La tinta invisible
La reconstrucción del pasado resulta a menudo una experiencia singularmente tortuosa y desgarradora. Sin embargo, ese viaje retrospectivo no siempre es un mero fruto de la voluntad individual de sus protagonistas, sino de la irreprimible compulsión de los fantasmas que azotan recurrentemente la memoria.
Esa épica de búsqueda está – obviamente – en la matriz de nuestra obsesión por recuperar dispersos fragmentos de nuestra propia identidad colectiva.
No en vano, en los años posteriores a la dictadura, la literatura se ha ocupado abundantemente de los años oscuros, para reconstruir acontecimientos o rescatar historias de víctimas o sobrevivientes del terrorismo de Estado.
Aunque muchos de los títulos que nutrieron el género testimonial están inspirados en la materia prima de la realidad, otros optan por trabajar con la ficción sin perder su rigor ni su sesgo de denuncia.
En «La tinta invisible», el autor uruguayo Eduardo Mariani construye una historia de fuerte impacto, que evoca a través de su protagonista algunos fragmentos de un pasado reciente poblado de laberintos y encrucijadas.
Esta novela narra la historia de un constructor belga, cuya vida es apacible y ordenada. Sin embargo, el pasado irrumpe en el presente, exhumando recuerdos aparentemente enterrados por el terror vivido en la Argentina hace 25 años, cuando el protagonista era un audaz guerrillero caído en manos del aparato represivo militar.
Como el reclamo de la memoria es exigente, el personaje se propone recorrer el camino que lo condujo de una infancia obrera en los suburbios montevideanos, hasta el escenario del horror instalado en esos tiempos en Buenos Aires.
El periplo reconstruye otro momento de su turbulenta existencia, cuando se transformó en obrero español inmigrante en Bélgica. Sin embargo, esta situación puede poner en peligro la armonía de su presente y afectar a su familia.
En el curso de esta suerte de investigación, se suceden los encuentros conmovedores y las situaciones risueñas, pero también las emboscadas siniestras.
La lectura de los documentos celosamente registrados con tinta invisible en los años sesenta, no será suficiente para responder las preguntas que se plantea el protagonista.
El autor mixtura el thriller con el relato de trama política, para ensamblar un complejo rompecabezas que enlaza la búsqueda de la identidad perdida con la experiencia de la lucha revolucionaria.
Más allá de narrar la mera peripecia del personaje protagónico de este relato, Eduardo Mariani denuncia muchos de los estigmas del presente: las oscuras maniobras del mundo de las finanzas, las actividades de las mafias, la operativa de los aún sobrevivientes servicios secretos y las secuelas de los movimientos de liberación que actuaron durante el tiempo más álgido de los antagonismos ideológicos en América latina.
Con una escritura fluida y a la vez elocuente, el escritor va montando un tinglado literario complejo y enmarañado, que trabaja con los recursos habituales de la intriga sin renunciar al trazo deliberadamente testimonial.
(Ediciones Carolina)
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