Palpites
La literatura que aborda la vida en la campaña tiene una larga y fecunda tradición en las letras uruguayas. Entre los múltiples referentes que han pincelado con singular sensibilidad los paisajes y personajes del medio rural, se destacan nítidamente- figuras de la talla de Eduardo Acevedo Díaz, Serafín J. García, Francisco «Paco» Espinola, Juan José Morosoli y Julio Da Rosa, entre otros.
De todos modos, la denominada literatura nativista ha sido en muchos casos, voluntaria o involuntariamente, un modo no solamente de registrar la tradición y las costumbres mediante la escritura, sino también una estrategia tendiente a legitimar algunas intolerables miserias, como la pobreza, la ignorancia, el atraso cultural y la marginación social.
Este género literario, que es sin dudas intrínseco a nuestra identidad como nación, ha sido tomado a menudo como estandarte por grupos conservadores, que suelen capitalizar en beneficio propio algunas imágenes que asocian al hombre del campo con la abnegación y la resignación.
Incluso, algunas leyendas, mitos o creencias son descriptos con un trazo algo humorístico, con lo cual se procura encubrir el atraso cultural que subyace en muchas de estas manifestaciones. Igualmente, se suele atribuir a la pobreza una condición enaltecedora del hombre de la campaña, desestimando en la mayoría de los casos – un abordaje crítico sobre realidades que se requiere modificar radicalmente.
Esta selección de relatos de la periodista y escritora uruguaya Helvecia Pérez Gómez retrata el rostro menos conocido del denominado Uruguay profundo, que se nutre de las propias vivencias autobiográficas de la autora.
La colega, que es oriunda de Minas, vivió durante su infancia y adolescencia en diversas localidades del Interior. Desde 1985, reside en nuestra capital, donde trabaja como socióloga y periodista. Además, se desempeña como profesora de la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de la República.
Por haberse criado en el medio rural, Helvecia Pérez atesora una rica experiencia sobre las rutinas y las costumbres de tierra adentro, virtualmente ignoradas por los habitantes de los centros urbanos, que a menudo le dan la espalda a sus propios compatriotas.
Si bien puede ser inscripto dentro de la denominada literatura costumbrista, este libro aborda las habituales temáticas desde un ángulo más critico y con una visión desencantada que no suele abundar en el género nativista.
Helvecia Pérez va deshojando recuerdos de su infancia, recuperando vivencias de la siembra, el ordeñe de las vacas, las dificultades de asistir a la escuela y muchas otras vicisitudes típicas del medio rural, en un ejercicio literario que abreva de la nostalgia pero también de la reflexión.
La autora construye la realidad despojada de todo eufemismos, de una suerte de universo singular en el que el gran desafío es la supervivencia.
Mediante un lenguaje tan explícito como elocuente, la narradora ilustra al lector en torno a las precarias condiciones de vida imperantes en la campaña uruguaya, donde cotidianamente naufragan los sueños de hombres y mujeres ignorados por el poder y la desidia de los gobiernos de turno.
Tanto la autora-protagonista como los restantes personajes de estas historias, que son naturalmente su propia familia y sus antiguos vecinos, luchan diariamente por la supervivencia en condiciones particularmente adversas, en una suerte de perpetua épica existencial.
La autora reconstruye imágenes autobiográficas, que exhuman las duras actividades del campo. Asimismo, cuestiona severamente algunas actitudes de resignación, de quienes confiaban más en una improbable ayuda divina que en su propia fuerza de trabajo.
Helvecia Pérez manifiesta su angustia cuando evoca el aburrimiento y la soledad que padeció de pequeña en aquellos parajes, aunque reivindica con nostalgia algunos valores inherentes al uruguayo de tierra adentro, como la honestidad, la solidaridad y la lealtad.
«Palpites» es un vívido retrato de ese Uruguay paralelo que se suele observar con indiferencia y soberbia desde la capital, pero que es recordado cada cinco años cuando se avecina la hora de las urnas.
(Cauce Editorial)
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