Cuerdas fantásticas
El pasado sábado se presentó a sala llena El Club de Tobi en la Sala Zitarrosa. No solamente desplegaron como ya es costumbre géneros varios de música, sino que lo que más llama la atención de las presentaciones de este fabuloso cuarteto de cuerdas es que el público disfruta y es muy variado, sin importar límites. Estaba, entre el auditorio, desde el intendente de Montevideo, Mariano Arana, hasta niños, jóvenes, adultos y los que peinan canas. Todos supieron disfrutar boquiabiertos a los Tobi, hijos vernáculos de La pequeña Lulú.
El concierto estuvo saturado de climas lumínicos, de una textura que manejó diferentes paletas y una formidable concepción grupal, esto es de ensamble sonoro en su ejecutividad escénica, entre esas cuatro cuerdas que son los violines de Fernando Rosa y Mario Gulla, el estrepitoso violoncello de Bruno Masci y la viola de Fernando Luzardo.
Comenzaron el show con una excitante melodía del inolvidable Jimi Hendrix y con una tenue y aterciopelada voz que dijo: ¡Feliz cumpleaños Anselmo! la fiesta abrió un itinerario con un repertorio riguroso y variadísimo.
Traspasaron épocas musicales con una inobjetable y bienvenida simpleza, y así abordaron temas que fueron desde Daniel Viglietti, el clásico de la cultura reggae «Could you be love» del legendario Bob Marley, y al mismo tiempo el maestro Alfredo Zitarrosa, para después clausurar su espléndido set con un popurrí de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota: hicieron versiones aplicadas y solventísimas del «Puti Club», «Vencedores vencidos» y «La gran bestia pop».
Pero si eso dejo lisa y llanamente perplejo al público, no fue lo mejor. El toque final fue un abordaje -una buena política de riesgo estético- con música electrónica que finalmente logró que el público se pusiera de pie. Como músicos invitados estuvieron Eli U Pena e integrantes de la murga Contrafarsa, prestando así la tonada de tablado que los Tobi también supieron estilizar con aplomo e intensidad.
Se palpó integración al público, humildad, y por sobre todas las cosas profesionalismo componente que abunda en la banda no solo por la buena calidad musical sino por la forma que tuvieron de prestarse en el escenario para no sólo cumplir su repertorio sino para hacer zapadas improvisadas que denotan ese Anselmo o Alzheimer, el submundo del que ellos hablan donde se aloja el espíritu creativo del músico.
No faltó a la cita el componente audiovisual ya que presentaron en la mesa para una balada inédita compuesta por el violinista Fernando Gulla un video con tintes retro de los años cuarenta desplegando en cada escena un pantallazo en negro explicando la imagen que fugazmente apareció. Evidentemente estaba cargado de ironía y trataba de la falta de inspiración y el dolor que se le apegaba a una señora por no tener ese Anselmo, submundo fuente religiosa de inspiración.
También se proyectó el video que acompaña al disco Anselmo, con toques muy surrealistas y otros muy realistas, como la falta de conciencia, el olvido y la necesidad continua del ser humano en todos los aspectos cotidianos, como lo representó la graciosa imagen de Fernando Rosa (violín) jugando al ping-pong con su instrumento.
Si les falta algo al Club de Tobi es literalmente apoyo, para que los músicos uruguayos puedan producir sus trabajos de una manera más vigorosa y eficaz, crear y vivir de la música en nuestro país. Eso marca una necesidad que esperemos se vaya eliminando sola o con el tiempo, para que de una vez por todas, este tipo de espectáculos puedan disfrutarlo no solo con nosotros en casa, sino también en otros lares o donde mande la ocasión. *
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