El eterno regreso de Peter Parker
Como el filme que inauguró la saga, esta secuela fue también dirigida por Sam Raimi y protagonizada por Tobey McGuire, en un reparto que también incluye a James Franco, Kristen Dunst y Alfred Molina, quien encarna al perverso Doctor Octopus, que es el villano de turno.
En un momento histórico huérfano de referentes morales y éticos, la figura del superhéroe clásico parece recuperar su auge, en dicotomía con las nefastas actitudes de algunos líderes mundiales, responsables de verdaderos genocidios.
Luego de aquel fatídico 11 de setiembre en el cual los norteamericanos sufrieron en carne propia una sinopsis del horror que sus sucesivos gobiernos han provocado en distantes países del planeta, nada volvería a ser lo mismo, ni siquiera en el cine.
Quizá por ese motivo es que la megaindustria ha exhumado nuevamente a los personajes heroicos. Cabe resaltar el inminente estreno de Hellboy, otro héroe nacido en el cómic y trasladado ahora a la pantalla grande. También se anuncia para el año próximo, de una nueva secuela de Batman, además del próximo estreno de The punisher, otro personaje con características heroicas.
El retorno del atribulado Peter Parker
En esta nueva entrega de las aventuras del mutante héroe, el director Sam Raimi, procura no sólo ir más allá en cuanto a efectos de cámara, efectos especiales y secuencias de acción, sino también ahondar aún más en la conflictiva psicología del personaje.
Cabe recordar que Peter Parker, siguiendo la tendencia de los héroes de la compañía Marvel, debe enfrentar diversos problemas, tanto en su identidad secreta como en su vida cotidiana.
Si vimos en la primera parte sufrir al pobre muchacho, tratando de poner sus poderes al servicio de los demás y ganarse la vida trabajando para el insufrible Jonah Jameson, en esta segunda aventura podría decirse que sus complicaciones han empeorado.
Su mejor amigo detesta al Hombre Araña, luego de que en el filme anterior lo creyera responsable de la muerte de su padre. Además, la relación con su eternamente adorada Mary Jane continúa complicándose, debido a que la chica se debate entre sus sentimientos por Peter y una relación más conveniente desde el punto de vista social y económico.
Por otra parte, Peter continúa sigue padeciendo problemas laborales, que le afectan tanto a él como a su entrañable tía May, que deben solicitar un préstamo.
El estrés de su doble vida, la angustia de que su mejor amigo deteste a su alter ego, la falta de reconocimiento a su labor por parte de la población, el amor que siente por una Mary Jane, generan conflictos en Parker, que se cuestiona sus actividades como superhéroe.
Por otra parte, esa tensión lo conduce a intermitentes fallas en sus poderes, lo que agudiza, aún más, sus problemas emocionales y su permanente sensación de inseguridad.
En esa compleja situación deberá enfrentar a un nuevo villano, el Doctor Octavius, quien luego de perder a su esposa, se desquicia y comienza a aterrorizar a la ya de por sí angustiada ciudad de Nueva York, con sus escalofriantes tentáculos metálicos.
El asombroso hombre araña
A principios de la década del sesenta, la compañía Marvel Comics estaba dispuesta a acabar de una vez con la supremacía que ostentaba su tradicional competidora y precursora en el mundo del cómic, la editorial DC.
Para lograrlo, comenzó a crear personajes que se despegaran del esquema clásico de los superhéroes de la época quienes, en general, eran criaturas totalmente diferentes a los seres humanos, con los cuales el lector no podía identificarse.
Por ese motivo, la firma comenzó a crear héroes atribulados, seres humanos comunes que por algún hecho fortuito recibían extraordinarios poderes, que más que un don era una maldición. El mítico dibujante y guionista Stan Lee era -en aquel momento- el alma de la editorial que más tarde sería conocida como Marvel Comics.
Lee tenía en mente crear un superhéroe atípico, que tenía que ser un adolescente, como jamás antes había sucedido en la serie. Además, se lo imaginaba tímido, introvertido y divorciado de los tradicionales estereotipos, como el alumno más popular o el clásico superhéroe musculoso.
El nuevo paradigma debía ser vulnerable y atormentado por la culpa. Además, se requería que fuera derrotado de vez en cuando por sus enemigos, y hasta que padeciera situaciones ridículas.
Con esta idea creativa, le costó mucho a Stan Lee convencer a Martin Goodman, editor de la compañía, que aceptara la aparición del nuevo superhéroe en el último número de la colección Amazing Fantasy, hasta entonces dedicada a los monstruos.
Stan Lee construyó un héroe dotado de poderes similares a los de una araña y lo bautizó Spider-man. En un primer momento, le encargó el diseño gráfico a Jack Kirby, pero el resultado no fue de su agrado, por lo cual pensó en Steve Ditko como dibujante.
De esta manera, en el número 15 de la colección Amazing Fantasy de agosto de 1962, apareció -por primera vez ante el público- El hombre araña. Como la colección acabó en ese mismo número, no importaba que las ventas no funcionasen. Sin embargo, meses después, hubo un alud de cartas felicitando la aparición de Spider-man y animando a que no fuera la última.
A consecuencia de ello, con el mismo equipo Lee/Ditko, se empezó a publicar regularmente el personaje en marzo de 1963, en la colección titulada The amazing Spiderman.
Dicha serie, gracias a unas historias magníficas de Lee y a unos dibujos magistrales de Ditko, se convirtió en uno de los títulos preferidos por los lectores. Uno de los factores determinantes del éxito fue que el público se identificó mucho más con el tímido estudiante, Peter Parker, y con sus problemas de adolescente, que con cualquier otro superhéroe de la época.
El mito sigue creciendo
Debido al creciente éxito del personaje, en 1977 los creadores presentaron a la cadena CBS el episodio piloto de una posible serie de televisión. La cadena rechazó la idea, por lo cual el proyecto se orientó al celuloide.
Ese mismo año se estrenó en el cine la primer película inspirada en el personaje, la cual se llamó El hombre araña y fue un absoluto fracaso, al ser realizada con el acotado presupuesto de un filme para televisión.
De todas formas, fue suficiente para que la cinta, adaptada y recortada, fuera estrenada en CBS. Al obtener una repuesta positiva del público, la cadena resolvió iniciar una serial, que contaría con dos temporadas de ocho episodios cada una.
El episodio inaugural de la primera temporada, fue estrenado en el cine como El hombre araña II, en 1978. En tanto, el primer capítulo de la segunda fue conocido en las salas cinematográficas como El hombre araña III: el desafío del dragón, que se estrenó en 1980.
El resurgimiento del viejo héroe
A pesar de que El hombre araña continuó su éxito tanto en los comic-books como en alguna que otra serie animada, recién en 2002 retornó al cine. La primera entrega de esta nueva saga, a cargo del talentoso Sam Raimi, fue tan exitosa que se continuó con el proyecto original de crear una trilogía.
Si analizamos el motivo del éxito de un héroe que muchas veces se equivoca, que no es popular ni demasiado querido, que no se queda con la chica ni ve mayor recompensa en su actividad justiciera, deberíamos quizá reflexionar sobre el ánimo actual de la sociedad norteamericana.
El héroe esta
dounidense por antonomasia es, desde siempre, Superman, un ser superior que está verdaderamente convencido de su misión, que adora su patria adoptiva y la protege con su vida. Tal vez «el hombre de acero», el que no está acostumbrado a perder y se impone sobre cualquier amenaza representa el paradigma que los estadounidenses quieren ser o creían ser hasta ahora.
El hombre araña, por el contrario, es un ser que debe lidiar contra la maldición del don que el azar le ha otorgado, pero que no deja de creer y de luchar a pesar de sus caídas, dudas y errores, es un héroe más humano que retrata mejor las hesitaciones y frustraciones de los estadounidenses, luego de los atentados del 11 de setiembre de 2001. La segunda entrega de El hombre araña devuelve quizá, aunque más no sea en la ficción, la esperanza de que alguien puede salvarnos de las inquietantes y demenciales amenazas que nos plantean la intolerancia y el odio que enluta a la sociedad contemporánea. *
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