El pop latino en su verdadera dimensión
Un segundo disco que vendría a confirmar en principio una dirección estética y estilística: se trata de Los rayos del ex Fabulosos Cadillacs Vicentico y, desde luego, una especie de consolidación en su incitante trayectoria como solista. Sí, es cierto, Vicenticio está a la caza de un espacio y una identidad propias dentro del mapa cada vez más amplio del pop latino.
Claro que se trata, en este caso, de aquello que los británicos han calificado de real pop. Esto es, la idea de generar una suma de canciones envolventes pero con importantes cualidades compositivas e interpretativas. No se trata de pop-corn, tampoco del pop light que se digiere y se olvida fácilmente y que satura el aire a partir de la emisión enajenante en muchas emisoras de radio.
Su actual posicionamiento como solista reafirma a Vicentico como un compositor a tener en cuenta, valioso en una docena de canciones que poseen una solvencia sonora tremenda y que además confirma a su emisor como uno de los vocalistas más sensibles y virtuosos de la cultura pop de los últimos años.
Vicentico sigue perseguido por ese espesor melancólico que le otorga a sus canciones un barniz poético y a la vez urbano, pero todo está sacudido por una emulsión frontalmente percusiva e instrumental realmente enriquecedora.
Una actitud musical de un robusto, si se quiere exuberante repiqueteo de climas tribales y, al mismo tiempo, en diálogo con guitarras slide y acústicas que apuntalan ese voceo como en derrumbe, casi resbaladizo o quejoso. Es la marca de Vicentico, como lo fue en su estación radiante de los Fabulosos Cadillacs.
Hay aire de cumbia con sabor a café colombiano en «Los caminos de la vida», una canción que inaugura el compacto, que fuese escrita por Omar Geles Suárez y que, en otra oportunidad, obtuvo una interesante versión a cargo de los Karamelo Santo: allí se aglutina en forma precisa y contundente las señales o la direccionalidad conceptual del disco que nunca elude los flancos emotivos (subrayados por los textos) y que se juega a una estructura arreglística de envergadura y en donde los vientos le otorgan globalmente un poderío restallante. Una especie de declaración desencantada en un modelo de canción popular de perfil melancólico, fuertemente percusiva y folclórica en su esencialidad, arropada de una lustrosa articulación sonora.
Vicentico está transitando por la vereda del sol de la cultura pop latina en el mismo nivel de gestión que, por otros recorridos, han logrado posicionarse claramente el colombiano Juanes, la excelentísima mexicana Julieta Venegas o porqué no Shakira, ya más devorada esta última por el show-bizz y la feria de vanidades del mundo pop.
Detrás de los artistas, los productores de un altísimo rango como Gustavo Santaolalla y Cachorro López por lo que, entonces, Los rayos despliega sin prejuicios su sabor melancólicamente latino, ya distanciado de la noción que se tiene del rock alternativo que se transitó en la década del noventa. No hay riesgos puramente estéticos ni tampoco originalidades, pero hay coraje en darle una forma y un espesor de latinez. Acéptese el término, a la propuesta del compacto y vaya si es atractiva.
Este es un buen disco de pop latino de verdad, capaz de transmitir las pequeñas obsesiones de su autor en forma de pensamientos abstractos o sentencias contundentes. Desde los títulos: «Los caminos de la vida abren el juego», «La libertad», «Las armas», «El barco», «El tonto», El engaño, «La verdad», «El cielo», «La nada», «La señal». «Entre todas ellas», y hasta una respetuosa y celebratoria versión de «Tiburón» una canción mayor del notabilísimo compositor panameño de Ruben Blades retrabajada con la misma paleta sonora que cubre a todos los traks del compacto.
Finalmente, hay que destacar la intervención de la cantautora mexicana Julieta Venegas que coloca una voz que imanta y de paso encara el acordeón. Todo está en orden con Vicentico: crear es un asunto serio. Vale la pena estos rayos que transcurren del bolero al pop y que tienen su epílogo de murga. *
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