Las alegrías de Pantriste
El argentino Manuel García Ferré parecía haberse apaciguado, luego de haber alegrado la infancia de una generación con Hijitus y otros personajes en largometrajes y series televisivas.
Pero el ano pasado se descolgó con Manuelita, que en el Río de la Plata superó en boletería a la promocionadísima Tarzán y fue el envío argentino al Oscar (donde ni picó).
Ahora nos trae a este Pantriste, vástago de una familia de lenadores de bosque de hadas; una película en la que reaparecen Larguirucho, Neurus, la Bruja Cachavacha y otros personajes de su mitología personal.
La familia de lenadores usa nombres que comienzan con «Pan»; Panduro, el padre, bueno y fuerte pero bruto; Pandulce, la madre, buena como un hada; Pantriste, sonador, violinista e incapaz de levantar un hacha, y Pandereta, su novia, una gitanita cantora cuyo padrastro tiene encadenada al carro.
Viven felices hasta que aparece Neurus, que ahora es un reyezuelo. Este pesonaje es el eterno ambicioso astuto de las historias de García Ferré. Entre sus auxiliares vuelven la Bruja Cachavacha que ahora es una espía, Pucho (que habla en lunfardo) y su amigo Serrucho.
Pantriste es amigo de Larguirucho. De este personaje, García Ferré dice: «Aquí es un vendedor ambulante medio torpe. Empezó en Hijitus y estaba del lado de los malos. Luego, con la evolución del personaje, lo fui haciendo medio veleta; a veces estaba con Neurus y a veces con Hijitus.
Es el tipo que está en babia, que llega tarde, que todos lo cargan pero que lo quieren. Torpe y medio vago, trata de aprovechar estas cualidades para pasarla bien».
Tocando el violín, Pantriste se hace amigo de el Gnomo Mignón, que lo ayuda a vencer a Neurus.
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