La mirada maestra de Robert Altman
Es el filme número 31 de la trayectoria de este maestro del cine estadounidense: La fortuna de Cookie «una vez más indaga en el comportamiento de las criaturas con una puntillosidad extrema. El elenco lo componen Glenn Close, Chris O’Donnell, Liv Tyler y Julianne Moore, entre otros.
Cuando el largometraje fue el encargado de abrir el prestigioso festival cinematográfico del Sundance Institute su director, el actor y cineasta Robert Redford, se refirió en los siguientes términos acerca de Robert Altman: «Cada vez que me pongo a pensar en una suerte de definición de lo que es el cine independiente y en el significado profundo de esta palabra, no he encontrado otro ejemplo mayor que el de Robert Altman». La fortuna de Cookie es la nueva experiencia cinematográfica de este maestro que ha otorgado obras maestras como Mash o El volar es para los pájaros y Nashville y más recientemente Vincent & Theo o Las reglas del juego, entre otras que lo sitúan indudablemente entre los creadores más sólidos de todos los tiempos. Altman es sinónimo de imagen, personajes, historias fascinantemente narradas.
Rodada en la pequena localidad de Holly Springs, La fortuna de Cookie se adentra en los interiores de una típica familia norteamericana y así proyectar vectores críticos, balancéandose entre la superficie dramática y el barniz de comedia con datos más que punzantes.
Holly Springs, pueblo del sur en Mississippi, posee esa cualidad ‘town’ donde quiere ser discreto para jugar a las indiscreciones: cuídate de lo que dices, que yo me encargaré de agrandarlo en el tradicional boca a boca.
Pero básicamente La fortuna de Cookie se apoya en una historia familiar donde aparecen involucradas Glenn Close, Julianne Moore, Patricia Neal (quien en el primer cuadro aparece revólver en mano consumando un intento de suicidio ante la mirada de su pariente Glenn Close). Neal es precisamente Cookie, el personaje que llevó a Robert Altman nuevamente a sus 73 anos a escudrinar a su manera aquello de la conducta humana, sus tramas afectivas hechas y deshechas, sus incidentes y sus principios de deseo, a la vez que en este caso preservar por cierto el patrimonio familiar o sea, el patrimonio de Cookie. Robert Altman, refiriéndose a su película y a su relación con Hollywood: «Y no me siento un disidente. Hago películas que tengan una suerte de carnalidad, de veracidad y hasta de capacidad de asombro en la gente. Siempre habrá una incógnita en mis películas, pero lo que importa es el desarrollo de una historia como la de Cookie. La historia de un ser humano común que, como todos, tiene sus momentos extraordinarios».
Y agrega contundente: «No puedo hacer los filmes que Hollywood vende y Hollywood no puede vender los míos. Siempre uso esta imagen: ellos venden zapatos y yo hago guantes, no sé si se entiende», dice el maestro Altman.
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