ESTRENO DE ALIEN VERSUS DEPREDADOR, DE PAUL W.S. ANDERSON

Pasatiempo

Hace ya mucho tiempo que Hollywood ha retornado a transitar caminos trillados entre remakes, adaptaciones e historias literarias o sobre todo últimamente de cómics o de videogames.

En esta oportunidad, la cultura holywoodense plantea a los espectadores enfrentamientos de aliens. Hubo una vez un Frankestein contra el Hombre Lobo, un Godzilla contra King Kong, un la Momia encuentra a Abbott y Costello. Esa saga de filmes reunían viejas leyendas e intentaban darles algo de sangre nueva para volver a explotarlas. O darle un giro si se quiere parodial como el caso puntual de La momia.

En general, salvo que se decidiera por un perfil decididamente con gestualidades humorísticas, era bastante evidente que reunir dos personajes fantásticos no puede resultar en algo creíble fílmicamente. Decimos de cierta coherencia que hace que el publico acepte y siga la corriente a una fantasía. Los experimentos de fusiones suelen otorgar resultados con aciertos muy parciales, demasiado parciales. Pero así es el cine industrial en pos de lidiar en lo alto de la taquilla.

En este caso, era cuestión de tiempo que la mezcla llegara a las pantallas: ya se han lanzado dos juegos con los personajes y, en más de un sentido, Alien versus Depredador es un hijo de dichos juegos, antes que de las sagas de películas. Para empezar, el contenido sangriento está bastante atenuado, y se ha perdido el horror característico de Alien y al menos, del primer filme de Depredador con rol protagónico de Arnie Schwarzenegger. El ritmo y las atmósferas tienden a las convenciones de estilo y de género, la dirección es artesanal, y el dichoso enfrentamiento entre las dos criaturas llega en los últimos 30 minutos. De algún modo, parece que la nueva ola de películas con dos monstruos sigue ese patrón (como Freddy Vs. Jason): mucha cháchara, una tensión mediana, un director poco reconocido y solamente una media hora final de la verdadera batalla con la intensidad dramática que requiere este tipo de propuestas. Hay una expedición a la Antártida comandada por Charles Bishop (Lance Henriksen, reflotando un pariente lejano de su androide de Alien II) y un grupo de expedicionarios que suele ser la carne de cañón de las creaturas en este tipo de filmes. El grupo llega a una pirámide oculta, donde se encuentran con una batalla campal entre tres depredadores y una horda de aliens. Las peleas por ser el tema central son breves, opacas y generalmente uno contra uno. Entre las batallas, los personajes humanos deliberadamente caricaturizados, a medida que avanza el relato lo que realmente importa al espectador es quién sigue vivo y quien no. Hay algunos giros y una sorpresa final, pero el filme solamente propone una estadía en el entretenimiento o pasatiempo light. Como ocurrió con el Godzilla de Roland Emmerich, la cuestión cinematográfica  habrá que tenerlo muy en claro  es algo mucho más que efectos especiales. Y que haya una trama, una anécdota de mayor densidad narrativa. *

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