.

Hoy, el capital no tiene bandera ni patria y su única expresión visible son las marcas de las grandes multinacionales que monopolizan la propiedad de la riqueza universal.

La desigual distribución de la renta genera diariamente grandes tragedias colectivas, como el hambre, la miseria, la marginalidad y otras calamidades que afectan a un tercio de la población mundial.

En los denominados países del Tercer Mundo, vastos sectores de la población han sido compulsivamente expulsados del sistema, sobreviviendo como pueden en la periferia de las sociedades.

Esos habitualmente numerosos núcleos humanos constituyen un caldo de cultivo adecuado a la violencia social, que se suele expresar mediante los rostros más grotescos: delincuencia, prostitución y degradación.

En esas circunstancias, en el mismo paisaje geográfico, conviven varias modelos paralelos, en los cuales existen ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría.

Lo realmente paradójico es que las leyes y constituciones de la mayoría de los países afectados por la desigualdad social, consagran derechos que amparan a toda la población sin exclusiones.

Nuestra propia Carta Magna establece que la única diferencia entre los uruguayos son sus talentos y virtudes, aunque el mandato constitucional  en realidad  parece ser mera letra muerta.

La mentada igualdad de oportunidades naufraga dramáticamente, poniendo en tela de juicio la propia esencia de la democracia, recurrentemente invocada por los apóstoles del statu quo.

Esta situación de grotesca distorsión de los principios humanistas inherentes a nuestra propia identidad, limita seriamente el acceso de vastos sectores de la población uruguaya a capitales sociales indispensables, como el trabajo, la vivienda, la salud, la educación, la cultura y la información, entre otros.

Mientras desde el poder se proclama con bombos y platillos una presunta reactivación económica, en Montevideo y otros centros urbanos del Interior se sigue apreciando cuadros de degradación humana desconocidos en nuestro país. En las zonas rurales la situación es aún peor.

Existe un claro divorcio entre el discurso oficial de quienes pretenden perpetuarse en el poder mediante conocidas estrategias de manipulación y una realidad cruda y despiadada.

En medio de un paisaje desolador que no otorga respuestas a la población de desocupados, subocupados y marginales, uno de los fenómenos más traumáticos es  sin dudas  la emigración.

Durante los últimos años, miles de uruguayos han abandonado el país, buscando en otros lares, a menudo distantes, las oportunidades de trabajo y desarrollo personal que aquí parecen tener vedadas.

Las escenas de angustia se reproducen cotidianamente en el Aeropuerto Internacional de Carrasco, cuando cientos de familias despiden a sus seres queridos, con la incertidumbre de no saber a ciencia cierta si los volverán a ver.

Obviamente, esta situación no afecta solamente a las naciones latinoamericanas, sino también a numerosos países africanos y asiáticos. Aparentemente, la diáspora  además de económica  tiene también un componente étnico.

Además del desarraigo, los protagonistas de este masivo exilio económico suelen asumir otros desafíos no menos riesgosos, como la lucha por la residencia legal y una inserción laboral en condiciones decorosas.

Otro componente no menos traumático de la siempre incierta aventura emigratoria es el vinculado con la discriminación y la xenofobia, tan arraigadas en la mayoría de los países receptores.

En «Esclavos: informe urgente sobre la inmigración en España», la escritora y periodista argentina Cristina Civale construye una documentada denuncia acerca de la violación de los derechos humanos que padecen millones de inmigrantes de diversas procedencias.

Si bien la autora admite que la asunción del nuevo gobierno encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero podría modificar la situación, los testimonios contenidos en este libro resultan de una dramática elocuencia.

Aportando cifras representativas del fenómeno inmigratorio en el país ibérico y más de cuarenta casos de abuso perpetrados por autoridades o mafias locales, la comunicadora elabora una obra singularmente removedora.

El minucioso informe se concentra particularmente en la situación de los indocumentados, que suman más de un millón de personas procedentes de países extracomunitarios.

Muchos de esos residentes ilegales suelen ser amenazados con la expulsión, a cambio de lo cual normalmente aceptan trabajos mal remuneradas que desempeñan en condiciones infrahumanas.

La osada escritora  que reside en Barcelona  demuele los más habituales argumentos del poder, afirmando que según un estudio de la Organización de las Naciones Unidas, España debería acoger a 240.000 inmigrantes por año hasta 2050, para poder mantener la población actual.

Si no sucediera así, los riesgos son la probable crisis de su sistema productivo por falta de mano de obra, una caída de los niveles de consumo y un eventual colapso de su costoso sistema previsional.

Cristina Civale afirma que la riqueza producida por los indocumentados que trabajan «en negro», puede financiar el millonario subsidio que perciben los 1.700.000 desocupados españoles y otros no menos indispensables gastos estatales.

Las cifras globales permiten inferir que la emigración se ha transformado en un lucrativo negocio, ya que los 4 millones de exiliados dispersos por el mundo producen una renta anual de unos 21.000 millones de dólares.

La escritora acusa al ex presidente del gobierno español, José María Aznar, de haber «legalizado la esclavitud», al tiempo que reproduce documentos internacionales de acento muy crítico.

La autora denuncia sin eufemismos a las mafias que se dedican a la explotación laboral y la prostitución, obligando incluso a los niños a mendigar u ofrecer sus cuerpos.

Paralelamente, cita casos de mujeres que han sido obligadas a vender a sus propios hijos para poder sobrevivir sin morir de hambre y no ser expulsadas, en una inmoral práctica de tráfico humano.

Según la autora, otro lucrativo negocio es el traslado de inmigrantes clandestinos en barco desde el norte de Africa. Si las pequeñas lanchas son descubiertas por los guardacostas, es frecuente que los «clientes»  que deben pagar miles de euros  sean arrojados y ahogados en las aguas del Mar Mediterráneo.

La periodista narra también detalladamente numerosos casos de xenofobia y discriminación étnica, que se traducen en hostigamiento, golpizas, asesinatos y otros crímenes no menos deleznables.

Según la autora, hay también mafias que controlan la industria de pasaportes y otros documentos falsos, en un mercado negro que «blanquea» la situación de miles de inmigrantes.

La explotación laboral de los ilegales  particularmente de las mujeres  se torna más notoria en el sector servicios, ya que España recibe anualmente a unos 70 millones de turistas.

Es tan obsesiva la búsqueda de mano de obra barata de extracomunitarios, que existen incluso empresas que se dedican al reclutamiento de inmigrantes indocumentados, las que obtienen naturalmente jugosas ganancias.

Otro flanco no menos sensible y vulnerable de este fenómeno contemporáneo son los niños, recurrentes víctimas de aberrantes abusos laborales e incluso sexuales.

Apelando a abundante documentación, Cristina Civale elabora un contundente trabajo de investigación, que denun
cia una extensa gama de miserias humanas.

La autora construye un minucioso trabajo periodístico, que corrobora que el fenómeno de la inmigración ha cobrado una inusitada proyección global en los primeros años de este tercer milenio. El informe cita más de cuarenta casos diferentes, que retratan la tragedia de millones de personas de diversas procedencias, cuyos derechos humanos están siendo impunemente violados.

Aunque considera que el nuevo gobierno español podría revertir la perversa ecuación de explotación de los indocumentados modificando la legislación en materia de admisión de extranjeros, la osada investigadora afirma que la dimensión del problema torna muy complejas las eventuales soluciones.

Este libro es un valiente testimonio, que convoca a reflexionar sobre las diversas connotaciones del exilio económico, provocado por el fracaso de las políticas neoliberales, la degradación de las democracias y la ofensiva del capital transnacional que ha demolido las soberanías locales.

(Editorial Sudamericana)

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