Los Sopranos no se rinden
Considerada ya una de las series más trascendentes de los últimos años por hallazgos varios, Los Sopranos, una historia que se adentra en los interiores de la mafia, ingresó en su segunda estación o segundo ciclo con la misma capacidad de impacto dramático y reflexivo, con el mismo soberbio rendimiento actoral de James Gandolfani, Lorraine Bravo, Michael Imperioli, la entrañable Aída Turturro, entre un destacado elenco.
Ya el primer ciclo de la serie, rodado especialmente para la señal HBO, se transformó de la noche a la mañana en todo un suceso. El regocijante tratamiento (y contenido) de un relato o una historia que está plagada de vaivenes, de toques melodramáticos y hasta humorísticos, más bien sarcásticos, hasta llegar a la mayor tensión o punto de no retorno.
La historia, en esta segunda estación por HBO, se ha ramificado y por lo tanto Los Sopranos como tira televisiva se enriqueció notablemente, aunque su eje esencial sigue siendo ese individuo que frente a su psicoanalista se pregunta el porqué de su quehacer en lo micro y en describir la ética y la estética de la mafia –sus códigos, sus sistemas de lealtades, la idea sagrada de familia– en sus operatividades cotidianas.
Con un Gandolfini fuera de serie, diálogos tan filosos como atrapantes, Los Sopranos va hoy lunes a las 21 horas por HBO. Merece ser vista por sus calidades en todos los rubros.
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