LAUREN BACALL Y NICOLE KIDMAN ACAPARARON LA ATENCION EN VENECIA

Musas del cine

Gracias a ellas se salva parcialmente esta película, a concurso en el festival veneciano, puesto que en los dos primeros pases la respuesta del público fue más de silbidos que de aplausos.

Un guión endeble, que se manifiesta sobre todo en la banalidad de algunos diálogos en los momentos presuntamente más intensos de la cinta, es el principal causante de su irregular acogida.

Birth pretende ser una exploración de la mente femenina cuando está en juego el amor y queda en una intriga poco brillante, a pesar del empeño de sus protagonistas, en especial de Kidman, en quien reposa el peso del largometraje y que responde con profesionalidad.

La actriz australiana interpreta a una mujer que perdió a su primer marido y que, a punto de casarse de nuevo, recibe la visita de un niño de 10 años que asegura ser su esposo y quien le pide que no contraiga matrimonio, para lo que aporta datos sobre su anterior vida en común. El hecho altera la estabilidad mental de la mujer y de toda su familia, en la que la madre (Bacall) es la que mantiene la cabeza sobre los hombros.

En una gran expectación, las actrices comparecieron en Venecia ante los periodistas. Bacall respondió con agradecimiento y, como gran señora, concedió elogios al director y sus compañeros de reparto: «Me gusta mucho trabajar con jóvenes talentos. No me interesan los viejos, pero siempre es bueno encontrar gente joven».

El principal duelo interpretativo del filme es entre Kidman y el personaje del niño Cameron Bright, de quien la australiana dijo que «desprende fuerza. En el pasado ya he trabajado con niños. Son muy despiertos y te obligan a estar pendiente, aunque a veces son una incógnita», agregó.

Kidman se declaró afortunada porque en esta fase de su carrera puede elegir los papeles que más le interesan y en esta ocasión interpreta uno con poco diálogo: «En otras películas mi personaje habla mucho y eso a veces quita algo de misticismo». La actriz aseguró que comprendió el sentimiento del personaje al que representa y dijo que se puso de acuerdo sobre sus características con el director, Jonathan Glazer, quien tras una carrera dedicada a dirigir anuncios publicitarios y vídeos musicales, debutó en el largometraje con Sexy Beast (2000).

En Venecia, Kidman vio el filme: «Es difícil sentarse en una butaca y verse en una película, porque una misma no es objetiva y no me puedo concentrar, pero confío en el director para que vea si lo he hecho bien», manifestó. Con más experiencia, pero con la misma idea se expresó Bacall, quien dijo «no encontrar el gusto a verse en la pantalla. Yo siempre advierto los errores que he cometido», recalcó. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje